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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Marcela Ríos, exministra de Justicia durante el Gobierno de Gabriel Boric y directora regional de IDEA, analizó el debilitamiento de las democracias a nivel global, destacando la centralización del poder como factor de deterioro y la importancia de políticas a largo plazo. Planteó que la defensa de la democracia debe ser también un tema de seguridad internacional, alertando sobre el riesgo de restricciones a derechos en la búsqueda de seguridad. Chile, señalado como una democracia sólida en América Latina, presenta desafíos en participación ciudadana y confianza en instituciones.

La exministra de Justicia del Gobierno de Gabriel Boric (2022-2023) y directora regional de IDEA, Marcela Ríos (FA), se refirió al escenario político actual en Chile, donde abordó su preocupación sobre el riesgo de que la búsqueda de seguridad derive en restricciones a libertades.

En conversación con La Tercera, la exsecretaria de Estado indicó que, si bien hay un deterioro democrático, no significa que esto no pueda revertirse.

“Uno de los caminos más persistentes de deterioro democrático es la centralización del poder, habitualmente en los poderes ejecutivos, y desde ahí socavar la autonomía de poderes independientes y entorpecer el funcionamiento en los sistemas de justicia”, reflexionó al respecto.

A esto, indicó que se suma el impacto que tiene el aumento de la criminalidad y la conflictividad en el Estado de Derecho. “Además, está el socavamiento en los sistemas de justicia, que son producto de la inseguridad, ya sean conflictos bélicos o aumento de criminalidad”, indicó.

La democracia y la seguridad

Con todo, Ríos planteó que la defensa de la democracia debe comenzar a ser abordada como política de Estado, pero también como una parte esencial de la política multilateral para mantener la paz y la seguridad.

Al respecto, manifestó su preocupación sobre el riesgo de que la búsqueda de mayor seguridad termine justificando restricciones a libertades. “Estamos enfrentando un riesgo real y en algunos casos ya instalado, de apoyo a gobiernos iliberales, a restricciones de derechos y garantías, a cambio de seguridad”, dijo.

A su juicio, “está instalada una falsa dicotomía en América Latina que plantea que la seguridad tiene que ser alcanzada a costa de libertades, de garantías de derechos y de democracia”.

Como ejemplos, mencionó a El Salvador y Nicaragua, países que, después de Estados Unidos, presentan importantes niveles de deterioro en los indicadores.

Chile: una democracia sólida, pero con señales de alerta

Chile aparece en el informe como una de las democracias más sólidas de América Latina, con un alto desempeño en representación, Estado de derecho y derechos. Sin embargo, Ríos advierte que hay aspectos que requieren atención.

En particular, apunta a los bajos niveles de participación y compromiso cívico. A ello se suma el impacto de la preocupación por la seguridad y la desconfianza en las instituciones.

Pese a ello, sostuvo que “la mayoría de los chilenos siguen pensando que la democracia es la mejor forma de gobierno”, pese a la poca confianza en las instituciones y partidos. “Por lo tanto, no es una democracia que se puede dar por satisfecha”, dijo.

Finalmente, llamó a prestar atención a la pérdida de participación ciudadana, considerando que esta también afecta la capacidad de recuperar la confianza en las instituciones.

“Tenemos que también preocuparnos del decaimiento del espacio cívico. Es difícil reconstruir confianza cuando las personas no participan. El Estado también puede tener un rol en promoverlo”, concluyó.