Un toro y un burro macho que pastan en una meseta de Etiopía mantuvieron una relación sexual y afectiva selectiva y recíproca, algo que los científicos no habían documentado antes entre estas dos especies.
Así lo describe un estudio de la Universidad de Pisa (Italia) publicado el 2 de noviembre de 2026 en la revista Current Biology, que lidera la etóloga Elisabetta Palagi.
Los autores bautizaron a los animales como Aquiles, el toro, y Patroclo, el burro, en alusión a los amigos inseparables de la Ilíada. Pertenecían a dueños distintos y solo coincidían durante el día, en pastos de Debre Libanos, en la región de Oromia.
Un hallazgo que nació por casualidad
El equipo de Palagi estudiaba a los geladas, una especie de primates, cuando vio a Aquiles montar a Patroclo. Lo que llamó su atención fue que el burro no mostró conductas defensivas, explicó la investigadora al diario El País. «La observación de Aquiles, un toro, y Patroclo, un burro macho, fue totalmente inesperada», dijo.
Los científicos decidieron entonces registrar lo que ocurría. Observaron a los animales durante ocho días, cuatro juntos y cuatro por separado, según el artículo. La agencia DW informa que los registros corresponden al periodo entre el 6 y el 19 de marzo de 2026.
Qué vieron los investigadores
En ese lapso contaron 51 montas de Aquiles sobre Patroclo, 34 de ellas con penetración. Nunca vieron al burro montar al toro.
Antes y después de cada monta había contactos «afiliativos», término de la etología, la ciencia que estudia el comportamiento animal, para conductas amistosas como lamerse, frotarse o acariciarse con el hocico.
En una ventana de unos seis segundos alrededor de la monta, aparecían en cerca de 25% de los casos antes y en casi 75% después.
Patroclo solía ofrecer sus cuartos traseros a Achille y le daba pequeños mordiscos. Cuando otro toro se acercó a la pareja, el burro lo persiguió y lo mordió.
Hubo una excepción. Achille intentó montar a otro burro macho en dos ocasiones, y este reaccionó con evitación y con las orejas aplastadas, un gesto de amenaza que, según Palagi, Patroclo nunca mostró.
Por qué las explicaciones habituales no calzan
La conducta sexual entre animales del mismo sexo es común en la naturaleza. Las explicaciones clásicas son la coerción sexual, la confusión de identidad o la falta de parejas del sexo opuesto.
Los autores sostienen que ninguna alcanza para este caso, porque ambos tenían a su alcance machos y hembras de su especie y aun así se buscaban entre sí.
En el ganado vacuno, las montas entre machos se han descrito en cautiverio, en grupos sin hembras. Aquí, en cambio, los animales se movían libremente y convivían con ambos sexos. Los investigadores dicen no haber hallado reportes similares en burros.
Lo que la ciencia aún no puede decir
Martina Francesconi, también de la Universidad de Pisa, afirmó que el comportamiento «no puede explicarse fácilmente solo por la falta de oportunidades alternativas», aunque no se sabe qué función tuvo.
Palagi fue cautelosa con las emociones. Dijo que «afecto» describe el patrón de forma comprensible, pero que la ciencia debe separar lo observado de lo que se infiere. «Podemos documentar su preferencia mutua […] sin embargo, no podemos determinar con exactitud lo que sintieron», añadió.
Una posible función sería mantener la relación o reducir la tensión, entre otras hipótesis que la investigadora mencionó a DW y que siguen abiertas.
Un dato aparte: la historia podría continuar. El prado está seco por la estación seca y los pastores se llevaron los rebaños a otros pastos. Alumnos de Palagi intentan organizar un reencuentro de los dos animales y, si lo logran, volverán a encender las cámaras.
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