Junto a la cobertura de las necesidades básicas, cuando una persona está sin trabajo, también se complejiza el pago de créditos hipotecarios, de consumo y de tarjetas que siguen generando cuotas e intereses.
En ese escenario, en que alguien pierde sus ingresos habituales, aumenta la probabilidad de que deje de pagar, arriesgándose a sanciones y acciones judiciales.
Carla Lavín Benito, directora jurídica de Segal Deudores, señala que en estos casos hay un error común: la espera. “La persona intenta sostener todos los pagos con los ahorros o con una tarjeta, y recién pide ayuda cuando ya acumula varias cuotas impagas, con intereses y cobranza encima“, sostiene.
Sobre esa línea, señala que antes de que ello ocurra, es clave mirar el panorama completo con antelación, para así tener más herramientas a la mano.
¿Qué hacer si no puedes seguir pagando créditos tras quedar sin trabajo?
Lavín explica que muchos créditos de consumo e hipotecarios incluyen un seguro de cesantía que, según la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), permite cubrir las cuotas del préstamo si la persona queda cesante de manera involuntaria. Para cobrarlo, el primer paso es denunciar el siniestro ante la compañía de seguros.
Otra opción es iniciar un procedimiento de renegociación ante la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento (Superir). Entre enero y agosto de 2026, 5.496 personas se acogieron a este trámite, un 124% más que las del mismo período de 2025.
La renegociación ante la Superir es gratuita, no requiere abogado y se tramita en línea. Para acceder se necesitan al menos dos obligaciones vencidas por más de 90 días corridos que, en conjunto, sumen más de 80 UF, y no haber tenido movimientos de primera categoría en los 24 meses previos.
La persona también debe declarar que no ha sido notificada de una demanda de liquidación ni de un juicio ejecutivo que no sea de origen laboral. La solicitud exige además declarar los ingresos y presentar una propuesta de pago para cada deuda, por lo que conviene evaluarla con una fuente de ingresos a la vista.
Antes de llegar a ese punto, Lavín recomienda “hacer esa misma semana un inventario de todas las deudas, con monto, tasa y cuota, y llamar al acreedor antes de atrasarse para pedir postergar cuotas o repactar. Lo que no conviene es pedir un crédito nuevo para pagar los anteriores, porque se acumulan intereses y la situación se complica”, concluye la abogada.