Existe un trayecto en la región de Valparaíso que, en condiciones normales de tránsito, no toma más de una hora y media en automóvil, pero que puede llegar a costar en horario punta hasta $15.500 solo en peajes. La Unidad de Investigación de Bío Bío recorrió la ruta entre San Felipe y Viña del Mar y constató en terreno cómo un viaje de menos de 120 kilómetros puede terminar siendo más caro que desplazarse desde Chillán hasta la región Metropolitana. La comparación, en este caso, no es odiosa: este último recorrido supera los 400 kilómetros y demanda más de cuatro horas de conducción, pero atravesarlo por la Ruta 5 implica un desembolso menor que viajar entre ambas comunas de la región de Valparaíso.
Más de la mitad de ese monto se desembolsa de una sola vez en el que —desde enero de 2018, para tristeza de sus usuarios— ostenta el título de “peaje más caro de Chile”: el Troncal Quillota. Ubicado a la altura del kilómetro 23 de la Ruta 60-CH, su operación está a cargo de Autopista de Los Andes, concesionaria controlada por VíasChile, grupo empresarial que, a su vez, forma parte del conglomerado español Abertis, de capitales hispanos e italianos.
De acuerdo con el tarifario oficial fijado para 2026, el precio de dicho peaje en horario normal es de $5.350. Esa cifra ya lo convierte en el más caro de Chile. Pero por si fuera poco, en una medida que quedó establecida desde las bases de la licitación, atravesar la plaza en horario punta tiene un recargo de un 50%. Eso eleva el valor hasta los $8.050.
Pese a su elevado precio, cientos de conductores transitan diariamente por esta autopista. Uno de ellos es el sacerdote Felipe Lizama, quien, por más cerca que esté de Dios, tampoco puede escapar de los cobros terrenales.
—Cada mes de enero digo: “Ya no voy a seguir pasando por acá, me voy a ir por la ruta más lenta”, pero al final siempre andamos cortitos con los tiempos y hay que pasarlo —cuenta el presbítero.
Y es que en su calidad de párroco de la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados de Quillota, frecuentemente le toca viajar hacia la costa para cumplir con distintas tareas propias del ministerio sacerdotal. No usar la Ruta 60-CH podría duplicar el tiempo de sus traslados.
Más de $70 mil al mes
El padre Felipe lleva 15 años ejerciendo su labor pastoral en Quillota. En ese tiempo ha sido testigo de cómo el precio del Troncal Quillota se ha disparado. Recuerda que cuando llegó a la comuna el cobro rondaba los $2 mil. Hoy, en horario punta, debe desembolsar cuatro veces esa cifra para atravesar la misma plaza.
—Me tiembla todo cuando viene el ajuste en el mes de enero —confiesa el religioso, en directa alusión a la fecha en que se materializan las alzas en los peajes a nivel nacional.
El gasto no es menor. Según relata en conversación con Bío Bío Investiga, realiza el trayecto desde Quillota hacia Viña del Mar y Valparaíso al menos seis veces al mes, por lo que la suma destinada exclusivamente a peajes puede alcanzar varias decenas de miles de pesos para un viaje que de ida le toma apenas unos 45 minutos y tiene una extensión aproximada de 50 kilómetros.
Si se suman los $5.350 del Troncal Quillota y los $1.100 del Troncal Sur —ubicado a la altura de Quilpué—, el sacerdote debe desembolsar $12.900 por cada viaje entre ida y vuelta. El cálculo arroja $77.400 mensuales si se consideran los seis desplazamientos que al menos realiza cada 30 días. Y si alguno de estos recorridos coincide con el horario punta, el gasto le aumenta considerablemente.
Pero no todos sus desplazamientos responden a labores administrativas o compromisos propios de la parroquia. A veces, cuenta, debe trasladarse hasta la costa para visitar a personas enfermas, una tarea pastoral que obviamente realiza sin recibir remuneración.
—Como yo soy sacerdote, a veces me toca viajar a ver enfermos a Viña del Mar o visitar el obispado en Valparaíso y sale súper caro —lamenta.
El religioso ha intentado esquivar los cobros utilizando caminos alternativos. Sin embargo, la solución tampoco resulta demasiado alentadora. En uno de sus últimos viajes decidió evitar la autopista y terminó demorando 40 minutos adicionales sólo de ida debido a la congestión vehicular. Es decir, casi el doble de tiempo que lo que tarda por la autopista.
Trabajar entre peajes
Pero los elevados precios de los peajes no solo afectan a quienes deben viajar ocasionalmente. También golpean el bolsillo de trabajadores que, por la naturaleza de sus funciones, necesitan desplazarse constantemente entre distintas comunas de la región de Valparaíso.
Es el caso de Felipe Magno, quien trabaja en el rubro de las telecomunicaciones y habitualmente debe trasladarse desde Villa Alemana hacia San Felipe, Los Andes y localidades costeras como Papudo y La Ligua. Recorridos que, según relata, pueden alcanzar los 120 kilómetros y obligarlo a desembolsar hasta $9 mil en peajes por un solo tramo.
—Para llegar a San Felipe o Los Andes gasto como 8 o 9 mil pesos, solamente de ida —explica a Bío Bío Investiga.
Aunque sus desplazamientos no son diarios, Magno calcula que destina más de $70 mil mensuales exclusivamente al pago de peajes. Un gasto que considera excesivo y que termina por reducir los ingresos disponibles de quienes necesitan utilizar estas carreteras para trabajar.
—Por supuesto que no me parece pagar tanto. Es demasiada la sinvergüenzura de lo que cobran las autopistas. Es demasiado caro —reclama.
Cómo se gestó el peaje más caro de Chile
Para encontrar la respuesta a cómo el Troncal Quillota llegó a convertirse en el peaje más caro de Chile hay que retroceder un cuarto de siglo y revisar la letra chica de una concesión que comenzó a gestarse cuando Ricardo Lagos ocupaba La Moneda.
En septiembre de 2001, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) estableció en las bases de licitación del Camino Internacional Ruta 60-CH una tarifa máxima de referencia de apenas $800 para automóviles y camionetas en el segundo sector de la concesión, comprendido entre la Ruta 5 Norte y el enlace Peñablanca. Se trataba de un valor inicial sujeto a reajustes, pero que permite dimensionar la magnitud de los cobros actuales.
La comparación resulta reveladora. Mientras la tarifa normal de referencia era de $800, actualmente el Troncal Quillota cobra $5.350 en ese mismo régimen, es decir, cerca de 6,7 veces el monto original. En horario punta, el valor llega a $8.050, aunque el recargo del 50% ya estaba contemplado en las bases originales.
La explicación está, en parte, en el propio contrato. Según constató la Unidad de Investigación de Bío Bío, “el culpable” es un artículo de las bases de licitación que estableció un mecanismo de reajuste que iba más allá de compensar la inflación. Además de la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), incorporó un incremento real del 3,5% anual.
Dicho de otro modo, el precio del peaje estaba diseñado para subir por encima de la inflación. Y como los reajustes se aplican sobre valores previamente incrementados, el efecto se acumula como bola de nieve con el paso de los años.
Pero hubo otro ingrediente que terminó encareciendo la cuenta.
En febrero de 2004, el MOP y la Sociedad Concesionaria Autopista de Los Andes suscribieron el Convenio Complementario N° 1, que introdujo modificaciones al trazado del proyecto y a sus condiciones económicas. Entre ellas, el aumento de la tarifa base del segundo sector desde $800 hasta $1.050, expresados en los valores de referencia utilizados por el contrato.
El cambio implicó elevar en un 31,25% el punto de partida de la tarifa, antes de considerar los sucesivos reajustes que vendrían durante las décadas siguientes. La modificación estuvo vinculada a la reconfiguración del trazado y a compensaciones asociadas a nuevas obras y cambios en los flujos vehiculares previstos originalmente.
Con todo, una tarifa que en las bases de 2001 partía con una referencia de $800 terminó acumulando reajustes anuales, recargos por horario punta y modificaciones contractuales que explican parte importante del precio que hoy enfrentan los automovilistas.
El resultado se hizo especialmente visible en enero de 2018. Ese año, el Troncal Quillota alcanzó los $4.200 en horario punta y desplazó al peaje Agua Amarilla, de la Autopista del Itata, como el más caro de Chile.
Ocho años después, la historia es aún peor.
IN SITU
La Unidad de Investigación de Bío Bío comprobó en terreno cuánto cuesta desplazarse en automóvil por las carreteras de la región de Valparaíso. Como se mencionó, viajar entre San Felipe y Viña del Mar puede significar un desembolso de $15.500 en horario punta. Sin embargo, para este reportaje el recorrido se realizó en horario normal, lo que permitió constatar que, incluso fuera de los períodos de mayor demanda, la cuenta sigue siendo considerable.
El primer cobro aparece al salir de San Felipe en dirección al poniente. Se trata del peaje Panquehue, correspondiente al sector 1 de la Ruta 60-CH, operado por Autopista de Los Andes, donde hubo que desembolsar $2.300 (cuesta $3.450 en horario punta). A diferencia de otras autopistas, esta plaza no cuenta con sistema TAG y solo admite pagos en efectivo o con tarjeta, lo que obliga a los conductores a detenerse y puede generar extensas filas durante las jornadas de mayor flujo vehicular.
Para los conductores en la región de Valparaíso no hay respiro para el bolsillo. Apenas 12 minutos después aparece una segunda barrera: el peaje Las Vegas, ubicado en Llay-Llay, justo antes de incorporarse a la Ruta 5 Norte. ¿Su valor? $2.900. La operación en este caso está a cargo de la concesionaria Nueva Aconcagua, sociedad que en todo caso también pertenece al grupo VíasChile. A diferencia de Panquehue, aquí sí existe la posibilidad de pagar mediante TAG, además de las modalidades tradicionales con efectivo o tarjeta.
En las inmediaciones de esta última plaza, sin embargo, hay una situación que llama la atención. Justo antes de las casetas se observan huellas de vehículos que aparentemente utilizan un acceso prohibido para eludir el cobro. La maniobra, que se realiza en un sector de escasa visibilidad, supone un riesgo tanto para quienes la ejecutan como para el resto de los automovilistas.
Después de avanzar unos 16 kilómetros por la Ruta 5 hasta el enlace El Olivo, es hora de retomar la Ruta 60-CH, ahora en el denominado sector 2. Es cuando toca ponerse en los zapatos del padre Felipe. Allí hubo que pagar los ya famosos $5.350 del peaje más caro de Chile (Troncal Quillota) y los $1.100 del Troncal Sur a la altura de Quilpué. El primero solo admite pagos en efectivo o con tarjeta mientras el segundo, con TAG y sistema free flow (flujo libre), además de contar con casetas laterales para los vehículos que no cuentan con el dispositivo de telepeaje.
Así, en un trayecto de menos de 120 kilómetros y apenas una hora y media de conducción, hubo que desembolsar $11.650 únicamente por concepto de peajes. Y eso considerando que el recorrido se realizó fuera del horario punta, cuando el costo podría haber alcanzado los $15.500. Si el automovilista necesita regresar a San Felipe, deberá volver a enfrentarse a las mismas plazas de cobro. Como sea, moverse por las autopistas en Valparaíso parece haberse convertido en un lujo.
“Una verdadera burla”
El elevado precio del Troncal Quillota, además de afectar el bolsillo de sus usuarios, se ha transformado en un permanente dolor de cabeza para las autoridades locales, que llevan años intentando conseguir una rebaja. Uno de los principales impulsores de esta demanda es el alcalde de Quillota, Luis Mella, quien incluso llevó el reclamo hasta el Gobierno.
El pasado 19 de junio, el jefe comunal sostuvo una reunión con el entonces ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Louis de Grange, en una audiencia gestionada por su hijo, el diputado Cristián Mella. ¿El objetivo? Buscar una solución al elevado costo del peaje y, particularmente, eliminar el incremento adicional del 3,5% que cada año se aplica por sobre la inflación.
Según informó entonces la propia municipalidad, el encuentro dejó buenas sensaciones. El alcalde aseguró esa vez que las gestiones para terminar con ese reajuste extraordinario estaban avanzadas, aunque reconoció que todavía quedaba camino por recorrer para conseguir una rebaja efectiva en las tarifas.
—Cada año el peaje de Quillota, además de ser el más caro, se reajustaba en un valor muy por sobre el IPC —explicó entonces Mella, quien por esos días manifestó su esperanza de que esa fórmula quedara atrás.
Sin embargo, cuatro meses después, el optimismo parece haberse transformado en frustración.
Ello, después de que el pasado 12 de octubre el Gobierno anunciara con bombos y platillos una rebaja en las tarifas de Autopista Central, en la región Metropolitana. En concreto, un 10% de descuento en la tarifa base y un 25% para los horarios punta y de saturación.
La noticia cayó como un balde de agua fría en Quillota. En diálogo con The Clinic, el alcalde Mella cuestionó durante la semana pasada que el Ejecutivo anunciara beneficios para los automovilistas de Santiago mientras los conductores de su comuna continúan pagando hasta $8.050 por cruzar una sola plaza.
—Conocer esta noticia para nosotros ha sido un dolor profundo, una desilusión gigante, porque llevamos años reclamando por el peaje más caro de Chile —manifestó.
El jefe comunal recordó que ya habían sostenido conversaciones tanto con el Ministerio de Obras Públicas como con la concesionaria y aseguró que les habían prometido una rebaja. Por lo mismo, interpretó el anuncio del Gobierno como una nueva señal de centralismo.
—Para nosotros es una verdadera burla —sentenció Mella.
Su molestia tiene, además, un antecedente que se remonta a 2019. Ese año, el MOP acordó con las autopistas urbanas de Santiago eliminar el reajuste real del 3,5% anual que se cobraba adicionalmente al IPC. Sin embargo, la concesión de la Ruta 60-CH quedó fuera de ese acuerdo y mantuvo el mecanismo de incremento extraordinario.
Y todavía queda una década por delante. Según los antecedentes oficiales del Ministerio de Obras Públicas, la concesión de la Ruta 60-CH comenzó a regir el 22 de julio de 2004, con una duración contractual de 384 meses, equivalentes a 32 años. De no mediar nuevas modificaciones, Autopista de Los Andes continuará explotando la carretera y sus plazas de cobro hasta el 22 de julio de 2036.
La Unidad de Investigación de Bío Bío intentó contactar en reiteradas oportunidades a VíasChile para conocer su postura respecto de los antecedentes expuestos en este reportaje. Sin embargo, hasta el cierre de esta publicación, la compañía no respondió a los llamados ni a los mensajes enviados.