Las lluvias intensas de los últimos días en la región Metropolitana, así como en otras regiones del país, pueden desencadenar otra emergencia climática en el verano: los incendios forestales. A la vez, los suelos ya quemados quedan más expuestos a aluviones para la siguiente temporada invernal.
Así lo advierte Jorge Leiva, jefe de carrera de Ingeniería Civil en Medio Ambiente y Sustentabilidad de la Universidad Bernardo O’Higgins, en el marco del Día Mundial contra el Cambio Climático.
Según informa el especialista, Santiago ha vivido en los últimos días lluvias intensas, tormentas eléctricas, granizos y aluviones, los cuales pueden crear condiciones para nuevas catástrofes.
Cómo las lluvias pueden desencadenar otra emergencia climática en el verano
El académico explica que las abundantes precipitaciones favorecen el crecimiento de pastizales. Uno podría pensar que aquello no es un problema; sin embargo, al secarse con el calor, esos pastos se convierten en combustible para los incendios forestales.
El riesgo es especialmente relevante, indica, en las zonas de interfaz urbano-forestal, donde las viviendas limitan con vegetación, entre las regiones de Valparaíso y La Araucanía.
El ciclo también funciona en sentido inverso. Cuando un incendio destruye la vegetación de una ladera, el suelo pierde parte de su capacidad de retener agua y resistir la erosión, y aumenta el peligro de aluviones si llegan nuevas lluvias fuertes. Leiva cita lo ocurrido en Las Condes, donde las precipitaciones afectaron una ladera que antes se había incendiado.
“Los riesgos ya no llegan por separado, se van encadenando, y ese es uno de los grandes desafíos que tenemos como país”, advirtió el especialista.
Leiva enmarca estos episodios en un escenario de calentamiento global. Por cada grado que sube la temperatura, la atmósfera puede contener cerca de un 7% más de vapor de agua, lo que favorece lluvias más intensas cuando se dan las condiciones meteorológicas necesarias.
Advertencia de hace años
Un análisis coincidente entrega Miguel Castillo, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, quien abordó esta problemática en 2023.
Castillo, especialista en incendios forestales, confirma que la combinación de temperaturas altas y una mayor carga de vegetación combustible, producto de las lluvias, puede incidir en la propagación y agresividad de los incendios.
El experto precisa que esto no se relaciona tanto con la cantidad de incendios, porque hay estadísticas que muestran un efecto muy marcado de la actividad humana. Lo que cambia, explica, es la violencia con que se propaga el fuego.
Según Castillo, una ola de calor puntual no implica necesariamente más incendios. En cambio, las temperaturas sostenidamente altas, cada vez más frecuentes en la zona centro-sur, bajan la humedad del combustible fino y seco, y hacen más probable que los incendios sean más agresivos.
Tras las lluvias, agrega, hay más regeneración de pastos y renuevo de matorrales. Esa vegetación nueva se suma a la vieja que no se quemó en incendios anteriores. “El hecho que haya llovido mucho aumenta la condición de propagación del fuego porque tiene mayor carga de combustible nuevo”, advirtió.
Debilidad de las ciudades
En ese contexto, Leiva apunta a las debilidades de las ciudades. “Nuestras ciudades se diseñaron con el clima del pasado”, afirmó, y mencionó la insuficiencia de los sistemas de evacuación de aguas lluvias, la impermeabilización del suelo y la construcción en zonas de riesgo.
Chile cuenta con la Ley Marco de Cambio Climático y el Atlas de Riesgos Climáticos, pero el desafío es llevarlos a la práctica con infraestructura adaptada, sistemas de alerta temprana, planificación urbana y restauración de vegetación nativa. “En el diagnóstico no llegamos tarde, pero en la implementación sí”, sostuvo Leiva, y concluyó que “prevenir siempre cuesta menos que reconstruir”.