Un comentario científico, recientemente publicado en la revista Nature, da cuenta de un curioso fenómeno que se ha observado en distintos estudios epidemiológicos. Lo llaman “la paradoja del cáncer y la enfermedad del Alzheimer (EA)”.
Resulta que, según la evidencia científica actual, las personas con cáncer tienen entre un 25% y un 35% menos riesgo de desarrollar Alzheimer que quienes nunca han tenido esta enfermedad. En paralelo, el riesgo de cáncer en pacientes con Alzheimer se reduce a la mitad.
La doctora L. Rebekah Feng, del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA/NIH) para la Colaboración en la Intersección entre el Cáncer y la Enfermedad de Alzheimer (CADIC), dice que resulta extraño porque ambas afecciones tienen el mismo gran factor de riesgo: envejecer.
Si las probabilidades de padecer cáncer o Alzheimer aumentan con la edad, se esperaría que aparecieran juntas con frecuencia. Pero los datos muestran justo lo contrario.
Feng señala que este misterio “ofrece una oportunidad fascinante e inexplorada para generar nuevas ideas y comprender los mecanismos fundamentales de riesgo y resiliencia en ambas enfermedades”.
No hay explicación
Inicialmente, los científicos pensaron que esta correlación se explicaría en que las personas con cáncer pueden morir más jóvenes y no llegar a la edad promedio donde aparece el Alzheimer. También plantearon que en pacientes con cáncer los médicos se enfocan tanto en esta enfermedad que no ven los primeros síntomas de la afección neurodegenerativa.
Sin embargo, Feng explica en su análisis que estos podrían ser sesgos y que algunos estudios ya sugieren que probablemente hay una razón biológica real que lo explique.
Además, este fenómeno entre el cáncer y el Alzheimer no se replica con otras enfermedades de este tipo. “No se observan asociaciones similares con otras enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad, incluida la demencia vascular y la enfermedad de Huntington”, señala la experta.
Considerando estos factores, Feng propone una explicación que tendría que ver con la naturaleza celular de ambas enfermedades. En el caso del cáncer, hace que las células muten y pierdan el control de sus procesos. Se multiplican de forma descontrolada, ignoran las señales para morir y pueden invadir tejidos cercanos o viajar a otros órganos a través de la metástasis.
La autora dice que esta enfermedad causa demasiada supervivencia celular. En cambio, el Alzheimer hace lo contrario: las neuronas dejan de funcionar, acumulan daño y mueren.
En palabras simples, ambas enfermedades “representan una compensación evolutiva en la que los mismos procesos biológicos actúan en direcciones opuestas”, plantea Feng.
“El cáncer es una enfermedad de proliferación celular sostenida, mientras que la EA es una enfermedad de aumento de la muerte celular neuronal; el cáncer evade la supresión del crecimiento, mientras que la EA aumenta la supresión del crecimiento; el cáncer evita la destrucción inmunitaria, mientras que la EA aumenta la activación inmunitaria”, añade.
La autora también compara cómo actúa el sistema inmune. Con el Alzheimer se produce inflamación crónica en el cerebro y las células inmunitarias permanecen activadas durante años, lo que contribuye al desarrollo de la enfermedad. Pero con el cáncer, las células tumorales encuentran maneras de esconderse del sistema inmune, evitando ser destruidas.
Pero esto no explica del todo la correlación. Feng señala que si el fenómeno tiene que ver con la muerte neuronal, entonces también debería presentarse con otras enfermedades neurodegenerativas y no es así. Esto podría indicar que el Alzheimer tiene mecanismos propios implicados en esta asociación.
“La observación de que la correlación inversa es única de la EA, pero no se observa en otras enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad que se caracterizan de manera similar por una muerte celular excesiva e inflamación crónica, apunta a una categoría más fascinante de mecanismos en los que la protección recíproca entre el cáncer y la EA está impulsada por procesos específicos de la EA”, explica.
Algunas pistas de la paradoja del cáncer y el Alzheimer
Pese a que es un fenómeno poco estudiado, Feng dice que la literatura científica ha dejado algunas pistas. En su artículo explica el caso del amiloide beta. Este es un fragmento de la proteína amiloidea (APP), cuya acumulación anormal forma placas tóxicas en el cerebro.
De hecho, las placas de amiloide son un indicador temprano y un rasgo distintivo del Alzheimer y también se presentan en personas con síndrome de Down, que son más propensas a padecer la EA.
Sin embargo, de acuerdo con la científica, varios estudios han mostrado que el amiloide y la proteína APP también podrían actuar como supresores tumorales, es decir, podrían frenar el crecimiento de ciertos cánceres.
Esto no significa que las placas de amiloide sean beneficiosas, pero sugiere que moléculas implicadas en el Alzheimer podrían desempeñar funciones protectoras frente a algunos tumores en determinados contextos biológicos.
“El riesgo de por vida de EA en personas con síndrome de Down es superior al 90%, pero el riesgo general de tumores sólidos se reduce significativamente, con una incidencia inferior a la mitad en comparación con la población general. Por lo tanto, el síndrome de Down puede representar un ejemplo genético de la correlación inversa entre el cáncer y la EA, lo que sugiere que la copia adicional del cromosoma 21 puede contener una clave importante para comprender los mecanismos subyacentes a esta asociación inversa”, concluye Feng.
También menciona otras pistas que surgen de las diferencias de género. Las mujeres tienen aproximadamente el doble de riesgo de desarrollar Alzheimer, pero un menor riesgo de cáncer que los hombres.
La doctora señala que estudiar estas pistas y la interacción entre el cáncer y el Alzheimer podría impulsar el desarrollo de nuevas terapias. “Este conocimiento es esencial para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas que permitan prevenir y tratar dos de las enfermedades más devastadoras de nuestro tiempo”, concluye.
Referencia:
L. Rebekah Feng. The cancer Alzheimer’s disease paradox. Revista Nature Aging, 2026.