Viajes, cambios de rutina y la sensación de “estar mejor” llevan a que muchas personas interrumpan sus tratamientos de salud mental durante el verano. Una especialista advierte que esta práctica, frecuente durante las vacaciones, lejos de ser inofensiva, puede aumentar el riesgo de recaídas, descompensaciones emocionales y retrocesos en procesos que han tomado meses de trabajo.
El verano suele asociarse al descanso y la desconexión, pero para quienes se encuentran en tratamiento por depresión, ansiedad u otros trastornos de salud mental, esta temporada puede ser particularmente vulnerable.
Los cambios en la rutina, como horarios irregulares, traslados, interrupciones en la atención médica y menor adherencia a hábitos terapéuticos, sumados a la falsa percepción de “estar bien”, llevan con frecuencia a que algunos pacientes suspendan o modifiquen sus fármacos por cuenta propia, sin supervisión profesional.
Riesgos de abandonar tratamientos de salud mental
“Es habitual que en esta época algunas personas suspendan su tratamiento porque viajan, porque sienten que están bien o porque les cuesta sostener la motivación. Sin embargo, interrumpir medicamentos o terapias sin indicación médica puede tener consecuencias importantes”, explica la Dra. María José Correa, médica psiquiatra y Directora Médica de Clínica MirAndes Salvador de Grupo Cetep.
Según la especialista, la mejoría subjetiva, no siempre equivale a una recuperación clínica completa, y suspender el tratamiento puede gatillar recaídas que se manifiestan semanas después.
“Uno de los errores más frecuentes es pensar que, porque los síntomas han disminuido, el tratamiento ya no es necesario. La mejoría es parte del proceso, pero no equivale a recuperación. Cuando la terapia se suspende sin planificación, se pierde continuidad y se debilitan avances que costaron mucho construir”, advierte la experta.
Riesgos de la discontinuación con psicofármacos
En el caso de los psicofármacos, los riesgos pueden ser aún mayores. La interrupción abrupta sin supervisión médica puede provocar síntomas físicos y emocionales, como irritabilidad, ansiedad, alteraciones del sueño, mareos y ánimo depresivo, además de aumentar el riesgo de reaparición del cuadro original.
“ Medicamentos ni terapia deben suspenderse por decisión personal, ni siquiera en períodos de vacaciones. Cualquier ajuste debe ser evaluado y acompañado por un profesional. Muchos pacientes consultan en marzo o abril tras haber dejado su tratamiento en verano, con síntomas más intensos o difíciles de manejar”, señala la psiquiatra.
La evidencia es consistente: cuando los tratamientos antidepresivos se suspenden sin una planificación médica, el riesgo de recaída es alto.
Estudios muestran que cerca de un 35% de los pacientes recaen a los seis meses, y más de un 45% al año tras dejar el medicamento. Estas cifras no significan que “la mitad recaerá sí o sí”: varían según historia de episodios previos, severidad, comorbilidades, duración del tratamiento antes de suspender, y cómo se suspende.
Efectos del verano para la interrupción de tratamientos
La especialista agrega que el verano concentra múltiples factores que inciden en la descompensación emocional: desorden en los horarios de sueño, mayor consumo de alcohol, calor extremo y presión social por mostrarse bien.
“Todo eso puede afectar la estabilidad emocional, especialmente en personas que están en tratamiento. Por eso recomendamos que el autocuidado no se interrumpa en verano”, afirma Correa.
Desde la experiencia clínica, los equipos de salud mental observan que muchas consultas de marzo corresponden a recaídas o reagudizaciones asociadas a tratamientos abandonados durante el verano.
“Retomar un proceso después de interrumpirlo suele implicar volver a etapas anteriores. Es mucho más saludable sostener el tratamiento, aunque se ajuste su formato o frecuencia”, aseguró.
Esta percepción de “pausa” en los tratamientos de salud mental también se refleja en las cifras de atención, las cuales bajan drásticamente en verano.
El rol de las rutinas y las alternativas de atención
Por ende, los especialistas coinciden en que el verano no exige abandonar los tratamientos, sino adaptarlos.
En este contexto, la telemedicina es una herramienta clave para evitar interrupciones. “Hoy existen alternativas para seguir en contacto con el equipo tratante. La clave es no tomar decisiones apresuradas y conversar cualquier cambio con el profesional”.
A modo de conclusión, la salud mental requiere continuidad. “Así como no se suspenden tratamientos para enfermedades físicas crónicas en verano, los tratamientos de salud mental tampoco deberían interrumpirse sin evaluación médica. Cuidarse también implica sostener lo que ha permitido estar mejor”, concluye.