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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Pablo Bustamante, un modelo chileno, relata su historia de sacrificio desde Franklin hasta las pasarelas europeas. Criado por su madre Pili, quien lo apoyó, Bustamante se adentró en el modelaje tras descubrir su talento en Estados Unidos. Tras una deportación en Miami, se mudó a Barcelona y con esfuerzo logró regularizar su situación migratoria. Junto a su amigo Julián, desfiló en el Fashion Week de Milán.

La vida de Pablo Bustamante pudo ser diferente sino hubiera conocido el mundo de la moda. Desde el barrio Franklin, en el que se ubica el persa Biobío, hasta las pasarelas europeas en el que se desenvuelve hoy de manera natural, este modelo chileno cuenta su historia de sacrificio a BBCL.

Pablo actualmente se encuentra en Atenas, la capital de Grecia, para hablar de cómo entró “al juego”, que es cómo se refiere a la industria del modelaje.

Así pues, el modelo relata que fue criado por su madre Pili, quien lo apoyó en su adolescencia. “Mi mamá siempre me dejó ser, gracias a ella soy quien soy”, afirma. “Ella me regaló mi primera máquina a los 15 años para cortar el pelo, también siempre me dijo que tenía que hacer lo que amara”.

En ese sentido, Bustamante expresa que vivir en Franklin, pudo terminar muy mal para él, sino hubiera estado bien acompañado. “Tuve muy buenos amigos en Franklin, porque es un mundo igual muy turbio. O sea, literalmente se ve mucha drogadicción, mucho tráfico y muchas cosas, entonces es muy fácil desviarse”.

Comienza el juego

Aparte de que Pablo muy pronto descubrió que le encantaba trabajar como peluquero, siempre quiso tener algo más en su vida, por lo que decidió viajar a Estados Unidos.

No obstante, el modelaje era un trabajo que lo seducía. “Cuando yo cortaba el pelo, siempre en la barbería me decían: ‘este chico parece modelo"”.

Ya mediante la ayuda de su tía Gabriela, quien vive hace años en Miami, pudo viajar. “Yo estuve dos años y allá tuve mi primer shooting de modelaje, ahí me di cuenta que con 21 años, tenía mucho talento para el modelaje”, expresa sobre su primer acercamiento a la industria. “Pero no podía firmar por ninguna agencia porque no tenía la documentación”, relata.

Sin embargo, en 2018, mientras trabajaba en South Beach, un icónico barrio de la ciudad, Bustamante vivió una redada en la barbería donde trabajaba. “A mí me deportó el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE, en inglés) porque yo estuve ilegal trabajando como barbero”, recuerda sobre su episodio que hasta el día de hoy marcó su vida. “Me agarran y yo no entendía lo que estaba pasando”.

Durante cuatro meses, el chileno estuvo en un centro migratorio del ICE. “Fue duro para mí, por la presión psicológica de estar encerrado en un galpón con 50 personas adentro. “Siento que yo soy una buena persona, literalmente cortaba el pelo, nunca me he desviado por el mal camino, siempre he hecho las cosas correctas, entonces no entendía en ese momento lo que pasaba, además siempre la barbería estaba salvándome la vida, porque adentro me dieron contrato y trabajé de barbero”, rememora.

“Y la cosa es que llegaron a deportarme y volví a Franklin, me senté en mi cama y ahí fue como como un click en mi cabeza, porque volví a las cuatro paredes de Franklin, todo de nuevo, de cero”.

El viaje que lo cambió todo

Mientras se recuperaba de su decepción en Miami, motivado por su amigo Leonardo, quien es tatuador, Pablo decidió ahorrar durante dos años, el dinero de sus cortes de pelo.

Junto a su amigo, a quien le agradece “abrirle los ojos”, para de nuevo intentarlo, ambos probaron suerte en Frankfurt, Alemania.

Luego de transcurrido un tiempo, el chileno decidió que si quería ser un modelo profesional debía mudarse a Barcelona, donde había mejores opciones para lograrlo. Aunque sus comienzos fueron bastante humildes. “Estuve sin un lugar donde dormir, sin nada, solo con 500 euros para ir a probar suerte”, detalla a BBCL. “La cosa es que toqué las puertas y todos me rechazaron porque no tenía la documentación”, afirma.

“Lo que hice fue ponerme de nuevo a cortar el pelo y pude sacar la residencia como pareja de hecho”, confiesa Pablo, sobre sus primeros meses en la ciudad condal. De aquel tiempo, Bustamante recuerda que sobrevivió “comiendo arroz todos los días”.

Después de regularizar su situación migratoria, el chileno firmó con la agencia The Atelier, que le permitió tener sus primeros trabajos en Barcelona, Milán y Düsseldorf. Aunque era un comienzo prometedor, Bustamante estaba lejos de ser un modelo. “Yo dejé la barbería y dije: ‘bueno, era mi momento de ganar plata como modelo’. Mentira, fue todo muy lento, no trabajaba nada al principio, no sabía cómo sobrevivir, empecé a cortar el domicilio de nuevo. Al principio la pasé muy mal, porque no estaba ganando dinero, tenía que pagar el arriendo”.

“Después me mudé a Milano para poder intentarlo. En Italia, tuve que pagar el apartamento como modelo, estaba con una deuda de 2000 euros y no sabía qué hacer. Y empecé a aguantar hasta que en el camino conozco a Julián”.

El renacer de Pablo

En compañía de Julián Ballón, que también quería ser modelo, Pablo ha podido mejorar su alimentación y su físico, al adquirir nuevos hábitos. “Cuando Julián me conoció me dijo: ‘Hermano, ¿por qué estás comiendo tan mal? ¿Por qué estás entrenando tan mal? O sea, eres modelo y no estás dándolo todo"”.

De esta manera, el modelo chileno desclasifica que para conseguir una carrera en las pasarelas, se debe contemplar que el modelaje es una forma de vida: “es saber dejarlo todo y no estar ligado a nada, porque tú tienes que dejar familia, novia y amigos”. “Tienes que saber que vas a estar tres meses en China, en Grecia, en Italia, o en Alemania”, afirma con sobriedad. “Es una cosa que no tiene freno”, puntualiza. “El otro día me llamaron para ir a Madrid por un día. Fue ir y volver, me pagaron el pasaje, hice el trabajo y volví. A mi amigo también lo llamaron a China la otra vez y se tuvo que ir por un día”, agrega.

No obstante, Bustamante afirma que lo más importante es que “hay que aprender a convivir con el rechazo y que puedan opinar de tu cuerpo”. “La gente a veces se deprime y no quiere continuar porque te dicen que no, que te rechazan y tú no entiendes por qué, si a lo mejor empiezan a compararte y todo eso, pero al final, el cliente que anda buscando un modelo, en la mañana ya se levantó en la cabeza sabiendo qué chico quiere”, expresa a BioBioChile.

“Para ser modelo europeo, los requisitos mínimos son 1,85, el peso da lo mismo, porque el peso se trabaja. Tampoco tienes que ser el más guapo, porque la moda no mide en belleza, es subjetiva”.

“El modelaje es un estilo de vida”

Actualmente, Pablo se encuentra en Grecia, realizando una temporada en el país heleno. A igual como los atletas de alto rendimiento, los modelos viajan por diferentes países, para hacer sesiones fotográficas, aprovechando los paisajes paradisíacos y la posibilidad de hacerse conocidos para las casas de moda.

Al principio —cuenta Pablo— un modelo tiene poco trabajo, porque tiene pocos clientes, entonces la meta de cada uno, es tener una cartera de clientes, para no depender de los llamados de un solo empleador. “Un día de trabajo te puedes pagar un mes, pero lo difícil es poder trabajar”, señala. En ese sentido, como un hito de su carrera es que pudo desfilar junto a su gran amigo Julián en la Fashion Week que se realizó a mediados de enero. “No había probabilidad de que desfiláramos juntos”, comenta con orgullo. “Eso fue espectacular”.

“El modelaje es un estilo de vida, es lo que me da ganas de vivir, porque estoy viviendo experiencias nuevas, conociendo gente nueva y me da libertad que es lo que más me gusta del modelaje”, finaliza.