Una respuesta jurídica y política a las afirmaciones de Estados Unidos sobre el Programa de Misiles Iraní.

Esta columna de opinión fue escrita con anterioridad a los acontecimientos ocurridos este sábado, prevista para ser publicada este fin de semana.

Las afirmaciones presentadas por funcionarios estadounidenses, incluidas las declaraciones de Donald Trump, quien en un discurso ante el Congreso declaró que “ya han desarrollado misiles que pueden amenazar a Europa y nuestras bases en el extranjero y están trabajando para construir misiles que pronto llegarán a los Estados Unidos de América”, carecen de una base legal clara y tienen un carácter claramente político.

Marco Rubio repitió y reforzó las afirmaciones de Trump en comentarios que hacen referencia al discurso del Estado de la Unión de Trump, al afirmar que “Irán posee una gran cantidad de misiles balísticos, particularmente misiles balísticos de corto alcance que amenazan a los Estados Unidos y nuestras bases en la región en los Emiratos Árabes Unidos, en Qatar, en Bahréin y a nuestros socios en la región y también poseen activos navales que amenazan el transporte marítimo e intentan amenazar a la Armada de los EE. UU.” … “Así que quiero que todos entiendan que más allá de un programa nuclear, poseen estas armas convencionales que están diseñadas únicamente para atacar a Estados Unidos y atacar a los estadounidenses, si eligen hacerlo”.

El principal fundamento jurídico para la defensa del programa de misiles de Irán es el derecho inherente a la legítima defensa, estipulado en el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Según este principio, todo Estado soberano tiene derecho a adquirir los medios necesarios para defender su integridad territorial e independencia política. Este derecho no se limita únicamente al uso de la fuerza en respuesta a un ataque; también incluye el desarrollo de capacidades disuasivas para prevenir la agresión.

Desde esta perspectiva, el desarrollo de tecnologías de defensa, incluidos los misiles balísticos, constituye un componente legítimo de la política de defensa nacional.

Durante las últimas cuatro décadas, la República Islámica de Irán se ha enfrentado a numerosas amenazas a la seguridad, incluyendo la extensa presencia de fuerzas militares estadounidenses en sus fronteras y las reiteradas amenazas de acción militar. En tales circunstancias, el desarrollo de capacidades defensivas no es una opción política, sino una necesidad de seguridad.

La agresión del régimen baazista de Irak y la imposición de una guerra de ocho años contra Irán, así como las agresiones perpetradas por Israel y Estados Unidos durante el último año, han demostrado que la República Islámica de Irán emplea sus capacidades defensivas estrictamente en el marco de la legítima defensa y en respuesta a la agresión.

Esta estrategia constituye un componente inseparable del enfoque de seguridad nacional de cualquier Estado: mantener la capacidad defensiva contra los adversarios y dar respuestas decisivas y eficaces a la agresión dentro del marco del derecho internacional.

Según el derecho internacional, no existe ningún tratado ni régimen vinculante que prohíba de forma general el desarrollo de misiles convencionales. A diferencia de las armas químicas, biológicas y nucleares, los sistemas de misiles convencionales no están sujetos a una prohibición universal.

Incluso acuerdos como el Régimen de Control de la Tecnología de Misiles (RCTM) son meros marcos voluntarios entre ciertos Estados, y la República Islámica de Irán no es miembro. Por lo tanto, las alegaciones sobre la ilegalidad del programa de misiles iraní son inaceptables desde un punto de vista legal.

La segunda línea de argumentación se refiere al carácter defensivo de la doctrina militar de la República Islámica de Irán. Las autoridades iraníes han declarado reiteradamente que el programa de misiles del país tiene un carácter disuasivo y está diseñado para contrarrestar amenazas externas.

La experiencia histórica de Irán, en particular la guerra impuesta por Irak, jugó un papel decisivo en la configuración de esta doctrina. Durante ese período, Irán fue objeto de extensos ataques con misiles, careciendo de una capacidad de represalia efectiva. Esta experiencia demostró que la falta de capacidad misilística puede dejar a un país vulnerable a las amenazas externas. En consecuencia, el desarrollo de capacidades misilísticas se convirtió en un componente esencial de la estrategia de defensa nacional de Irán.

Las declaraciones de Marco Rubio sobre la “amenaza de misiles de la República Islámica de Irán para la estabilidad regional” también son incoherentes con las realidades geopolíticas de Asia Occidental. Oriente Medio es una de las regiones más militarizadas del mundo, y varios Estados, como Arabia Saudita, Israel y Turquía, poseen arsenales de misiles avanzados.

Además, la extensa red de bases militares estadounidenses en la región ha sido un factor importante que ha contribuido a las preocupaciones de seguridad de Irán. En tal contexto, esperar que la República Islámica de Irán se abstenga unilateralmente de desarrollar capacidades defensivas es incompatible con los principios de equilibrio de poder y realismo político.

Desde una perspectiva política, las afirmaciones estadounidenses se acompañan de un claro doble rasero. Estados Unidos representa la mayor potencia misilística del mundo y posee los sistemas de misiles más avanzados. Washington también apoya activamente el desarrollo de capacidades misilísticas por parte de sus aliados regionales, al tiempo que presenta el programa de misiles iraní como una amenaza inaceptable. Este enfoque demuestra que la cuestión de los misiles iraníes es menos un asunto legal que un reflejo de la competencia geopolítica y los esfuerzos por limitar el poder regional de Irán.

Además, las afirmaciones que vinculan el programa de misiles de Irán con armas nucleares carecen de pruebas documentadas. La República Islámica de Irán ha declarado reiteradamente que su doctrina de defensa se basa en el rechazo a las armas nucleares y que su programa de misiles está diseñado dentro de un marco convencional.

Incluso la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas simplemente “insta” a Irán a no realizar actividades relacionadas con misiles diseñados para portar armas nucleares y no establece una prohibición jurídicamente vinculante. Por lo tanto, interpretar el programa de misiles de Irán como una violación de las obligaciones internacionales es incompatible con el texto legal de la resolución.

En sus comentarios durante la ceremonia conmemorativa del aniversario de la fundación de Estados Unidos, Donald Trump identificó el programa de misiles de la República Islámica de Irán como una de las razones para confrontar a Teherán.

Tras una reunión de los líderes del Grupo de los Ocho en el Congreso, el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, resumió la situación afirmando: “Miren, esto es serio… La administración tiene que presentar su caso ante el pueblo estadounidense”.

Esta retórica indica un intento de securitizar el tema del programa de misiles de Irán en el discurso público estadounidense. El énfasis en la amenaza de los misiles iraníes a menudo se enmarca en intentos de justificar políticas de máxima presión o una mayor presencia militar estadounidense en la región. Esto ocurre a pesar de que la República Islámica de Irán no ha iniciado ninguna guerra en las últimas décadas y de que su estrategia militar se ha mantenido basada en la defensa y la disuasión.

Desde la perspectiva de la teoría de la disuasión, la capacidad misilística de Irán puede entenderse como una herramienta para prevenir conflictos. La disuasión es eficaz cuando un adversario potencial percibe que los costos de una acción militar son prohibitivamente altos.

El desarrollo de la capacidad misilística de Irán ha incrementado los costos potenciales de una acción militar contra el país. En este marco, cualquier respuesta a una agresión contra territorio iraní, basada en la capacidad misilística, sería decisiva, eficaz y rentable.

Cabe señalar también que las restricciones unilaterales a la capacidad defensiva de Irán perturbarían el equilibrio de seguridad regional. En una región donde algunos Estados tienen acceso a las armas occidentales más avanzadas, debilitar la capacidad defensiva de Irán podría aumentar la inestabilidad y fomentar comportamientos agresivos. Por lo tanto, mantener la capacidad defensiva de Irán puede considerarse un factor que contribuye a la preservación del equilibrio estratégico en la región.

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En definitiva, el derecho de la República Islámica de Irán a poseer tecnologías de defensa debe entenderse como parte de los derechos soberanos de los Estados. El principio de igualdad soberana exige que ningún Estado pueda determinar unilateralmente el nivel de las capacidades defensivas de otro. Los esfuerzos por restringir el programa de misiles de Irán fuera del marco de acuerdos bilaterales o multilaterales son incompatibles con los principios fundamentales del sistema internacional.

En general, el análisis jurídico y político demuestra que el programa de misiles de la República Islámica de Irán se posiciona en el marco de la legítima defensa y las necesidades de seguridad del país. Las afirmaciones de funcionarios estadounidenses, incluidas las declaraciones de Donald Trump y Marco Rubio, reflejan competencia geopolítica y consideraciones políticas, más que argumentos jurídicos sólidos. Por lo tanto, defender el derecho de la República Islámica de Irán a las tecnologías de defensa es justificable no sólo desde la perspectiva de la seguridad nacional, sino también desde la perspectiva del derecho internacional.