La batería de defensa antiaérea de Israel, una de las más exhaustivas y sofisticadas del mundo, superó con éxito el ataque de Irán de junio de 2025, cuando interceptó un 86% de los 550 misiles y un 99% de los 1.000 drones que lanzó contra territorio israelí.
Durante esta jornada de sábado, tras el ataque de Irán en territorio israelí, el sistema volvió a ponerse en marcha para interceptar las decenas de misiles.
Pero, ¿cómo funciona el escudo defensivo de Israel? Se divide en tres capas: la Cúpula de Hierro intercepta proyectiles de corto alcance, la Honda de David cubre el nivel intermedio con interceptores de alta velocidad que neutralizan amenazas más complejas, y el sistema de Flechas protege frente a misiles de largo alcance, incluso en el espacio.
La Cúpula de Hierro
El sistema Cúpula de Hierro comprende el primer nivel del sistema antimisiles israelí. Fue desarrollado por la empresa de seguridad Rafael, está diseñado para frenar cohetes, morteros y proyectiles de artillería de alcance corto a medio (de 5 a 70 kilómetros).
El sistema, explica el general Jacob Nagel a EFE, emplea un interceptor con una ojiva especial que detona el misil enemigo en el aire. Además, es posible integrarlo en vehículos comerciales, barcos y aviones, por lo que es móvil y proporciona defensa aérea puntual para instalaciones militares, civiles, industriales y administrativas.
Cada uno de sus misiles cuesta alrededor de 150.000 dólares, sin contar con el precio de las baterías y lanzaderas. Un coste que los ingenieros militares pretenden abaratar mediante la incorporación del ‘Iron Beam’ (Rayo de Hierro), un láser de alta potencia capaz de sustituir a los proyectiles cuyo coste operativo tras su construcción se reduce a electricidad y mantenimiento.
“El número exacto de baterías de la Cúpula de Hierro, así como su localización, es uno de los secretos mejor guardados de Israel”, explica el experto en Defensa, una de las pocas personas que conoce la respuesta a esa pregunta.
Honda de David
“Poco después descubrimos que nos faltaba otro tipo de solución: un interceptor capaz de realizar maniobras muy, muy rápidas. Algo que cubriese lo que podríamos denominar el ‘nivel medio’ del sistema”, explica Nagel. La solución, de nuevo ideada por Rafael, fue la Honda de David.
Se trata de un sistema de defensa antiaérea y antimisiles de mediano a largo alcance (de 40 a 300 kilómetros), el más veloz en Israel. Esto se logra gracias a su combinación de un sofisticado sistema de control de dirección, propulsión múltiple y un buscador avanzado.
Su rapidez es clave, ya que la capacidad de interceptación debe evaluarse en función del tiempo que el misil permanece en vuelo y no solo de la distancia recorrida, puesto que un proyectil que permanece más tiempo en el aire puede ser neutralizado incluso a corta distancia, mientras que otro más rápido puede resultar imposible de interceptar pese a encontrarse más lejos, al no dejar margen suficiente para su detección y respuesta.
Así, es capaz de hacer frente a “amenazas asimétricas de gran volumen” dentro de la atmósfera de la Tierra, incluyendo misiles balísticos tácticos y cohetes de gran calibre y cubriendo todo el territorio del país. Su precio es de alrededor de 1,5 millones de dólares por proyectil interceptor.
Flechas (Arrow) I, II, III y IV
“Durante la guerra con Irak (1991), ese país envió contra Israel 39 misiles de largo alcance. No tuvimos cómo defendernos. Intentamos hacerlo con aviones. No funcionó, solo hicimos ruido. Fue por ello que desarrollamos las Flechas”, cuenta Nagel.
El sistema de cohetes Flecha, que comprende las generaciones I, II y III, fue desarrollado por la empresa de seguridad Israel Aerospace Industries (IAI) para defender a Israel de misiles de largo alcance, aquellos que, como los cientos que Irán lanzó en sus recientes ataques, recorren decenas de miles de kilómetros por encima de la atmósfera y en el espacio.
Actualmente, la IAI trabaja en el desarrollo de Arrow IV, un sistema de nueva generación diseñado para mejorar la interceptación de misiles tanto a alta como a baja altitud.
“Funcionaría a una altitud superior a la de Honda de David e inferior a las otras Flechas”, puntualiza Nagel. Su precio, explica, alcanza los 3 millones de dólares por misil.
Idear este tipo de soluciones, afirma el asesor, supone pensar “en materia de décadas, en imaginar tecnologías que todavía no existen”. “(El sistema actual) no es nada en comparación con lo que se avecina”, concluye. EFE