Chile lleva al menos tres años consolidado entre los cinco países con mejor velocidad de internet fija del mundo. Y ahora dio un paso más: en la última medición global de Ookla, el país alcanzó el primer lugar, con la red fija más rápida del planeta, reconocimiento que recayó en Mundo Telecomunicaciones en los más recientes Speedtest Awards superando a operadores de Europa, Asia y Norteamérica, tal como informó BioBioChile.
En ese contexto, Lourenço Lanfranchi, director senior de negocios para Latinoamérica de Ookla -empresa estadounidense convertida en el estándar mundial en medición y certificación de redes para Internet- explicó que el desempeño chileno no es casual. “Chile se mantiene en los últimos tres años con un performance increíble; siempre está entre los cinco países con mejor velocidad del mundo. De eso siempre nos preguntan reguladores de otras regiones: ¿qué hace Chile?”, señaló.
Competencia fuerte y apuesta temprana por la fibra
Según Lanfranchi, la respuesta no es casual ni reciente. “Primero es la competencia. Son pocos los países que tienen buena calidad y servicios simétricos. Antes de la pandemia, Chile ya invirtió en fibra, entonces cuando llegó al crisis sanitaria, Chile ya tenía una calidad muy buena”, explicó.
A su juicio, el mercado local se caracteriza por una competencia intensa entre operadores, lo que empuja constantemente a mejorar estándares.
“La competencia es muy fuerte, el ambiente, todos juntos buscan ser mejor que el otro y eso ha elevado a Chile a tener una calidad mundial”, sostuvo.
Ese ecosistema —donde las compañías compiten en velocidad, estabilidad y latencia— habría sido clave para posicionar al país como referente, incluso frente a economías más grandes.
Se hace más con menos
Lanfranchi detalló que, dentro de la región, hay seis países que destacan por su desempeño en velocidad de internet fija.
“En Latinoamérica hay países que tienen una calidad más alta que los demás. Si comparamos los países más rápidos, hay seis de Latinoamérica: Chile, Brasil, Ecuador, Colombia, Panamá y Uruguay”, indicó.
No obstante, advirtió que el análisis no puede desligarse del contexto socioeconómico y geográfico de América Latina, lo que lo hace más meritorio.
“Cuando comparamos la realidad, el poder adquisitivo, la geografía, creo que eso es demasiado importante porque estamos logrando, estamos haciendo más con menos”, afirmó.
De hecho, a juicio de Lanfranchi, el resultado que obtuvo la compañía Mundo es especialmente relevante considerando la compleja geografía de Chile y que el despliegue de fibra en el país ha sido impulsado mayoritariamente por inversión privada.
Accesibilidad y educación digital: los desafíos pendientes
Pese al buen rendimiento, el ejecutivo de Ookla identificó dos grandes brechas en Latinoamérica, que también afectan a Chile: accesibilidad y educación digital.
“Hay dos problemas: accesibilidad y educación. Hay personas que tienen acceso, pero no saben cómo usar los servicios, entonces eso es una limitación que tenemos en toda la región”, explicó.
También mencionó un factor técnico que incide directamente en la experiencia del usuario latinoamericano: la calidad de los dispositivos.
En ese sentido, advirtió que muchos usuarios cuentan con dispositivos demasiado antiguos, lo que impide aprovechar plenamente la calidad disponible.
En ese punto, Chile presenta una ventaja comparativa. Según datos de Ookla citados por Lanfranchi, el país tiene una proporción relativamente menor de dispositivos de baja calidad, cercana al 6%, muy por debajo de otros mercados de la región. En contraste, Paraguay registra alrededor de un 30% de dispositivos de menor estándar; Colombia, un 25%; y Brasil, un 11%, explicó.
Finalmente, el director subrayó que la accesibilidad desde el punto de vista del poder adquisitivo sigue siendo una barrera relevante para ampliar el acceso pleno a servicios de alta calidad.
En ese escenario, el liderazgo de Chile en velocidad fija convive con brechas que aún persisten en la región. Si bien el país destaca por su infraestructura y desempeño, factores como el poder adquisitivo y la alfabetización digital siguen condicionando el acceso pleno a estos servicios. Para Ookla, el desafío no está solo en mantener los altos estándares técnicos, sino en ampliar su alcance a más usuarios.