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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En invierno, las enfermedades respiratorias se propagan, generando mucosidad y flemas que solemos tragar. Expertos aseguran que ingerir flemas durante un cuadro infeccioso no representa un peligro para la mayoría de las personas, ya que el ácido gástrico las destruye en el estómago. Sin embargo, esta práctica no es recomendable. La mucosidad, por otro lado, es mayormente inocua para individuos sanos, pero las manos contaminadas pueden transmitir virus.

Las épocas de frío son el escenario ideal para la propagación de enfermedades respiratorias, las que suelen provocar mucosidad y flemas que muchas veces terminamos tragando. ¿Aquello representa un riesgo para nuestra salud?

Esa interrogante es respondida por el doctor Ignacio Moreno Cifuentes, subdirector médico de Gestión Hospitalaria de Clínica Bupa Santiago, quien explica de entrada que “desde el punto de vista fisiopatológico, tragarse las flemas durante un cuadro infeccioso respiratorio no representa un peligro significativo para la mayoría de las personas“.

Su respuesta despeja la duda de quienes pueden estar preocupados por esta situación habitual durante los resfriados. Sin embargo, eso tampoco significa que sea una práctica recomendable.

¿Qué ocurre cuando tragamos las flemas?

El especialista explica que “al deglutir (tragar) las flemas, el material ingresa al tracto digestivo y no regresa al árbol respiratorio bajo condiciones normales”.

“Por lo tanto, no existe un mecanismo directo que implique un empeoramiento de la infección respiratoria en curso por esta vía“, afirma.

Lo que sí ocurre, detalla el profesional, es que los virus o bacterias presentes en las secreciones —como rhinovirus, coronavirus, influenza A/B, streptococcus pneumoniae o haemophilus influenzae— son sometidos al proceso digestivo. Sin embargo, “en la mayoría de los casos, no sobreviven en cantidad suficiente para establecer una infección gastrointestinal“.

El doctor Ismael Zabalaga, otorrinolaringólogo de Clínica RedSalud Providencia, coincide: “Cuando te tragas las flemas, estas no regresan a los pulmones, sino que van directo al estómago. Allí, el ácido gástrico actúa como una barrera destructora que disuelve la flema y destruye por completo los virus o bacterias que contenga, eliminando cualquier riesgo de reinfección”.

Eso sí, recalca que “tragar estas secreciones de forma automática es un mecanismo normal y seguro de limpieza del cuerpo“.

Sin embargo, existen excepciones, como los pacientes postrados, las personas con problemas neurológicos o quienes presentan alteraciones del reflejo de deglución.

“En ellos, existe el riesgo de que la flema se desvíe erróneamente hacia los pulmones en lugar de ir al estómago, lo que sí podría provocar una complicación grave como una neumonía por aspiración”, advierte Zabalaga.

¿Y qué pasa cuando nos tragamos la mucosidad?

Ahora bien, ¿también debemos despreocuparnos de la mucosidad? En este punto, Moreno explica que esta “es mayormente inocua (no causa daño) desde el punto de vista médico en personas sanas“.

En individuos sanos, la combinación de un pH gástrico bajo, anticuerpos y peristaltismo intestinal constituye una barrera protectora suficiente en la gran mayoría de los casos.

El médico comenta que existen patógenos capaces de producir síntomas digestivos y respiratorios, pero aclara que los síntomas gastrointestinales no se generan por la ingestión de secreciones nasales.

No obstante, desde el punto de vista epidemiológico, la situación sí resulta más preocupante debido a la transmisión de enfermedades.

Por qué preocupa desde el punto de vista epidemiológico

“Las manos contaminadas con secreciones nasales son uno de los principales vectores de contagio entre personas de infecciones respiratorias virales”, alerta el doctor Moreno.

En los niños, cuyo hábito de comerse la mucosidad es más frecuente, el riesgo más concreto es la transmisión de infecciones en contextos de alta exposición, como salas cuna o jardines infantiles, donde los gérmenes circulan con mayor facilidad.

Por su parte, Zabalaga destaca que “el peligro principal de esta práctica no está en el moco que se ingiere, sino en las bacterias y virus que introduces desde tus manos sucias hacia la nariz“.

Según explica, las manos están en contacto constante con superficies contaminadas, por lo que al hurgarse la nariz con los dedos se transportan directamente gérmenes hacia una de las principales vías de entrada al organismo.

“Además, el acto de raspar la nariz con las uñas genera microlesiones y heridas en la mucosa nasal”, añade.

Y complementa: “Por esta razón, en la medicina siempre se insiste en que, ante cualquier virus respiratorio o para prevenir infecciones, la recomendación basal e indispensable es el lavado constante de manos. Mantener las manos limpias y el uso de mascarilla son la barrera más efectiva para evitar que los gérmenes lleguen a las vías respiratorias”.

¿Ambas prácticas son realmente tan antihigiénicas como se cree?

En resumen, ninguna de las dos representa, desde el punto de vista médico, un problema mayor.

El doctor Moreno es enfático en explicar que “la estigmatización cultural de estas prácticas obedece más a normas de convivencia e higiene social que a un riesgo sanitario documentado y significativo”.

“Dicho esto, desde el punto de vista de la salud pública sí hay consideraciones relevantes. Las secreciones respiratorias son el principal vehículo de transmisión de enfermedades virales de vía aérea. Manipular el moco con las manos y luego tocar superficies o saludar a otras personas perpetúa la cadena de contagio“, advierte.

Por ello, concluye que “la recomendación médica no es alarmista respecto del riesgo individual, pero sí enfatiza las buenas prácticas de higiene respiratoria: sonarse correctamente con un pañuelo desechable, lavarse las manos con frecuencia y cubrirse al toser o estornudar, no solo para la protección personal, sino también para la de la comunidad”.

En otras palabras, tragarse las flemas o la mucosidad no suele representar un riesgo para la salud de las personas sanas. El verdadero problema está en la propagación de virus y bacterias a través de las manos y las secreciones respiratorias.