Un estudio publicado en la revista Science revela cómo el ratón orejudo andino (Phyllotis vaccarum), el mamífero que vive a mayor altura en el mundo, soporta las condiciones extremas, donde el frío y la falta de oxígeno hacen imposible la vida para otros animales.
Los científicos concretamente descubrieron los mecanismos fisiológicos y genéticos que permiten a estos ratones producir calor y mantenerse activos en un entorno superior a los 6.000 metros sobre el nivel del mar, donde cada respiración aporta apenas un 44% del oxígeno que está más hacia la costa.
La investigación la lideró Jay Storz, profesor de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Nebraska-Lincoln, pero los experimentos fisiológicos fueron hechos en el Laboratorio de Ecofisiología Animal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, dirigido por el académico Pablo Sabat.
“El principal hallazgo del estudio es que el ratón orejudo andino es el mamífero con el mayor rango altitudinal documentado en el mundo, habitando desde el nivel del mar hasta los 6.739 metros en la cumbre del volcán Llullaillaco”, señala Sabat en un comunicado de su casa de estudios, donde es profesor titular del Departamento de Ciencias Ecológicas.
La supervivencia del ratón orejudo andino
Los científicos estudiaron a ratones provenientes de distintas altitudes de los Andes. Para ello recolectaron a orejudos andinos que vivían a 4.260 metros, cerca del Llullaillaco; a otros de la misma especie capturados a 1.420 metros, en San José de Maipo; y también a ratones orejudos de Darwin (Phyllotis darwini), que viven en zonas bajas.
Luego, sometieron a todos los ejemplares a temperaturas de -5 °C y a concentraciones de oxígeno de alturas de 4.300 y 7.000 metros. Así, midieron cuánto oxígeno consumían al producir calor para mantener una temperatura corporal estable.
El experimento mostró que los ratones de altura podían reducir en mayor medida la pérdida de su capacidad para generar calor con menos oxígeno. Según el estudio, este mecanismo se relaciona con una mayor actividad metabólica en sus músculos esqueléticos.
Los resultados mostraron que los ejemplares de altura lograban reducir en mayor medida la pérdida de su capacidad para generar calor cuando disminuía el oxígeno. Esta ventaja estaba relacionada especialmente con el músculo gastrocnemio, que tiene que ver con la termorregulación.
“Los ejemplares de cumbre presentan cambios en el metabolismo de sus músculos esqueléticos que les permiten optimizar la termogénesis por escalofrío, manteniendo su temperatura corporal constante en ambientes donde el oxígeno es escaso y el frío es extremo, algo que los ratones de la costa no logran hacer”, explica Sabat.
Además, descubrieron que estos ratones tienen más capacidad para usar grasas como fuente de energía, tanto en los músculos como en el tejido adiposo pardo, que es la grasa que quema calorías para generar calor.
Una teoría que barajaban los científicos era que el ratón orejudo andino, igual que otros animales que viven en las alturas, tenía una adaptación evolutiva en la hemoglobina de su sangre, que es la proteína que transporta oxígeno desde los pulmones al resto del cuerpo, para sobrevivir en estos entornos.
Pero en comparación con los ratones orejudos de Darwin, no encontraron diferencias, así que esa no sería la razón. Sabat comenta que “lo que más nos sorprendió fue que, a diferencia de otros animales de altura como las llamas o los gansos andinos, la adaptación de estos ratones no se encuentra en la hemoglobina de su sangre, que es idéntica a la de los ejemplares de la costa”.
Este descubrimiento indica que los orejudos andinos desarrollaron una estrategia diferente. No modificaron el transporte de oxígeno en la sangre, sino que aumentaron la capacidad de sus músculos y mitocondrias —la parte de las células encargada de producir energía— para generar calor en condiciones de poco oxígeno.
Ahora, los investigadores creen que estos resultados muestran que la supervivencia en las alturas no depende de solo una modificación fisiológica, ya que pueden intervenir cambios coordinados, como en el caso de esta especie, donde influye el metabolismo muscular, la producción de energía, la generación de calor, la respuesta a la hipoxia y el procesamiento de sustancias potencialmente tóxicas.
“Estos resultados son relevantes porque desafían el conocimiento previo sobre la adaptación a la altura, demostrando que existen mecanismos alternativos a los cambios en la sangre para sobrevivir a la hipoxia”, concluye Sabat.
Referencia:
Schuyler Liphardt y otros autores. Adaptation across an extreme elevational gradient in Andean leaf-eared mice, the world’s highest-dwelling mammal. Revista Science, 2026.