Por estos días, la discusión nacional sobre el Programa de Acompañamiento y Acceso a la Educación Superior (PACE) se concentra en aspectos presupuestarios y en los resultados de evaluaciones asociadas al último diseño experimental evaluado. Sin embargo, detrás de las cifras existe una realidad que merece ser observada con atención: la experiencia concreta de las comunidades educativas y universitarias que, año tras año, hacen posible esta política.
Las 29 universidades que implementan esta política de Estado de acción afirmativa a lo largo del territorio nacional, conocen de primera mano esa realidad. Ejemplo de ello, es la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), donde el PACE supera lo que mide una matriz de indicadores, construyendo una estrategia de acompañamiento que busca ampliar oportunidades, fortalecer trayectorias educativas y contribuir a que jóvenes provenientes de contextos socioeconómicos desfavorecidos puedan acceder, permanecer y proyectarse en la educación superior.
La experiencia de la UMCE refleja un importante proceso de consolidación territorial. Desde su implementación, el programa ha ampliado su presencia de 9 establecimientos en convenio en 2015 a 24 liceos en la actualidad. En este trayecto, el equipo de profesionales ha acompañado directamente a más de 43.000 estudiantes de enseñanza media y ha contribuido a la habilitación de 3.248 jóvenes para postular a la educación superior. Sin embargo, el desafío mayor comienza una vez que el estudiantado cruza el umbral universitario.
Es ahí donde adquiere especial relevancia lograr que el acceso se transforme en permanencia y en una trayectoria que permita avanzar hacia la titulación. Los datos históricos del PACE-UMCE muestran que la permanencia de los primeros años de implementación estuvo marcada por importantes brechas. La primera cohorte ingresada vía PACE en 2017, registró una permanencia de primer año de apenas el 65,0% frente al 83,2% del promedio institucional. No obstante, el seguimiento de esta cohorte pionera permite observar una evolución significativa.
Según el Informe de Trayectoria (2022) su rendimiento académico experimentó un incremento sostenido a partir del cuarto semestre, hasta equipararse con los promedios de sus pares de ingreso regular en el sexto semestre, correspondiente al tercer año de carrera. Asimismo, durante 2019 y 2020, ningún estudiante PACE de esta cohorte registró promedios anuales inferiores a la nota 5.0. Los resultados de los últimos años muestran esta evolución. La cohorte 2023 alcanzó una permanencia de primer año de 89,2% y de 81,1% en segundo año.
Por su parte, la cohorte 2024 registra un 81,2% de permanencia en su segundo año. Más allá de las cifras, estos resultados muestran que las políticas de acompañamiento requieren continuidad, especialización y capacidad institucional para aprender de la experiencia.
Las dificultades de permanencia y las tasas de no permanencia en estudiantes universitarios socialmente desfavorecidos, constituyen fenómenos complejos y multifactoriales, que no se debe a una falta de capacidad intelectual o esfuerzo, sino a la intersección de factores económicos y materiales, brechas académicas por ser primera generación, y factores psicosociales y de adaptación, su abordaje requiere un soporte institucional activo, capaz de fortalecer el sentido de pertenencia, de resiliencia y de herramientas para enfrentar las dificultades propias de la vida universitaria. La experiencia acumulada de la UMCE muestra que evaluar el PACE exige mirar más allá del momento del ingreso.
Cuando el acompañamiento es sostenido y especializado, las brechas iniciales pueden reducirse y las trayectorias pueden transformarse porque hemos aprendido que es necesario observar qué ocurre después: quiénes permanecen, cómo evolucionan sus trayectorias, qué apoyos requieren y cuántos logran finalmente titularse.
En este camino la UMCE ya cuenta con 46 personas tituladas en carreras de Educación, de un total histórico de 64 personas tituladas y 12 egresados prontos también a concluir sus procesos de titulación. En 2026, además 58 personas con vocación pedagógica se matricularon en la UMCE, de un total de 74 gracias al programa. Acompañar la formación de futuros profesores provenientes de contextos socialmente desfavorecidos tiene una dimensión que trasciende sus propias trayectorias: significa también contribuir a fortalecer las futuras comunidades educativas del país.
Por ello, hablar del PACE no debería significar únicamente discutir indicadores, presupuestos o diseños metodológicos. También implica reconocer lo que ocurre en las aulas, en las tutorías, en los equipos profesionales y en la capacidad de las instituciones para aprender y ajustar sus estrategias poniendo en valor las capacidades intelectuales con equidad. Mantener y fortalecer el PACE significa, por tanto, sostener una política pública que ha ampliado las oportunidades educativas de miles de jóvenes y que, en el caso de la UMCE, también contribuye a formar a los docentes que mañana estarán en las aulas del país.
Nieves Hernández Manqui
Coordinadora Ejecutiva PACE UMCE
Doctora (c) en Estudios Latinoamericanos
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