La Leche Purita Fortificada (LPF) dejará de ser entregada en consultorios y centros de salud a lo largo de Chile. Así fue dado a conocer hace unos días, generando sorpresa en la comunidad, ya que este suplemento alimentó a generaciones de chilenos y chilenas durante sus primeras etapas de vida.

En su reemplazo, se incorporará una fórmula de inicio (FI) para niños y niñas menores de 12 meses beneficiarios del Programa Nacional de Alimentación complementaria. Este cambio es un gran paso para el bienestar de la población infantil, pues se sustenta en la necesidad de disminuir el contenido de proteínas del actual esquema de alimentación. Un aporte excesivo de estos nutrientes, sobre todo en la primera etapa de la vida, se asocia con el aumento de la prevalencia de obesidad en edades futuras.

Al comparar ambas fórmulas (LPF y FI) en relación con la leche materna (LM), la LPF tiene una adecuación proteica cercana al 190%, mientras que la FI tiene una de 120%, es decir, esta última es más amigable y se ajusta al aporte de macronutrientes que otorga la leche materna.

Así, el objetivo principal de esta medida es poner freno a la malnutrición por exceso en niños y niñas menores a 12 meses, asegurando la entrega de una alimentación acorde a las recomendaciones nutricionales vigentes. De forma específica, la medida pretende fortalecer la lactancia materna, asegurar el acceso a un sucedáneo que cumpla con los requerimientos nutricionales de los niños que no pueden ser alimentados con leche materna, o, en su defecto, que necesiten complementarla.

Acá hay un importante punto a destacar, y que refuerza la necesidad de introducir cambios profundos en esta materia. Durante la pandemia el apoyo a la lactancia materna para mujeres que amamantan y sus familias se ha visto reducido de manera global. El temor al contagio, más la alta demanda que ha tenido la red asistencial por la emergencia sanitaria, han dificultado el acceso al acompañamiento y a las asesorías de lactancia realizadas por equipos de salud en todos los niveles de atención.

Es preciso mantener estrategias para perpetuar los cuidados en la malnutrición infantil. Proteger la lactancia materna es solo el primer paso, existen otras estrategias que se deben concretar como la educación en nutrición desde la primera infancia, donde la presencia de nutricionistas en escuelas y colegios es necesaria. Este es el camino que va en la dirección del fortalecimiento a una política pública que vele por la salud integral de los niños y niñas de nuestro país.

Laura Quezada Acuña
Académica de Nutrición y Dietética
Universidad San Sebastián