Durante décadas, para millones de familias chilenas la casa propia representó mucho más que una vivienda. Fue sinónimo de esfuerzo, estabilidad, independencia y tranquilidad para los hijos. Sin embargo, para demasiados chilenos ese sueño se ha ido alejando.
El aumento del precio de las viviendas, las mayores tasas de interés, las dificultades para reunir el pie y el estancamiento de los ingresos han levantado una verdadera barrera de entrada a la propiedad. Frente a esta realidad, no podemos resignarnos.
Creemos firmemente que una sociedad de propietarios es una sociedad con mayores oportunidades, autonomía y estabilidad. Por eso, el proyecto de reforma al mercado de capitales y financiamiento para la casa propia representa una oportunidad concreta para volver a abrir las puertas de la vivienda a las familias chilenas.
La pregunta es sencilla: ¿cómo conseguimos que una familia pueda acceder a un dividendo que esté dentro de sus posibilidades? Debemos actuar sobre varios factores: tasas de interés más convenientes, plazos más extensos y mecanismos que permitan reunir un pie acorde con la realidad de los ingresos actuales.
El proyecto de reforma al mercado de capitales y financiamiento de la casa propia que presentará el gobierno del presidente Kast, propone avanzar precisamente en esa dirección, mediante la creación del Fondo Nacional para la Vivienda, que permitirá apoyar la reducción de las tasas de los créditos hipotecarios, y el Ahorro Voluntario para la Vivienda, que permitirá al Estado complementar el esfuerzo de las familias que ahorren para reunir el pie de su primera vivienda.
Esto responde a una convicción que considero fundamental: el Estado debe ayudar al esfuerzo de las familias, no reemplazarlo.
Una política habitacional responsable debe reconocer que detrás de cada vivienda hay una familia que trabaja, ahorra y proyecta su futuro. Nuestro desafío es generar las condiciones para que ese esfuerzo vuelva a ser suficiente. Pero para lograrlo también debemos recuperar el dinamismo de nuestro mercado de capitales.
Chile necesita más inversión, más competencia y mayor capacidad para atraer capitales nacionales y extranjeros. Durante los últimos años, el creciente endeudamiento fiscal, diversas trabas regulatorias y tributarias y la reducción del ahorro previsional han contribuido a disminuir el financiamiento disponible para la inversión y los créditos hipotecarios.
Cuando el capital escasea, su costo aumenta. Y cuando aumenta el costo del dinero, las consecuencias las terminan pagando las familias y las empresas.
Por eso, esta reforma no sólo habla de vivienda. Busca profundizar nuestro mercado de capitales, atraer nuevamente inversión y generar condiciones para que ese ahorro pueda financiar proyectos, empresas, emprendimientos y nuevos créditos para las familias.
También contempla incentivos para financiar startups y nuevos proyectos de inversión, junto con medidas para reducir costos y simplificar regulaciones. Todo ello apunta a un objetivo mayor: volver a convertir a Chile en un país atractivo para invertir, emprender y generar empleo.
Chile tiene las condiciones para recuperar un lugar relevante como centro financiero de América Latina. Para ello necesitamos reglas claras, certeza jurídica y una regulación que proteja a los inversionistas, pero que al mismo tiempo no termine ahuyentándolos.
Desde nuestra mirada entendemos y creemos en una economía social de mercado donde el crecimiento y la inversión sean herramientas para mejorar la vida de las personas. Creemos en el mérito, en el ahorro y en el esfuerzo, pero también entendemos que el Estado debe generar instrumentos que permitan que ese esfuerzo tenga frutos. La casa propia es uno de ellos.
No queremos un Chile donde ser propietario sea un privilegio reservado para unos pocos. Queremos recuperar el Chile donde una familia que trabaja, ahorra y cumple sus compromisos pueda mirar el futuro y decir: esta casa es nuestra.
Ese es, en definitiva, el sentido de esta reforma: recuperar el ahorro, atraer inversión, reducir el costo del financiamiento y volver a hacer posible el sueño de la casa propia.
Porque detrás de cada crédito hipotecario no hay solamente una operación financiera. Hay una familia construyendo su futuro.
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