Es urgente e importante alcanzar un enfoque ético que indique que es posible y muy conveniente poner a la persona humana en el centro del debate y de la generación de políticas públicas, por sobre la medida economicista. Se trata de construir un mínimo común ético al cual debamos atenernos los ciudadanos en todos los niveles de la acción pública y privada.
Agudizar las contradicciones
Que la agudización de las contradicciones en la sociedad favorece las acciones de los extremos, no cabe ninguna duda. La tesis marxista-leninista de activar esas contradicciones en el seno social conduce a la rebelión, siendo directamente funcional y proporcional a ello el uso de la violencia.
Si la mirada se pone desde la atalaya de la llamada “izquierda” más radical, lo que viene es la violencia revolucionaria para instalar un sistema presuntamente regido por las mayorías populares. Eso no ha sucedido en ninguna parte del mundo, pues finalmente –y como la historia lo demuestra– quienes terminan ejerciendo el poder son las minorías que condujeron el proceso de rebelión, pues tienen el poder que les da la fuerza armada.
Si el extremo es de la llamada “derecha” también radical, el desarrollo es a partir de la concentración del poder armado, político, económico, en las manos de sus cuadros dirigentes, como también la historia lo ha ido demostrando con pruebas evidentes.
La corrupción
Ambos sistemas conducen a formas corruptas de ejercicio del poder, donde algunos fuerzan la moral y hasta las leyes de manera de sacar provechos que les aseguren un control del poder aunque el régimen cambie. La corrupción económica evidenciada entre los jerarcas de los socialismos reales, como en la actual China, en la dictadura pinochetista (y del propio Pinochet) en Chile, por nombrar solo algunos ejemplos ha dejado eso en evidencia.
Lo que está claro es que luego de prolongar por años esos poderes totales, siempre terminan cayendo, pero lo que viene después no es necesariamente bueno. Si caen por la violencia, tenemos a la vista el caso dramático de Nicaragua donde termina instalándose una dictadura tan mala o peor que la de Somoza.
Cuando esa transición es pacífica, con casos como el de Chile, España, Portugal, Polonia de cierto modo, las cosas son menos radicalizadas, pero también es preciso hacer transacciones que prolongan los beneficios de quienes ejercieron el poder en forma total. Esos beneficios son económicos, políticos, morales.
La ética
Chile, sin ir más lejos, ha cambiado su mirada ética fundamental, teniendo un mundo en que lo prioritario es lo económico y no las personas, haciendo válido cualquier método para beneficiarse. Hemos visto en el destape de la olla de todas estas últimas décadas, a jueces, ministros de Estado, diputados, senadores y otros funcionarios públicos, en colusión (palabra ya común entre nosotros) con grupos privados, lo que es francamente asqueroso. Desde pequeños aprovechamientos hasta grandes violaciones (o interpretaciones manipuladas) a la ley van siendo partes de un espectáculo dantesco.
Eso es seguido por la justificación que, en definitiva, es sencilla: lo hago porque puedo y mientras pueda. Algunos se sienten poderosos y violan desde las leyes tributarias, de armas, de velocidad en las calles, cualquiera que sea la forma que los limite en el ejercicio de sus conductas de todopoderosos.
Los extremos y una nueva mirada
Hemos pasado de un extremo a otro y nada indica que las cosas puedan ser diferentes en el futuro si no hay cambios reales de actitudes.Probablemente el espacio de liderazgo y reconducción que han querido abrir Vodanovic (Tomás) y Bellolio con su llamado a buscar acuerdos desde las diferencias, sea el inicio de una siembra para un futuro distinto. Es evidente que no han recibido públicos respaldos ni gran difusión a sus posiciones. Las declaraciones que algunos hemos hecho sólo circulan en ciertas redes sociales, pero no merecen comentarios de los que se dicen “dirigentes” de partidos políticos (que en verdad no dirigen, sino más bien administran cuotas de poder).
Esta propuesta de ciertos consensos se inicia con definir los temas importantes. Y aunque no se nombre, tras ello está un enfoque ético diferente, que indica que es posible y muy conveniente poner a la persona humana en el centro del debate y de la generación de políticas públicas.
Es decir, se trata de construir un mínimo común ético al cual debamos atenernos los ciudadanos en todos los niveles de la acción pública y privada. A partir de ello podrán tomarse las medidas necesarias, pero no desde el punto de vista de los intereses particulares de grupos o sujetos importantes, sino de lo que reducirá las injusticias, las desigualdades, las contradicciones sociales.
Conseguir paz social
Pues la paz social se consigue de ese modo: reduciendo las contradicciones y no agudizándolas, buscando la justicia en la distribución de los beneficios económicos y sociales, no concentrándolos en manos de minorías.Aunque son fundamentales para asegurar el suficiente bienestar de las personas que habitan el territorio, no basta con asuntos económicos. Sin ello no hay ni paz ni justicia. Pero, el verdadero desarrollo de una sociedad armónica, se construye con una mirada integral.
El tema educacional –la instrucción y la formación–; el desarrollo de la cultura y las artes; el fomento del respeto por las personas en todos los planos; el cuidado del medio ambiente; la activación en cobertura y calidad de la salud –física, mental y emocional–; el esparcimiento; el deporte; el espacio para la contribución social de los adultos mayores y de personas que han jubilado, así como el aseguramiento de su bienestar; son también algunos de los temas que deben requerir atención del estado y de las organizaciones privadas, de las personas particulares, de los líderes públicos en todas las áreas.
Cambio de tono
Para eso es necesario empezar a conversar con otros tonos. No descalificando.
La crítica debe ser de cierta altura, para conseguir que el contrario reflexione y no sólo quiera defenderse.Cuando al iniciar el Foro Madrid el presidente de Argentina lee su diatriba (no improvisa, lee, es decir, ha pensado lo que dijo) marca el tono exactamente opuesto a lo que estoy sosteniendo.
Lo grave, como lo han destacado otros comentaristas, es que esas expresiones fueron aplaudidas, vitoreadas, recibidas por el público asistente con gran entusiasmo.
La parte buena es que algunos dirigentes políticos, no precisamente de los agraviados en forma directa, reaccionaron ante las palabras de Milei rechazando sus dichos.
Y a eso siguió otra pequeña señal: las reacciones ante el fallecimiento de Camilo Escalona, el dirigente socialista que fue figura política ya muy joven, siendo escolar. Enfermo, fue visitado por muchas personas, no solo sus partidarios, pues también concurrieron políticos de otras posiciones. Entre ellos destaca el presidente de la República. Al sepelio, la guardia de honor la inician la Presidenta del Senado, el Ministro José García y la expresidenta Michelle Bachelet.
La esperanza
¿Será posible mirar el futuro del país con ciertas esperanzas?
Sin duda, pero se ve que en el corto plazo hay quienes prefieren agudizar contradicciones e imponer puntos de vista.
El trabajo será duro, pero hay que hacerlo.
Y en esto hay partidos que deben recobrar su papel histórico, particularmente la Democracia Cristiana, cuyos dirigentes deben asumir ese papel y recuperar un pensamiento y una actitud que en los años precedentes han olvidado, hasta el extremo de tenerlo como una organización marginal cerca del desaparecimiento legal. Algo deberán hacer.
El Partido Radical está muriendo sin pena ni gloria. Perdió sus oportunidades.
En la medida de que esos partidos no cumplan su rol, queda un vacío difícil de llenar, pero me asiste el convencimiento de que en el pueblo –intelectuales, trabajadores, jubilados, estudiantes– podrán surgir voces y personas para agitar positivamente las aguas del inconformismo con la realidad actual y los peligros que ofrece.
Es el momento entonces, de comenzar a buscar ese acuerdo ético básico, para poner en marcha una sociedad hacia su profundo desarrollo humano.
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