En comunas como Calama, San Felipe, Los Andes, Machalí o Ancud, donde se encuentran nuestras sedes, miles de jóvenes deben decidir cada año qué y dónde estudiar. En ese contexto, las recientes declaraciones del ministro de Hacienda sobre la importancia de considerar la empleabilidad al momento de elegir una carrera visibilizan un aspecto relevante de esta decisión.
Sin duda, en un escenario donde muchas familias realizan importantes esfuerzos para financiar la educación superior, conocer las perspectivas de inserción laboral y el potencial retorno de la inversión educativa constituye un elemento que merece ser considerado.
Pero, al mismo tiempo, la elección de una carrera suele responder a otros factores igualmente significativos, como las habilidades, intereses, vocaciones y proyectos de vida de cada estudiante.
Asimismo, el desarrollo del país requiere la formación de técnicos y profesionales en una amplia diversidad de áreas, muchas de las cuales cumplen funciones esenciales para el bienestar social, el desarrollo cultural y el crecimiento productivo. Por ello, una decisión informada debiera integrar tanto las oportunidades laborales futuras como las aptitudes y aspiraciones personales de quienes emprenden un proyecto de educación superior.
Esta discusión también interpela a las propias instituciones de educación superior. La pertinencia no consiste únicamente en diseñar carreras conectadas con el entorno, sino en asumir la responsabilidad de ofrecer proyectos formativos sólidos, con resultados verificables y capacidad real de aportar al desarrollo de los territorios donde están presentes.
No basta con ampliar cobertura o diversificar modalidades; las instituciones deben demostrar que generan aprendizajes significativos, oportunidades de movilidad social y formación coherente con las necesidades del país y sus comunidades.
En la Universidad de Aconcagua, presente en ciudades con menores oportunidades de acceso a la educación superior, estas preguntas tienen una expresión concreta en las altas tasas de empleabilidad al segundo año de egreso en carreras como Enfermería (91,9%) y Psicología (89,9%), cifras por sobre los promedios nacionales.
Son resultados que exigen evaluación permanente, procesos internos sólidos y disposición a rendir cuentas, precisamente lo que hoy buscamos fortalecer mediante nuestro proceso de acreditación institucional.
La pertinencia no es sólo una exigencia académica: es una responsabilidad social con los estudiantes, sus familias y los territorios donde ejercerán su profesión.
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