Durante las últimas semanas, hemos escuchado cómo hombres de ultraderecha intentan justificar el proyecto “Escucha su corazón” argumentando que forzar a las mujeres a escuchar los latidos fetales es un acto de “consentimiento informado” e, incluso, una medida necesaria para combatir la histórica crisis demográfica del país. Dicen que esta barrera al aborto en tres causales protegerá vidas. Pero dejemos la retórica ideológica a un lado y hablemos con datos. ¿Qué dice la evidencia empírica, científica y médica sobre esta iniciativa? Los números y datos demuestran que es un absoluto fracaso.
Primero, la evidencia clínica destruye la premisa de que esto influye en la decisión de la mujer. Estudios de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), basados en más de 15.000 pacientes, concluyen que más del 98% a 99% de las mujeres que acuden con una decisión clara mantienen su determinación, aunque escuchen la actividad cardiaca o vean una ecografía. Según la bioética, someter a las mujeres a esto solo es una intrusión diseñada para infundir culpa y estigmatización innecesaria.
Segundo, analicemos los datos del libreto original porque se trata de un proyecto que copia el decreto impuesto en Hungría por Viktor Orbán en 2022, cuyos resultados oficiales han resultado lapidarios porque entre 2022 y 2025, los nacimientos vivos se desplomaron un 18,6%. Y lejos de disminuir los abortos, la proporción pasó de 24,6 a 28,3 abortos por cada 100 nacidos vivos. Los datos demuestran que imponer barreras burocráticas no inhibe la determinación de abortar, solo dilata los plazos e incrementa el riesgo; ni menos aporta para aumentar la natalidad.
Tercero, los datos clínicos de los que no se hablan. Desde la evidencia médica, es imposible escuchar un corazón real antes de las 10 semanas. A la semana 6, con un embrión de apenas 3 milímetros, no existe un órgano con cavidades o válvulas, sino células que generan impulsos eléctricos; por ello, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) habla de “actividad cardíaca embrionaria” y no de “latido”. Aunque emocionalmente se busque ver un corazón, anatómicamente no lo es, y presentar esta simulación digital como un latido real distorsiona la medicina basada en evidencia.
Frente a una ley que los datos prueban inútil, médicamente riesgosa y cuyo único fin es torturar emocionalmente a niñas violadas o mujeres con embarazos inviables, el silencio del Estado es ensordecedor y los números no mienten.
“Escucha su corazón” no resuelve crisis demográficas, no altera las decisiones de las mujeres y solo las somete a un sufrimiento bajo el disfraz de “información objetiva”. No es una política pública; con los datos sobre la mesa, es simplemente una agenda anti mujeres y anti derechos.
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