Creo que él tiene un marcado complejo de super hombre que lo induce a abarcarlo todo, a dirigirlo todo y a responderlo todo sin reparar en que las tareas de un gobernante son tan absorbentes que prácticamente abruman a cualquier mandatario.

Desde que conocí a José Antonio Kast, hace unos cinco años, me convencí de que él era el hombre destinado a sacar a Chile de su marasmo y convertir al país en lo que todos ansiamos. Desde entonces, me convertí en su ferviente partidario y seguí con fervor su candidatura y luego su triunfal acceso a La Moneda.

Pero un partidario no sirve para nada si se limita a aplaudir todo lo que su mandatario dice o hace, el buen partidario es aquel que ayuda al presidente a corregirse y volver a repasar aquello que ha motivado la crítica del incondicional soldado.

Es desde ese punto de vista que hay que entender las críticas que hago a las primeras semanas de gestión presidencial de José Antonio Kast.

Creo que él tiene un marcado complejo de super hombre que lo induce a abarcarlo todo, a dirigirlo todo y a responderlo todo sin reparar en que las tareas de un gobernante son tan absorbentes que prácticamente abruman a cualquier mandatario. Ese complejo se refleja en el ordenamiento que le ha dado a su gobierno.

Por ejemplo, ha mantenido el número de ministros que Boric necesitaba para sus fiestas, aquellas en que so pretexto de reunión ministerial, juntaba una buena patota para disfrutar de la vida en el Cerro Castillo de Viña del Mar.

Todos sabemos, menos Kast, que la mitad de los ministerios que existen en Chile son puestos para acomodar amigos y que sus ministerios no sirven para nada. Por ese camino hemos llegado a tener un cuerpo ministerial de un tamaño absolutamente inusitado. Todos sabemos que el número de ministros que hoy existen en Chile no es otra cosa que la premiación de amigos o jefes de partidos y que hay una infinidad de ministerios que no sirven para nada.

Sin embargo, Kast pretende dejarlos todos, asumiendo una titánica tarea que podría evitarse si hiciera un buen ordenamiento.

Asumo el compromiso de proponer un ordenamiento gubernamental que no traicionaría las fuerzas de una persona, aunque se parezca a un super hombre.

Pero adelantar conceptos nunca está de más y es así como propongo un ministerio de siete superministros (Interior, Relaciones Exteriores, Defensa, Educación, Salud, Seguridad Interior y Legislación), pueden haber otros ministerios necesarios que pueden pasar a subsecretarias de algunos de los ministerios principales y los que no quepan tampoco en esa categoría deben desaparecer simple y llanamente.

Está comprobado que la atención de una persona muy inteligente se turba cuando debe dirigir a siete personas y no hay más que observar los directorios de las empresas más intricadas del país para ver que jamás violan la ley de directorios de nueve miembros.

No hay que olvidar, tampoco, que el presidente Kast tendrá que pasar buena parte de sus días en el extranjero y no por hacer turismo, como ocurrió con Boric, sino para posicionar a Chile en las posiciones más favorables y encontrar los mejores aliados según las circunstancias que genere la política mundial.

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Es aconsejable, también dedicar una cuota importante de tiempo presidencial a las jefaturas de los partidos de gobierno para que asuman ellos la tarea de sacar adelante la legislación que el régimen necesite.

En fin, el día que el presidente Kast ordene su gobierno, con el realismo del hombre consciente de la tiranía del tiempo y del límite de su personalidad, estará en condiciones de llevar a cabo todos sus sueños de gobernante y sus rivales de hoy serán los que al tercer año de gobierno comenzarán hablar de reelección.