La forma también gobierna: sin claridad ni conexión, no hay liderazgo que se sostenga.
Presidente, se lo digo en buena. Y también a quienes lo rodean: no se piquen. Esto no es un ataque, es una advertencia oportuna. Hay expectativas, y su gobierno recién comienza. Por eso, lo que estamos viendo en materia comunicacional no solo preocupa: resulta, francamente, inconcebible.
Chile no está entendiendo bien lo que su gobierno quiere decir. Y eso, en política, es un problema estructural.
No se trata de matices ni de interpretaciones finas. Se trata de errores reiterados que evidencian desconexión social, falta de criterio comunicacional y, en algunos casos, una preocupante ausencia de profesionalismo.
Partamos por lo evidente: la vocería. Presidente, cuando la vocera necesita vocería, algo está profundamente mal. No es un problema de estilo, es un problema de fondo. Hemos visto declaraciones imprecisas, errores conceptuales, o inoportunos silencios -como el episodio del estrecho de Magallanes- y publicaciones oficiales con faltas ortográficas. Sí, faltas ortográficas en canales institucionales. Eso no es anecdótico: erosiona credibilidad.
La comunicación política no es un accesorio. Es parte central del ejercicio del poder.
A esto se suma la desconexión de algunas autoridades. Las recientes declaraciones de la ministra del Deporte -planteando que “hay que vestirse bien” o priorizar la apariencia- no solo fueron desafortunadas: fueron socialmente desconectadas. En un país con brechas y demandas urgentes, ese tipo de mensajes no pasan inadvertidos. Generan distancia, molestia e incomprensión.
Pero el punto más crítico, Presidente, es usted.
Su primera cadena nacional -donde presentó el Plan de Reconstrucción Nacional- dejó una señal inquietante: costó entenderla. Se lo digo con respeto, pero con total claridad como un chileno más: tuve que escucharla tres veces.
Soy académico, estoy habituado al lenguaje técnico. Si a mí me costó, ¿qué queda para el ciudadano común?
La política no es un seminario universitario. Es comunicación efectiva con millones de personas. En concreto, conectar con la gente.
Y aquí hay un punto que he planteado de manera consistente en mis columnas: la comunicación no es lo que usted dice, es lo que la gente entiende y recuerda. Lo reitero con convicción: comunicación es percepción. Un mensaje técnicamente correcto que no se comprende, simplemente no existe en la práctica política.
Además, hay una realidad ineludible: la gente no retiene discursos largos ni complejos. El ciudadano promedio se queda con 10 a 15 segundos de contenido significativo. Ese es el espacio donde hoy se juega la política. Si en esos segundos no hay claridad, no hay conexión ni relato, no hay impacto.
Las intenciones pueden ser buenas. Pero en política, las buenas intenciones que no se comprenden, no existen. No basta con hacer: hay que explicar y, sobre todo, conectar.
Permítame un ejemplo simple: la gallina no solo pone el huevo, también cacarea. Porque necesita que se sepa. En política ocurre lo mismo: si usted no comunica bien, es como si no hiciera.
A veces, menos es más. Hablar simple no es hablar poco: es hablar claro. Es sintetizar, jerarquizar y traducir lo técnico a lo humano.
Hoy vemos una suma de señales en la dirección equivocada: desprolijidad en la vocería, errores evitables, declaraciones desconectadas y un mensaje presidencial que no logra aterrizar. Y todo esto en menos de un mes de gobierno.
Presidente, aún está a tiempo. Este no es un problema irreversible, pero sí urgente. Corregir la comunicación no es cosmético: es estratégico. Es gobernabilidad pura. Un gobierno que no se entiende, pierde legitimidad antes de ser evaluado por sus resultados.
Rodéese de mejores comunicadores. Simplifique el mensaje. Ordene la vocería. Aterrice el lenguaje. Y escuche cómo suenan sus palabras en la calle, no solo en el papel. Porque gobernar también es hacerse entender. Y hoy, Presidente, Chile no le está entendiendo.
Finalmente Presidente, no pierdan la oportunidad de construir cercanía con Chile. No pierdan la oportunidad de conectar con el ciudadano. No pierdan ese instante decisivo -esos primeros segundos- en que su voz, y la de su equipo, transmitan esperanza, tranquilidad y la convicción de que las cosas van a estar bien. Hoy, Presidente, eso no se está logrando con la claridad necesaria.
Ojalá esta reflexión llegue a su equipo y sea leída como lo que es: una contribución franca, directa y necesaria.
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