El desafío de política pública no consiste únicamente en aumentar la cantidad de puestos de trabajo disponibles, sino también en promover condiciones que favorezcan la formalización, la productividad y la protección social.

La evolución reciente de la informalidad laboral constituye uno de los fenómenos más relevantes y preocupantes del mercado laboral. Si bien la atención suele concentrarse en la tasa de desocupación -que alcanzó 9,1% en el trimestre febrero-abril-, el aumento sostenido de la informalidad revela una dimensión distinta y más estructural de las dificultades que enfrenta la economía.

La tasa de ocupación informal se ubicó en 26,8%, equivalente a 2,5 millones de personas, registrando un aumento de un punto porcentual respecto de igual período del año anterior. Paralelamente, el empleo informal creció 4,5% anual, una cifra muy superior al aumento de 0,7% observado en la ocupación total.

Más aún, la información disponible indica que el crecimiento reciente del empleo se encuentra impulsado principalmente por trabajadores por cuenta propia y asalariados informales, mientras que el número de asalariados formales presenta una contracción anual de 1,7%.

Las consecuencias de la informalidad laboral son múltiples y profundas. La ausencia de cotizaciones previsionales y de salud limita el acceso a los principales mecanismos de protección social existentes en el país. Los trabajadores informales generalmente no acumulan ahorro previsional suficiente para financiar una pensión adecuada para su vejez, carecen de cobertura del seguro de cesantía y enfrentan mayores dificultades para acceder a beneficios asociados a la seguridad social.

Así, la informalidad no solo genera vulnerabilidad en el presente, sino que además incrementa significativamente el riesgo de pobreza y precariedad cuando jubilan.

Además, la ausencia de contratos formales limita las oportunidades de capacitación, reduce la inversión en capital humano y restringe la posibilidad de acceder a mejores remuneraciones en el largo plazo.

La evidencia muestra que la ocupación informal se concentra especialmente en sectores como comercio, servicios, ocupaciones elementales y actividades de baja complejidad productiva. Cuando una proporción significativa de la fuerza laboral se desempeña en estas condiciones, la capacidad del país para aumentar su productividad y sostener tasas elevadas de crecimiento se ve limitada.

Particularmente preocupante resulta la composición reciente del aumento de la informalidad. Tradicionalmente, este fenómeno se asociaba al trabajo por cuenta propia. Sin embargo, las cifras más recientes muestran una expansión significativa de los asalariados informales, especialmente en el sector privado, donde este grupo registra un alza de 10% anual.

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Este comportamiento podría estar reflejando estrategias de ajuste empresarial orientadas a reducir costos en un contexto de bajo crecimiento económico e inversión débil, configurando un proceso de deterioro de la calidad del empleo más que una expansión del emprendimiento independiente.

El desafío de política pública no consiste únicamente en aumentar la cantidad de puestos de trabajo disponibles, sino también en promover condiciones que favorezcan la formalización, la productividad y la protección social. Solo así será posible avanzar hacia un mercado laboral más dinámico, equitativo y capaz de contribuir al crecimiento económico a largo plazo.

Gustavo Díaz
Economista
Instituto Libertad

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