VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La tensión entre Chile y Argentina por el Estrecho de Magallanes ha generado un conflicto interno en La Moneda, donde el ministro de Defensa, Fernando Barros, reveló avances en las negociaciones, generando malestar en Cancillería al comunicar públicamente detalles que se manejaban con cautela. La discrepancia surge en cómo abordar la situación: Defensa enfatiza la dimensión estratégica y militar, mientras que Cancillería busca mantener el diálogo abierto con Buenos Aires. El contexto se complica con la visita del presidente José Antonio Kast a Magallanes, coincidiendo con la polémica sobre la soberanía del Estrecho. La llegada del político argentino Milei plantea un desafío para Kast, quien debe mostrar firmeza sin generar más confrontación.

Hay algo que puede incomodar más que una controversia diplomática para cualquier gobierno: que la forma de abordarla se convierta, además, en un problema interno. Eso es lo que vuelve a asomar en La Moneda a propósito de la tensión con Argentina por el Estrecho de Magallanes. Esta vez no fueron las declaraciones de un general argentino las que obligaron al Ejecutivo a reaccionar, sino una diferencia más doméstica: quién comunica los avances de una negociación sensible y cuánto conviene decir antes de que Javier Milei llegue a Chile.

Y otra vez, el protagonista fue el ministro de Defensa, Fernando Barros.

Desde Punta Arenas, y en la antesala de los ejercicios militares que inspeccionará el presidente José Antonio Kast en el extremo austral, Barros reveló que Argentina ya tendría listo el texto destinado a modificar el decreto 457 de 2021 y que este se encontraría en manos de Milei, esperando su firma.

La información no era menor. De concretarse, implicaría avanzar en uno de los puntos que Chile considera centrales para cerrar el episodio: dejar atrás la referencia argentina al Estrecho como un espacio de “uso compartido” y al “control conjunto” de la zona.

Pero el problema, al menos para Cancillería, fue otro.

Barros estaba contando públicamente el estado de una negociación diplomática que Relaciones Exteriores había venido administrando con cautela. Y lo hacía, además, a horas de que Kast se instalara en Magallanes para participar en ejercicios militares y mientras en Santiago se prepara la eventual reunión bilateral con Milei.

No hubo un choque frontal entre ambos ministros. Tampoco una desautorización pública. Lo que apareció fue algo más sutil: una corrección por la vía de los énfasis.

Consultado por el anuncio de Defensa, el canciller Francisco Pérez optó por quitarle el carácter de novedad. Según explicó, el documento ya estaba en la agenda del Gobierno desde marzo.

“Cuando llegamos al gobierno en marzo, el primer viaje que hicimos fue justamente a la República Argentina y el canciller en esa oportunidad me ratificó que, efectivamente, esto estaba para la firma del presidente en aquella época. Para mí no es nuevo, como le repito, esto estaba en la agenda”, sostuvo.

El mensaje fue claro: sí, el documento existe, pero no se trata de un avance inesperado ni de una noticia surgida de las últimas conversaciones.

En otras palabras, Defensa informó un avance. Cancillería recordó que ese avance ya era conocido. Y en medio quedó La Moneda, obligada a ordenar dos versiones que no necesariamente se contradicen en el fondo, pero sí compiten por el control del relato.

Una disputa que va más allá de dos ministros

El episodio revela una tensión entre dos aproximaciones dentro del Gobierno.

Para Defensa, la controversia tiene una dimensión estratégica y militar imposible de separar del territorio. No es casualidad que Barros haya entregado la información desde Magallanes y que Kast vaya a participar de ejercicios de la Armada en el Teatro de Operaciones Austral.

Para Cancillería, en cambio, el objetivo inmediato parece ser evitar que la disputa escale y mantener abierto el canal con Buenos Aires hasta conseguir que el compromiso argentino se transforme finalmente en un acto formal.

Las dos miradas pueden convivir. El problema aparece cuando hablan al mismo tiempo.

Cancillería necesita que Milei firme. Hasta que eso ocurra, el Gobierno tiene poco interés en presentar el asunto como resuelto. Por eso, la respuesta de Pérez funciona también como una señal de cautela: el texto puede estar preparado, pero lo importante es que Argentina cumpla.

El factor Milei

El contexto explica la cautela. Kast está en Magallanes justamente cuando la soberanía sobre el Estrecho volvió a ocupar espacio en la agenda bilateral. Aunque el Gobierno insiste en que los ejercicios militares estaban programados y no responden a la polémica, la coincidencia temporal resulta difícil de ignorar.

Este miércoles, el Presidente llegará hasta la Base Aeronaval de Punta Arenas, visitará la Fragata Prat y presenciará una demostración de capacidades operativas y de combate de la Armada. Y pese a que La Moneda ha intentado matizar el alcance de la actividad, las imágenes tendrán inevitablemente una lectura política.

Mientras tanto, en Santiago se prepara la llegada de Milei y una eventual reunión bilateral entre ambos mandatarios, en el marco del Foro de Madrid. Y ahí aparece el dilema para La Moneda.

Kast necesita mostrar firmeza respecto de la soberanía chilena, pero sin transformar el encuentro con Milei en un nuevo episodio de confrontación. Necesita exigir el cambio del decreto, pero también preservar una relación política que su administración considera relevante.

Por eso, cada palabra cuenta.