Hace justo cuatro años, nuestro país se preparaba para vivir el plebiscito que iba a marcar para siempre a nuestra generación. El 4 de septiembre de 2022 definiría el rumbo de nuestro país.

Chile caminaba por la cornisa y debía optar por mantener la Constitución que nos permitió encontrar estabilidad política y económica o por un proyecto que era un verdadero salto al vacío: creaba justicias diferenciadas, rompiendo con la igualdad ante la ley; debilitaba la institucionalidad y el sistema político; generaba incertidumbre en la propiedad privada y la vivienda; y que, además, fue redactado con un evidente maximalismo y una constante exclusión de todos quienes se apartaban de la línea oficial de pensamiento.

Si hacemos memoria, antes de llegar a ese histórico día, existió un 25 de octubre de 2020. Fue en esa fecha, cuando abrumadoramente se aprobó la redacción de una nueva Constitución que empezó a construir, en forma silenciosa, el equipo que lideraría el Rechazo al interior del proceso constituyente. Estábamos convencidos de que ese 22% se podía convertir en una mayoría que rechazara la locura en la que nos habíamos embarcado.

Para eso pusimos a nuestros mejores candidatos a dar la pelea y levantar la voz por aquello que creíamos que estaba en juego: la unidad territorial de Chile, la igualdad ante la ley, el respeto por nuestras instituciones, la propiedad privada y la existencia de una República común para todos.

Pese a eso, los meses que vinieron después no fueron más alentadores. La elección de Rodrigo Rojas Vade y de la denominada “Tía Pikachu”, junto con la irrupción de la Lista del Pueblo y otros grupos fuertemente identitarios, con una fuerza suficiente para impulsar profundas transformaciones, obligaron a actuar con carácter, seriedad y extremo profesionalismo.

Una fecha histórica que nos debe llevar a reflexionar y recordar un proceso que hizo elegir a Chile entre el retroceso o seguir avanzando y, sin duda, triunfó la sensatez.

Desde la UDI, lo dijimos desde el primer día que estábamos por el Rechazo porque creíamos en un Chile unido, libre y justo, y cuando muchos daban esa batalla por perdida, salimos a defender esas ideas en cada rincón del país. El tiempo nos dio la razón y este 4 de septiembre no debe ser una celebración de una derrota ajena, sino la valoración de una victoria de todos los chilenos: la victoria de la sensatez y de la unidad por sobre la división.

Pero esa historia no termina ahí. Chile ya rechazó la idea de partir de cero. Ahora nos corresponde construir sobre lo construido y el próximo paso es claro. Si quienes representamos a ese 62% queremos que esa mayoría se traduzca en una alternativa política capaz de gobernar, debemos ser capaces de alcanzar acuerdos.

De cara a las próximas elecciones municipales y de gobernadores regionales, tenemos que hacer el esfuerzo de construir una lista única entre quienes compartimos ese camino, especialmente en las elecciones uninominales, donde la división solo favorece a nuestros adversarios.

Porque Chile ya dijo que no a la refundación. Ahora nos toca demostrar que sabemos construir.