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Disputa legal por gato Perseo

Estrés, arañazos y un "gato penca": los detalles de la demanda por la custodia total de Perseo

Sandra Martínez Tapia

Periodista de Investigación en BioBioChile.

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Domingo 30 agosto de 2026 | 06:01
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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Carlos y Catalina, una pareja separada, disputan la custodia de Perseo, el gato que adoptaron juntos. Luego de problemas de salud del felino, la relación se tensó, llevando a una batalla legal. A pesar de un acuerdo inicial de custodia compartida, la Corte de Apelaciones de Valdivia decidió que el gato permanezca con Catalina. El juez reconoció a los animales como seres sintientes, ordenando un régimen de tenencia compartida para garantizar su bienestar.

Los nombres de los involucrados han sido modificados para proteger su identidad.

Para el 24 de mayo de 2025, a Carlos ya no le quedaban muchas opciones para comunicarse con Catalina. Él y sus padres estaban bloqueados por redes sociales y, con una demanda por violencia intrafamiliar en su contra, era poco lo que podía hacer. Aún así agotó su último recurso: escribirle un correo a las 00:10 de la noche.

—Porfavor dejame ver a perseo. No me puedes dejar sin verlo. Perseo es todo para mi. No puedo dormir por las noches. Yo deje de hablarte para no molestarte, te deje tranquila todo este tiempo, tu me prometiste que íbamos a seguir con el acuerdo de verlo los dos y yo te crei. Dejame verlo porfavor, no aguanto este dolor (sic).

Terminó bloqueado una vez más. El mensaje que vino le rebotó.

El siguiente paso de Carlos fue demandar a Catalina y exigir legalmente la custodia de Perseo, el gato que ambos adoptaron cuando todavía eran pareja. Fue precisamente el 10 de febrero de 2026 que ingresó un escrito en el 2º Juzgado de Letras de Osorno. El libelo —al que accedió Bío Bío Investiga— expone que el acuerdo entre ambos siempre fue tener a Perseo con custodia compartida, incluso estando separados.

El conflicto vino cuando Perseo comenzó a decaer. Según se lee en sus chats e informes de veterinarios, comenzó a orinarse y vomitar a causa del estrés que le generaba trasladarse de un hogar a otro. Ni la comida especial, ni los cepillados, ni “prepararlo” antes de cada viaje estaba funcionando.

El quiebre total vino cuando un día, Carlos lleno de sospechas de que iba a perder a Perseo, decidió no devolvérselo a Catalina. Luego, ella hizo lo mismo y cortó comunicación de forma radical. Argumentó que el gato era de ella. Y lo era, al menos según el registro de mascotas. Pero según las pruebas entregadas por Carlos, con voucher y boletas incluidas, fue él quien buscó al gato recién nacido y lo financió hasta el último día.

Producto de no poder verlo más, Carlos aseguró que cayó en un profundo estrés. Tuvo que faltar al trabajo, presentar una licencia psiquiátrica y hasta sufrió de insomnio.

La justicia le dio la razón en primera instancia. Acordó que el gato debía ser de ambos. Sin embargo, la Corte de Apelaciones de Valdivia recientemente revocó la sentencia. Aplicó otro criterio: que los animales son sintientes. Y decidió que Perseo debía quedarse para siempre con Catalina.

Primer acuerdo

La historia, según Carlos, va así.

En septiembre de 2021, cuando ambos eran pareja, decidieron adoptar un gato. Fue Carlos quien hizo el contacto con el “Piojo”, un chico que estaba regalando una camada. Al principio, el plan era conseguir una hembra porque Catalina ya tenía un macho en la casa de sus padres y no querían estropear la convivencia.

El Piojo les explicó que todas las gatas estaban reservadas. La única opción era Perseo. Sin más trabas, aceptaron igual. Solo esperaron que cumpliera los meses de lactancia.

—Durante ese período preparé meticulosamente su llegada: compré el arenero, arena sanitaria, platos y alimento adecuados a su edad. Organicé las recomendaciones iniciales de adaptación (espacio indoor, higiene, y rutina de alimentación) para recibirlo en condiciones seguras y dignas —se lee en la querella interpuesta por Carlos.

El gato llegó en octubre. Catalina vivía en una cabaña con un amigo y Carlos en casa de sus padres, así que el “acuerdo explícito” que desde un inicio mantuvieron fue la custodia compartida. Un mes cada uno.

—La idea fue siempre que el gatito se habituara a ambos entornos sin estrés, con rutinas estables de alimentación, arenero y descanso.

El primer mes se quedó con Catalina. Estandarizaron rutinas y fijaron parámetros de cuidado.

—Aun viviendo en domicilios separados, el co-cuidado fue estable y organizado: acordamos puntos de entrega (normalmente en uno de los domicilios), franjas horarias que evitaran el calor o el frío extremo, y precauciones durante el transporte (colocar una base impermeable en el asiento, paño o saco para confort, y pausas si el gato se agitaba).

Carlos planteó que en ningún momento significó eximirse de responsabilidades. Siguió pagando por su salud, alimentación y traslado.

“Muy penca el gato”

Los problemas, sin embargo, empezaron igual. Con los primeros viajes, Perseo vomitaba lo que comía. La veterinaria lo diagnosticó con desnutrición y destete temprano. Implementaron leche materna artificial y más cuidados adicionales.

—En enero de 2022 Catalina le escribió a Carlos. Eran las 13:59.

—Amor, este gato está volviéndome loca. Maulló toda la mañana.
—Quieres que me lo quede x unos días? —le respondió él.
—No amor, a ti te toca estar con él en febrero.
—Bueno
—Pero está muy penca el gato. Todos los días y todas las malditas mañanas no deja dormir. Pide comida a cada segundo. No sé qué tiene.

Se mantuvo bien hasta que en mayo de 2022 vino uno de los incidentes más graves: Perseo se tragó una aguja con hilo en la casa de Carlos. Estuvo decaído y con vómitos. Pero sobrevivió y, extremaron, una vez más, los cuidados. También modificaron la alimentación con comida premium para proteger la salud renal y su metabolismo.

La relación se mantuvo en paz durante ese año hasta que en marzo de 2023 surgió otro conflicto: saber si Perseo tenía leucemia felina.

El origen de las sospechas surgieron por parte de Catalina. Su vecino tenía un gato con la enfermedad y pensó que Perseo podía estar contagiado. Costearon exámenes para descartarlo. Ese día Catalina le escribió a Carlos: “Pero amor, no hay plata y los tíos ya han ayudado harto. Igual me da lata que estén costeando todo :/”.

Los “tíos”, eran los padres de Carlos.

En la denuncia, Carlos planteó que cuando le tocaba a él, Perseo dormía a su lado y “se acercaba a olfatearle el rostro antes de recostarse”. Desde su perspectiva, siempre sintió una afinidad. Jamás un rechazo.

—En controles y vacunaciones yo lo sostengo y lo calmo; nunca me ha arañado ni mordido, lo que atribuyo a la confianza que hemos construido. Me considero su “humano” y no su “amo” (…) Conforme a los antecedentes que obran en nuestras conversaciones, mientras yo he mantenido siempre un trato cariñoso y atento, en ocasiones Catalina manifestó quejas por ruidos nocturnos e incluso reacciones indebidas hacia el animal.

El quiebre

En agosto de 2023 la relación entre ambos terminó. Según la versión de Catalina, rompieron por “hechos de violencia, infidelidad y negligencia”.

—Al culminar la relación, no obstante que desde un inicio, Perseo fue mi mascota —afirmó Catalina—. Sabiendo que Carlos y su familia estaban encariñados con él, permití que el cuidado alternado se mantuviera, siempre contemplándose que el gato era mío y que las decisiones de sus cuidados eran tomadas por mi persona.

Siguieron con esa dinámica hasta 2025. Un mes cada uno. A principios de ese año las tensiones entre ambos ya no daban más. En enero Carlos le escribió a Catalina un mensaje que posteriormente borró. El registro, de todas formas, quedó guardado.

“Hola, hay algo que llevo mucho tiempo queriendo hablar contigo, pero como es un tema difícil no me había sentido preparado para hacerlo todavía (…) quiero tener la custodia total de Perseo, en principio Perseo era un regalo para mí, mi primer gatito, escogí criarlo contigo pero ahora que ya es grande, y nosotros ya no estamos juntos, creo que lo mejor para todos es que él tenga estabilidad, sé que es difícil para ambos seguir viéndonos, y esto te permitiría a ti también tener una nueva vida con tu pareja”.

Catalina fue categórica al responderle: “¿En qué momento fue un regalo para ti? No pienso darte la custodia total de Perseo. Y me da igual relacionarme o no contigo, si solo es por Perseo. El resto de lo que te pasa a ti no me importa”.

Carlos le pidió disculpas. Dijo que fue su nueva pareja quien se “metió a escribirle eso”.

Entonces, vino el quiebre definitivo.

“Perseo se queda conmigo”

Los mensajes que vinieron cada vez eran más monosilábicos hasta que un día Catalina le espetó:

—Hola. Perseo está bien, pero llegó con algunas heridas y algo pegado en su pata. Yo necesito saber si Perseo lo sacas afuera o está conviviendo con otro gato.

—Hola, lo saco pero con arnés solamente. Y sí, está conviviendo con otro gato —le respondió Carlos.

—Eres bien care raja diciéndome que tenga que criar a otro gato para que no te vea más la cara o para que viva tranquila con mi pareja cuando tú ya tienes otro mishi, sin haber adaptado bien al Perseo.

La gata con la que vivía Perseo y con la que “rara vez peleaba” según Carlos, era la mascota de su nueva pareja.

Con esto encima, el 2 de abril de 2025 Carlos aseguró que sufrió una “crisis de ansiedad intensa”. ¿La razón? Catalina le comentó que le había comprado otro plato de comida y un arnés. Él lo interpretó como una señal de que no le iba a entregar nunca más a Perseo, y decidió no devolvérselo, pese a que era su turno de tenerlo.

—La reacción de Catalina fue hostil e inmediata: se presentó primero en la casa de mis padres y luego en mi domicilio exigiendo la entrega, sin disposición a establecer una pauta segura de restitución ni a tomar medidas que redujeran mi temor —esboza la querella de él.

Recién al día siguiente le respondió los mensajes otra vez y le entregó el gato. Catalina aseguró que mantendría el acuerdo, pero para mayo, le escribió un mensaje:

“Hola Carlos, con todo el respeto que te mereces y con todo lo que ha pasado, Perseo se va a quedar conmigo. Espero que por el bien del gato y mío entiendas… Se te dieron todas las oportunidades habidas y por haber y por salud mental (mío), por tranquilidad del mishi, él se quedará bajo mi custodia. Perseo es legalmente mío por si se te había olvidado, espero que te vaya bien en tu vida”.

Después de eso, lo bloqueó. También bloqueó a los papás de Carlos que le pedían ver al animal.

Sin contacto

Carlos intentó por todos los medios intentar ver al gato. Fue hasta el lugar de trabajo de Catalina para intentar conversar. Lo terminó echando el jefe de ella y además, terminó con una denuncia por violencia intrafamiliar.

En los alegatos, Catalina explicó que lo hizo para “priorizar a Perseo” y evitar que se cambie de hogar.

—Comenzaron una serie de actos en que se involucró la mamá y papá de Carlos, en que me hablaban por distintas redes sociales e iban a mi local en el que trabajo, con la excusa de comprar pizza, solo para insistir en que les permitiera compartir con Perseo. Por ello, me vi en la necesidad de presentar una denuncia por violencia intrafamiliar —aseguró Catalina.

La denuncia fue desestimada porque el abogado de Catalina no se presentó.

Con todo esto encima, Carlos explicó que no ver a Perseo le ha “provocado un dolor persistente”. Ya no puede dormir, tiene dolores musculares y jaquecas. Además de taquicardia, llanto incontrolable y sensaciones de ahogo. Entregó un informe psicológico para acreditarlo.

—Estos síntomas aparecen con mayor intensidad ante estímulos gatillantes (fotos, recuerdos y conversaciones sobre Perseo) y han ido configurando un cuadro que interfiere seriamente con mis actividades básicas del día a día.

Familia multiespecie

En primera instancia el tribunal concluyó que, si bien Perseo estaba inscrito en el registro de mascotas bajo la tuición de Catalina, “figurar como “responsable” en el microchip no equivale necesariamente a ser dueño exclusivo”. Lo anterior, porque ser dueño también incluye responsabilidad administrativa como la que tuvo durante años Carlos.

Lo que solicitaban específicamente en la demanda era el cese de goce gratuito. En simple: quién se queda con el gato. Y aplican esta acción legal porque técnicamente, según el Código Civil, los animales todavía son clasificados como “cosas corporales muebles semovientes”. Y el “goce”, no es dinero en este caso. Es más bien la compañía y el vínculo afectivo.

—Así las cosas, al ser los animales, y en el caso de “Perseo”, un ser sintiente que genera lazos afectivos, el cese de goce gratuito se traduce en el establecimiento de un régimen de tenencia compartida (por ejemplo, semanas alternadas), en lugar de ordenar la venta del animal para repartir el dinero —estipuló el tribunal.

Y como todavía falta una legislación especial “para familias multiespecie”, expuso el juzgado, los ajustes procesales para proteger a la mascota deben ir enfocados en que son seres sintientes para procurar siempre su bienestar.

—Por lo anterior, es que se fijará un régimen de cuidado compartido entre los copropietarios durante un mes completo cada uno, comenzando por el demandante, a partir del tercer día siguiente a la fecha en que se encuentre ejecutoriada la presente sentencia —concluyeron.

En otras palabras, el juez Guillermo Olate Aránguiz del Segundo Juzgado de Letras de Osorno acogió la demanda de Carlos para que él también pudiera verlo.

Bienestar gatuno

Catalina interpuso un recurso de apelación en la Corte de Apelaciones de Valdivia. Alegó que Perseo estaba viviendo con el gato de la nueva pareja de Carlos, lo que “derivó en peleas entre ambos animales y en que Perseo fue devuelto con heridas en su cuerpo”.

—Frente a este quebrantamiento, mi representada tomó la decisión legítima y razonada de poner fin al régimen de alternancia, en mayo de 2025, priorizando el bienestar de Perseo. Desde entonces, el animal ha vivido de manera estable y tranquila en el domicilio de Catalina, sin los traslados que le generaban estrés, temblores, vocalizaciones y micción involuntaria —señalaron.

El ministro Samuel Muñoz Weisz enfatizó en un punto: si bien los animales están en la categoría de bienes muebles, hay que tener un cambio de paradigma para concebir a estos seres como sintientes. Es decir, que sienten dolor, placer, tienen emociones e incluso, son seres inteligentes.

—Son por ello, individuos vivientes sensibles que merecen un trato diferente y por ende, dejan de ser o a lo menos no deben entenderse como simples objetos de dominio o propiedad (…) Se trata de oír a los que no tienen voz, asunto que para la judicatura es de la mayor relevancia— aclaró.

Apuntó también a que Carlos y Catalina ya no mantenían una relación apropiada para Perseo porque existía un ambiente de tensión entre ambos.

—No se advierte ninguna probanza que dé certeza de cuál es el mejor lugar para el gato, o quien de las partes ejercerá mejor su cuidado, o con quién mantiene un vínculo más fuerte y sustentable. Esta Corte comprende de igual manera que una vinculación sana de las partes con el animal, llevaría a discernir por parte de estos que la exposición a un ambiente de enfrentamiento permanente, lo expone a un estado de estrés grave y constante que incide en su salud y bienestar general, considerando su carácter territorial y rutinarios, por lo que el cambio frecuente de sus espacios y hábitos, afecta la salud física y mental del gato.

Resolvió, con estos antecedentes, revocar la sentencia y dejarle a Perseo exclusivamente a Catalina.

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