Nacional
Jueves 20 junio de 2019 | Publicado a las 13:31 · Actualizado a las 13:48
Oscar Guillermo Garretón por crisis en el PS: "Debemos matar el orden establecido socialista"
Por Matías Vega
La información es de Néstor Aburto
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El militante socialista, Oscar Guillermo Garretón Purcell, fue estrecho colaborador de Salvador Allende y Patricio Aylwin. Hoy, en medio de la crisis que vive el Partido Socialista chileno, escribió una carta en que reconoce que el Golpe de Estado de 1973 fue el desenlace a una derrota que había partido mucho antes y que pasó por la conducción de la Unidad Popular.

Agregó que la muerte de Salvador Allende minimizó los errores cometidos por su sector en ese periodo, ya que sensibilizó al mundo, lo que les dio espacio para analizar o recapacitar sin la obligación de defenderse de lo obrado.

Por estos d√≠as el Partido Socialista chileno enfrenta una de sus peores crisis desde el regreso a la democracia en 1990. Se habla desde hace un tiempo de militantes ligados al narcotr√°fico o “narcosocialistas” los cuales salieron nuevamente a la palestra producto de la √ļltima elecci√≥n interna, lo que abri√≥ un sombr√≠o camino hacia el futuro de uno de los partidos clave en el proceso del fin de la dictadura de Pinochet y motor principal de la desaparecida Concertaci√≥n de Partidos por la Democracia.

Gobernaron de la mano de los acuerdos pol√≠ticos bajo las administraciones de Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, sin embargo, en los √ļltimos a√Īos el deterioro interno del otrora partido ancla de la gobernanza chilena est√° en entredicho, al igual que el socialismo Latinoamericano que ha sido reemplazado por proyectos pol√≠ticos de derecha.

Por ello, el reconocido militante socialista, Oscar Guillermo Garret√≥n Purcell, redact√≥ una carta de 13 carillas -que ha sido reenviada entre militantes del partido‚Äď y que naci√≥ producto de una invitaci√≥n que le realizaron dirigentes del PS a que entregara, “sin cortapisas”, la visi√≥n que tiene sobre la crisis del socialismo y sus caminos al futuro.

Es as√≠ que Garret√≥n, economista de la Universidad de Chile, parte con una breve radiograf√≠a del momento actual e indica que tiene la convicci√≥n de que los fracasos de la izquierda provienen principalmente de su incapacidad para corregir presuntas certezas originarias que no pasaron la prueba de la realidad; y en especial, de su mutaci√≥n de socialista en estatista y de libertaria en autoritaria, bajo la batuta de Marx, Engels y Lenin. La consecuencia fue el paso del idealismo redentor de trabajadores y excluidos, a la burocratizaci√≥n como motivo y motor dominante en su vida. Esa evoluci√≥n transforma a la izquierda en un cuerpo extra√Īo y ajeno al siglo XXI.

Pero, quien ocupó entre 1990 a 1993 la presidencia del directorio del Metro de Santiago, analiza y concluye de forma categórica lo que se vivió en Chile entre 1970 a 1973, bajo el gobierno de Salvador Allende.

Al respecto indica: “Tambi√©n tuvimos nuestra propia derrota en la UP. Fue una derrota pol√≠tica de magnitud monumental, solo su desenlace fue militar. De ella salimos mejor librados por dos razones. La muerte √©pica de Allende conmocion√≥ al mundo, minimiz√≥ nuestros errores y nos dio espacio para recapacitar sin la obligaci√≥n de defendernos por lo obrado. Despu√©s, por la visi√≥n y coraje renovador de los socialistas para desentra√Īar las causas de la derrota y construir cambios profundos en su concepci√≥n de la pol√≠tica”, escribi√≥ Garret√≥n.

Pero la reflexi√≥n tambi√©n incluy√≥ el reconocimiento de errores, dado que el economista socialista, sostiene que “quiz√°s el mas grave error pol√≠tico de la renovaci√≥n socialista fue no sincerar que lo que hac√≠amos era por convicci√≥n. Nunca transparentamos que lo central de ella fue una cr√≠tica radical de lo que hicimos en la UP; diseccionar sus errores para cambiar las respuestas. Luego cometimos otra falta. Preferimos no contradecir la cultura dominante en las filas socialistas y arg√ľimos, con adem√°n justificativo, ‘qu√© quieren, los amarres de la dictadura no nos dejan hacer m√°s’. As√≠ entonces no sembramos renovaci√≥n, sino conservaci√≥n de lo mismo que nos llev√≥ a nosotros a la derrota, del 1973; y al grueso de las izquierdas del mundo en el siglo XX y comienzos del XXI”.

Sobre la crisis actual de la pol√≠tica, Oscar Guillermo Garret√≥n recuerda que la izquierda tiene una responsabilidad mayor que la derecha, por lo que agrega, que la crisis de la pol√≠tica es “ante todo” producto de que la fe en la izquierda se basaba en que sab√≠an que estaban con ellos, que era pura y sincera, y que sab√≠a hacer las cosas.

“No solo en Chile. Es el cambio de mundo, la mayor transparencia sobre la verdad de la vida pol√≠tica cotidiana, la burocratizaci√≥n y corrupci√≥n de las vidas partidarias, los niveles sorprendentes de ineficiencia alcanzado por el estado en esta sociedad moderna que lo desborda. Es el nuevo planeta y sus sociedades de diversidad creciente, conectividad global, democratizaci√≥n y sofisticaci√≥n del conocimiento; con su escepticismo en los otros y las sensaciones de desamparo provocadas por una redistribuci√≥n planetaria del poder econ√≥mico, as√≠ como de riquezas y pobrezas; con desaf√≠os nuevos como el calentamiento global, la protecci√≥n de los oc√©anos, las redes interconectadas globalmente o la inteligencia artificial, ausentes en los manuales cl√°sicos del socialismo; con el hecho que pobres y acosados por la violencia han roto los cercos nacionales y migran: no tienen patria, o es la suya aquel lugar en el que sue√Īan vivir para dejar atr√°s miserias, incertidumbres y violencias”.

Sobre la visi√≥n de futuro, Garret√≥n, sostuvo que “mi esperanza es que m√°s de una vez el socialismo chileno ha sido fuerza innovadora en la izquierda mundial. Lo fue al nacer, lo fue en la ruptura con los cr√≠menes de Stalin y en el apoyo a Tito, tambi√©n con Allende en tiempos que la guerrilla estaba en el altar mayor. Lo fue con la renovaci√≥n socialista‚ÄĚ.

“La tarea es inmensa y no se si terminar√° bien. Dicho en pocas palabras, creo que debemos matar el orden establecido socialista, para construirle un futuro al socialismo”, indic√≥.

El militante hist√≥rico del PS hizo una lista de recomendaciones, que seg√ļn su parecer, podr√≠a servir para comenzar a esbozar un proyecto futuro. Sin embargo, antes de ello reflexion√≥ sobre las razones del momento actual del partido que dirige, por ahora, √Ālvaro Elizalde.

Garret√≥n sostuvo que “la derrota sufrida en la √ļltima elecci√≥n presidencial es de una envergadura solo superada por la derrota de 1973. Se requerir√° la misma entereza y coraje de entonces para enfrentar los errores cometidos y construir nuevas respuestas”.

Es ya evidente que la dirigencia de esa coalici√≥n se conform√≥ por el ansia de volver a estar en el gobierno y no por un proyecto de pa√≠s o una coincidencia program√°tica. Lo han confesado p√ļblicamente.

Acertaron con la consigna de la ‚Äúdesigualdad‚ÄĚ, gran reivindicaci√≥n de esa clase media emergente que reclamaba m√°s espacio en ‚Äúel modelo‚ÄĚ, m√°s certezas de no volver atr√°s y deseos de seguir avanzando. Fue lo m√°s l√ļcido de la coalici√≥n. La desigualdad no es visible para la extrema pobreza, pero s√≠ para la clase media.

El lado oscuro del ‚Äúmodelo‚ÄĚ qued√≥ al desnudo con ese 30% de chilenos que abandon√≥ la pobreza y accedi√≥ a la sociedad de consumo, a la universidad para sus hijos y a la conciencia de diferencias antes invisibles. Convencidos que lo logrado era por su personal esfuerzo, asumieron banderas de igualdad, m√°s como oportunidad personal de subir en la escala social que como sue√Īo igualitario.

La campa√Īa sobre las desigualdades toc√≥ fibras sensibles de las mayor√≠as y descoloc√≥ a una derecha incapaz ideol√≥gicamente de asumir esa bandera; identific√≥ en los empresarios y ‚Äúlos ricos‚ÄĚ al culpable y merecedor del altar de sacrificios; transform√≥ en necesaria la renegaci√≥n de su propio pasado pol√≠tico, porque era tambi√©n el de desigualdades que ahora se abominaban y promet√≠an erradicar.

Sin embargo ese era solo dise√Īo de referencia, para una coalici√≥n con la mirada m√°s puesta en los tiempos que la precedieron que en el futuro; tambi√©n, en la nostalgia de volver como sea y para lo que sea al aparato estatal. Hizo un paquete indiferenciado con 40 a√Īos de historia. Renegaron de su obra previa. Todo era continuismo, injusticia, complicidad con los ricos, los dictadores, los abusadores. Se reinterpretaron los procesos, se tildaron de farsas todas las rupturas y cambios hist√≥ricos. Se hizo un listado de las miserias de ese per√≠odo de 20 a√Īos, que a su juicio solo cambiaba la apariencia de las cosas.

La realidad ha dejado en claro que exist√≠a una consigna movilizadora, pero ni atisbos de programa y menos proyectos estudiados. Ese batiburrillo de diagn√≥sticos, consignas y promesas, crearon una fosa infranqueable entre las expectativas de la gente y lo que el gobierno ofrec√≠a. La improvisaci√≥n, el exabrupto corregido a destiempo, la chapucer√≠a transformada en habitual, la toma por asalto del bot√≠n estatal con sus miles de ‚Äúpegas‚ÄĚ, los honorarios millonarios, los honores y privilegios mareadores, fueron su sello‚ÄĚ.

Para hacer frente a ello, el economista elabor√≥ una lista de 8 puntos, comenzando la recomendaci√≥n con un llamado a ser descarnadamente cr√≠tico con ellos mismos. No tener piedad ni permitirse complacencia alguna, actuar con la implacabilidad con que se tratan errores de otros que los pueden afectar gravemente. Llam√≥ a que se desentra√Īen a fondo en qu√© se equivocaron.

Reconoce en ese mismo p√°rrafo que “es desgarrador porque significa un juicio a nosotros mismos, pero si no lo hacemos, es imposible salir del pantano”.

Agreg√≥ en el mismo punto que “con todo, la magnitud de esta derrota es distinta a aquella tr√°gica de 1973. Pero, si somos sinceros, la gesti√≥n de la Nueva Mayor√≠a nos ha hecho perder autoridad moral y pol√≠tica para gobernar Chile en beneficio de las mayor√≠as y de la naci√≥n como un todo”.

Revisa la carta completa con la dura reflexión de uno de los hombres ancla en la historia del Partido Socialista.

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