La guerra en Medio Oriente parece no tener un desenlace a la vista, pese a que Donald Trump, presidente de EEUU, ha insistido en todos los tonos posibles que está llevando a cabo negociaciones claves con Irán, las cuales han sido negadas con la misma intensidad en la nación islámica.
Lo cierto es que Trump ha caído en una serie de contradicciones en el último tiempo. Desde decir que quería un cambió de régimen, pasando por no reconocer al nuevo ayatolá, vociferando que la guerra “terminaría pronto”, a señales de moderación insospechadas. Ahora su discurso se basa en recalcar las conversaciones “productivas”, declarar casi bromeando con que quiere compartir el control del estrecho de Ormuz con el líder supremo, al cual no reconoce, y rematar todo al sostener que “había recibido un regalo de Irán”.
Por su lado, el país ‘persa’ ha sido enfático en su postura de que “no existen negociaciones”, dejando en claro que el conflicto continúa. Desde el régimen declaran que hay un atisbo de acercamiento, pero todavía muy lejano a un estado de negociación.
Con la serie de declaraciones cruzadas e incongruencias ¿A quién hay que creerle? Por ahora, los medios en EEUU indican que aquel país eligió acercarse a un hombre en particular en Irán: Mohammad Bagher Ghalibaf.
Ghalibaf, de 64 años, es presidente del Parlamento iraní. General retirado y político influyente, se le considera una figura central en el poder de Irán.
Algunos informes de Político lo mencionan como posible canal indirecto entre Washington y Teherán, aunque Ghalibaf lo niega oficialmente y asegura que son rumores para tranquilizar a los mercados.
El ‘duro’ Mohammad Bagher Ghalibaf
De acuerdo al medio France 24, analistas internacionales sostienen que el hombre es de línea dura dentro de la Guardia Revolucionaria, pero tiene una cualidad que pocos poseen en la cúpula del régimen: poder de negociación.
En las recientes protestas de enero de 2026 que, según el propio gobierno iraní, habrían dejado a al menos 5.000 muertos. Ghalibaf había adoptado una postura crítica frente a los intentos reformistas del presidente Masoud Pezeshkian, y había advertido que, en caso de ataques de Washington, Irán responderá apuntando a sitios militares y al transporte marítimo estadounidense.
Paradójicamente, el propio hombre había dejado abierta en el pasado la puerta al diálogo. En 2008 declaró al diario británico ‘The Times’: “Me gustaría que Occidente cambiara su actitud hacia Irán y confiara en Irán, y que tenga la seguridad de que existe una voluntad en Irán de avanzar en los asuntos a través del diálogo”.
Su carrera política ha estado marcada por repetidos intentos fallidos de llegar a la Presidencia (2005, 2013, 2017 y 2024), aunque siempre respaldado por sectores influyentes, incluido Mojtaba Jamenei, actual líder supremo tras la muerte de su padre.
Michael Rubin, exconsejero del Pentágono, sostiene que el iraní cuenta con el mismo número de adherentes y detractores en el país.
“Muchos iraníes desprecian a Ghalibaf; los diplomáticos lo ven como un pragmático (…) Esos diplomáticos confunden pragmatismo con oportunismo”, detalló.
“Mohammad Bagher Ghalibaf es un superviviente. Ve en Trump a alguien que puede ayudarle a conseguir lo que el difunto líder supremo Alí Jamenei le negó: la Presidencia o algún cargo de liderazgo interino equivalente”, añadió.
Por lo mismo, sostienen, no sería descabellado pensar que Trump buscaría implementar en Irán un sistema similar a lo hecho en Venezuela: dejar a cargo a un líder que se muestre más dialogante con los intereses de EEUU, tal como pasó con Delcy Rodríguez.
No obstante, las últimas declaraciones iraníes echan todo esto por la borda. Desde aquel país rechazaron un alto al fuego, luego que EEUU entregara una propuesta de paz con 15 puntos.
Los próximos días serán más que claves.