Las relaciones de EEUU y Corea del Sur son de larga data y especialmente importantes para el país asiático, en constante tensión del Norte. Por lo mismo, lo ocurrido el pasado lunes es complejo de explicar.
En concreto el presidente de EEUU, Donald Trump, anunció que iba a limitar los ejercicios militares Ulchi Freedom Shield, entre las dos naciones, los cuales son esenciales en materia de apoyo militar.
La razón es aún más extraña, ya que Trump adujo directamente a su relación con el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un. Para muchos, se trata de un nuevo desplante a un aliado histórico de Washington, al mismo tiempo que se da una concesión a un país que puede ser considerado amenaza.
En el despacho Oval, el mandatario casi presumió de haber mantenido contactos positivos con la máxima autoridad norcoreana, mientras que no se cansó de cuestionar el, a su juicio, bajo gasto de Surcorea en cuanto a defensa. Algo que resulta, por lo menos, contradictorio.
Recordar que, el pasado domingo, el republicano subrayó en su mensaje que Seúl se había negado a apoyar a Washington en su guerra para “desnuclearizar” Irán, algo que volvió a puntualizar ayer.
De hecho, el mensaje va en dirección contraria a lo que había señalado su secretario de guerra, Pete Hegseth, hace no mucho tiempo.
“Si quieren ver cómo se comparte la carga, consideren la República de Corea. Corea del Sur ha invertido constantemente en su propia defensa, porque no puede permitirse el lujo de tratar la guerra como un ejercicio académico. Viven en la primera línea del frente y, por lo tanto, desarrollan un verdadero poder de combate”, indicó en Singapur en mayo pasado.
De acuerdo a CNN, muchos analistas muestran preocupación en torno a estas declaraciones de Trump, teniendo en cuenta que Corea del Norte sigue desarrollando su industria armamentística, continúa apoyando a Rusia en la guerra contra Ucrania y persiste en sus pruebas nucleares.
Se estima incluso que las ojivas nucleares de Pyongyang se duplicaron en el último lustro, mientras el régimen insiste que va por más.
Todo esto mientras Washington continúa con el desgaste del conflicto en Medio Oriente y distanciado de sus aliados en la OTAN, a los que acusa de no apoyar durante la campaña contra Irán.
“Pocos pueden negar que el ejército estadounidense podrá ejercer sobre Corea del Norte en 2026 la misma presión que ejerció durante el primer mandato de Trump. Cuando Kim probó misiles balísticos en 2017, Trump envió tres portaaviones estadounidenses a patrullar las aguas que rodean la península coreana, amenazando a Pyongyang con ‘fuego y furia como el mundo jamás ha visto"”, detallaron.
“Se cree que Trump, quien anhelaba desde hace tiempo otra reunión con Kim, podría ver en este gesto una oportunidad para lograrlo. Sin embargo, este cambio de postura repentino tiene consecuencias para Estados Unidos y sus aliados”, añaden.
De acuerdo a lo que analiza Reuters, estas señales de Trump podrían llevar a los aliados asiáticos de EEUU, Japón y Corea del Sur, a optar por un desarrollo propio de su tecnología de Defensa, dejando de lado la dependencia de Washington.
Por lo pronto, reportan, en Seúl ya existe una presión en torno al presidente Lee Jae-myung, sobre comenzar a desarrollar su propio arsenal nuclear.
Recordar que dicho país, actualmente, paga cerca de 1.100 millones de dólares anuales al país norteamericano por el programa de disuación militar Special Measures Agreements, en la península. No obstante, el magnate criticó esto durante la campaña de 2024, exigiendo 10.000 millones por el manteniendo de las tropas en el lugar.
Asimismo, el gobierno de Sanae Takaichi está cada vez más decidido a dejar atrás la política netamente defensiva de Japón, optando por el rearme y modernización de las fuerzas armadas.