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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Isabel Lorca, una cicloviajera de 31 años, ha recorrido todas las comunas de Chile en bicicleta como un tributo a su abuela fallecida. Su proyecto Atisbo se ha convertido en un estilo de vida, enfrentando desafíos como la pandemia y enfermedades. A través de su travesía, ha descubierto la diversidad y generosidad del país, conectando con diversas realidades y personas. La bicicleta le ha enseñado a estar presente y superar la pérdida, convirtiéndose en una terapia que la ha fortalecido física y mentalmente.

Al principio de la entrevista, Isabel Lorca (31) quiere resaltar que nació en Cerro Navia, la comuna ubicada al norponiente de Santiago. “Porque siempre salen malas noticias de nosotros”, afirma al inicio de la conversación con BioBioChile.

Para la egresada de derecho, su causa se transformó en un estilo de vida, desde que hace siete años decidió recorrer todas las comunas de Chile en bicicleta.

“Comencé saliendo de mi casa en Cerro Navia. En el camino me fui encontrando con la pandemia, incendios e inundaciones; todo eso me hizo avanzar hasta Magallanes y, luego, recorrer el Norte Chico y el Norte Grande. Actualmente, me encuentro finalizando el trayecto en el Altiplano de la Región de Arica y Parinacota”, indica.

Después de conocer las 16 regiones de nuestro país, Isabel confiesa que desea mantener esta vida, por lo que se define como una cicloviajera.

A todo esto, la cerronavina encontró su motivación, después de la pérdida de su abuela Isabel. El fallecimiento ocasionado por un tumor cerebral, provocó una depresión en ella, quien posteriormente empezó a ocupar su segundo nombre en honor a su abuela fallecida.

“Ella partió el 10 de agosto de 2018”, recuerda una emocionada Isabel.

“Es una de las personas más importantes de mi vida; estuvo muy presente durante mi infancia y adolescencia”, afirma. “Me esperaba todos los días para darme mucho amor, sin importar las travesuras que me hubiera mandado”.

En ese sentido, con 31 años, Isabel todavía recuerda con amor lo momentos vividos con ella. “Me crié a los pies de su cama, haciéndole peinados, mientras veíamos la televisión”, comenta a BBCL.

“Siento que está conmigo en todo momento, por eso quise ser sus ojos”.

El proyecto Atisbo

En la entrevista, Isabel expresa que no se pudo preparar ni menos sobrellevar al principio el duelo. “Pasó mucho tiempo para reponerme y aunque ha pasado tiempo, todavía siento mucho su pérdida”, afirma con honestidad.

Sin embargo, el ejemplo que dio en vida su abuela, que la ayudó a criar mientras su madre trabajaba, le permitió buscar una calma al dolor que sentía. “Nunca me quise rendir ante la depresión, entonces quise salir adelante otra vez”, reconoce Lorca. “Al final, creo que mi abuela me dio los cimientos para este proyecto, pues ella es el símbolo de fortaleza que más tengo desde que tengo uso de razón”. “Tenía un carácter poderosísimo y aún así tenía a la familia muy unida. Además, me enseñó lo valioso de ser perseverante”, remarca.

Mientras trabajaba como procuradora, promotora y vendedora, Isabel juntó dinero para el equipo de acampar que le serviría para su primer viaje a Argentina, en el primer viaje inspirado por su abuela. “Ella sufría de obesidad, entonces nunca pudo viajar. Desde ese momento, nació la motivación para conocer todas las comunas de Chile”.

Allá en medio de los paisajes, la cerronavina sintió que su abuela le hacía compañía.“En mi primer viaje, ella se hizo súper presente, a través de manifestaciones, yo sentía mucho su olor y también soñaba mucho con ella”, detalla.

“Estas manifestaciones ocurren hasta el día de hoy”, relata. “A veces estoy pasando por situaciones complejas y de repente me vienen las soluciones de la nada. Es impresionante como va encajando todo”, complementa.

Un viaje extraordinario por Chile

Isabel está cerca de terminar su viaje por Chile, que no ha estado exento de problemas de fuerza mayor que la ha obligado a parar temporalmente su travesía. “Me he enfermado y sufrido congelamiento extremo, gastritis, bronquitis e incluso problemas dentales”, repasa a nuestro medio.

Por otro lado, Lorca afirma que entrar en contacto con otras personas provenientes de otras realidades de Chile, ha sido lo más transformador del proyecto Atisbo. “Al principio, llegaba con mi realidad citadina y me encontraba con pescadores que leían la marea mejor que cualquiera aplicación o señores que cocinaban a leña durante todo el día. También conocí a varios niños que desconocían la realidad de otros lugares”.

“Al comienzo, me daba vergüenza acercarme, pero luego entendí que la bici ayuda a romper el hielo y ,gracias a eso, he conocido a cientos de personas por todo Chile”.

“El cicloviaje me ha enseñado a no juzgar y me enseñó el valor de escuchar”, revela Isabel.

A lo que agrega: “Entendí que la diversidad de Chile se encuentra en la rutas, porque a medida que uno va avanzando, va cambiando hasta las palabras”. “Recorriendo las comunas, me di cuenta que Chile no es uno solo. Creo que hay muchos Chiles y lo que más se repite es la generosidad”. “En las comunas que no llega nadie, siempre hay alguien que te ofrece agua, sombra o una conversación”, añade Isabel.

La gentileza del chileno

Recordando sus múltiples viajes, Isabel Lorca ha visto con sus propios ojos, lo bello y lo triste del país. “También he notado la falta de conectividad de muchos territorios, donde hay un abandono total. Al mismo tiempo, la gente tiene un orgullo enorme por su comuna. Cada comuna tiene su ritmo y su forma de saludar, incluso de vestir”, señala.

“Hay climas que van forjando carácteres distintos”, reflexiona Isabel.

También a través de los años en la ruta, Isabel explica una idea que parece simple pero muchas veces es difícil de entender. “Solo viajando y recorriendo se puede entender”.

En cuanto a las diferentes realidades que conoció, Isabel enumera que “me he quedado en casas de políticos, militares, carabineros, profesores, músicos y de gente de escasos recursos. Sobre todo ellos, a pesar de tener muy poco, me recibieron con mucho amor”.

“La bicicleta ayuda a darle la mano a la vida”

Después de tanto camino recorrido, Isabel Lorca reconoce en el nomadismo, un verdadero estilo de vida. “Viajar en bicicleta te obliga a estar presente, a estar atenta y a sobrevivir”, afirma.

Además, de representar una dura prueba de supervivencia, Isabel expresa su felicidad por recorrer la vida en dos ruedas. “Cuando estas subiendo una cuesta con 78 kilos, uno no puede ir pensando en el pasado ni en el futuro. En ese momento respiro y pedaleo para avanzar. Para mí, fue supersanador después de vivir la pérdida de mi abuela y mi mensaje es que hay que seguir para adelante, porque la bicicleta fortalece el cuerpo y la mente, además de que baja la ansiedad”.

“Sin dudas, recomiendo tomar psicoterapia, pero la bicicleta ayuda a darle la mano a la vida nuevamente”, distingue.

Al terminar la conversación, también Isabel da pistas de lo que será su futuro. “Ahora estoy recorriendo General Lagos, luego de hacer eso, me gustaría recorrer Latinoamérica, porque he decidido ser una nómada de la bicicleta”.