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"Ellos quedarían a cargo de todo": los relatos del intento de sicariato-parricida a comerciante

Sandra Martínez Tapia

Periodista de Investigación en BioBioChile.

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Domingo 04 octubre de 2026 | 06:01
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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Luciano Guzmán Cuevas declaró como imputado por el intento de parricidio de su padre, junto a sus hermanos Maximiliano y Mauricio. El sicario contratado, Brayan Monsalve, confesó que los hermanos le encargaron el asesinato. A pesar de negarlo, pruebas y testimonios los involucran. La relación familiar estaba fracturada, con conflictos por una nueva pareja de su padre y disputas por bienes. Tras el fallido intento, los hermanos exigieron la camioneta y el departamento del padre a su abuela. Brayan reveló detalles del plan y transferencias de dinero.

El 8 de octubre de 2024 a las 11 de la mañana, Luciano Guzmán Cuevas declaró en calidad de imputado. La fiscalía le seguía el paso por el parricidio de su padre. A él y a sus dos hermanos, Maximiliano y Mauricio.

La investigación contra él no era cuestión de azares. Su nombre apareció como uno de los principales sospechosos luego de que Brayan Andrés Monsalve Giraldo confesara que fue él, y sus dos hermanos, quienes lo contrataron como sicario para que matara a su padre.

Un artículo previo de Bío Bío Investiga reveló su declaración. Fue precisamente Maximiliano quien, de acuerdo con la indagatoria del Ministerio Público, le ofreció “un trabajito bueno” por un pago total de tres millones de pesos. El “trabajo” era nada menos que el asesinato del comerciante de 51 años, de su progenitor. El problema fue que a Brayan el plan no le salió como esperaba y su víctima quedó viva. Eso significó que el pago no se concretara en su totalidad. Por eso, cuando la policía lo agarró, él, sin nada que perder, contó todo.

Por su parte, cuando Luciano testificó ya habían pasado casi tres meses desde que su padre había quedado tirado afuera de su trabajo con una bala incrustada en el cráneo. Ese mismo día, el del intento de asesinato, y mientras su padre intentaba sobrevivir en el Hospital de Concepción, los hermanos salieron de compras. Hasta les dio tiempo de ir al dentista y de exigirle a su abuela la camioneta y el departamento de su padre.

Los tres hermanos negaron conocer a Brayan. Aseguraron que no tenían ningún motivo para matarlo. Por el contrario, se llevaban bien y él les financiaba gran parte de su vida. Sin embargo, declaraciones de otros testigos —a las que accedió esta Unidad de Investigación— dan cuenta que el vínculo familiar estaba roto desde hace tiempo. La pareja de Brayan confesó que entre los tres hermanos se pusieron de acuerdo para contratar a un abogado que lo obligara a cambiar su testimonio e inculparse de todo.

“Todo me lo enseñó él”

11 de la mañana. 8 de octubre. El fiscal Matías Arellano Troncoso estaba frente a Luciano Nicolás Guzmán Cuevas, el hijo menor. Él, por su parte, con su abogado particular.

—¿Quién es Brayan Andrés Monsalve? —le preguntó.

—No lo conozco, no se quién es Brayan Monsalve.

La entrevista había comenzado en otro tono. Más familiar. Luciano contó que “siempre tuvo buena relación con su padre”. Recordó que trabajó en una panadería en la misma galería donde su familia tenía negocios, en Los Carrera con Rengo. Y fue su padre quien le regaló las máquinas para que aprendiera el oficio.

—Mi papá me enseñó a hacer pan durante siete meses (…) Yo al salir del liceo me hice cargo de la panadería. Mi papá me dijo que yo me hiciera cargo de todo. Yo manejaba el dinero, pero mi papá recibía el dinero. Él me enseñó todo el tema del IVA, me dio harto impulso para que yo tomará las riendas— reveló.

Según la declaración, en 2021 Luciano cumplió con todo en el negocio. Nunca tuvo una falla y su padre decidió premiar su responsabilidad con un pasaje a México.

—Mi papá feliz porque no fallé ningún día, me dijo “sorprendiste hijo, como recompensa te voy a regalar un pasaje”, porque lo hice bien —narró.

Otra “recompensa por trabajar harto” era que salían a comer al Imperio Norteño como familia. También, cuando Luciano decidió irse a vivir solo con su pareja, fue él quien le arrendó bajo su nombre un departamento. Hasta le pasó su tarjeta de crédito para que pudiera amoblarlo.

—Todo me lo fue enseñando él, yo no tenía idea de cómo vivir solo, él me fue enseñando cómo llevar la vida.

El hermano pequeño

Mauricio Guzmán Cuevas, el hijo mayor, declaró el mismo día más tarde. Eran las 14:46 cuando arrancó de la misma forma que Luciano, planteando que la relación con su papá “siempre fue buena”.

Vivió con él desde los 12 años. A los 13 su padre lo inscribió en una escuela de fútbol donde fue volante. Hasta los 18 trabajaron juntos y cuando salió del colegio le regaló un curso de manejo.

—La relación con mi papá era buena, [tenía] todo lo que necesitaba, él me pasaba sus tarjetas para que me comprara ropa. Salíamos de paseo, para ir a comer, o lo que necesitaba —señaló.

No dijo mucho más sobre ambos. Decidió enfocarse y ahondar en la relación con la que entonces era la actual pareja de su padre, Viviana. O como ellos le decían, “su madrastra”.

—Viviana es mi madrastra, al principio nos llevábamos bien, pero luego ella me echó del departamento para traer a su hija —detalló.

Viviana y su padre tuvieron un hijo, el pequeño T. Los tres hermanos Guzmán Cuevas lo adoraban, o eso expresaron en sus declaraciones. Mauricio lo iba a buscar al jardín, asistía a sus presentaciones y se presentaba a sus reuniones de apoderado.

Maximiliano, el hermano del medio, complementó esta relación. Dijo que dejó de estudiar Derecho porque quería trabajar y además estar con su hermano T. No confiaba en nadie más y él quería cuidarlo.

—Yo con Viviana me llevaba bien, ella quería que yo con mis hermanos nos lleváramos bien. Luego, con el tiempo, por discusiones con mi mamá, nos llevábamos mal. Ella era muy descuidada con su hijo y mi papá no tenía tiempo. En ese tiempo nosotros con Luciano cuidábamos a T., a veces también Mauricio. Lo íbamos a buscar al jardín y todo.

El quiebre

Los primeros problemas, según Maximiliano, empezaron cuando Viviana se negó a pasarles a T. Ellos creían que era un castigo contra los tres, también contra su madre Sara, quien legalmente seguía casada con su papá.

El gran quiebre ocurrió el 18 de junio de 2024. El parte de la Primera Comisaría de Concepción da cuenta que Viviana y Sara pelearon hasta los golpes. Fue Sara quien quedó en calidad de imputada y a quien se llevaron detenida junto a Maximiliano, quien intentó separarlas.

El padre de los hermanos declaró como testigo ese día. Había recibido unos golpes de pasada que quedaron registrados en la cámara del local comercial. Aseguró frente a carabineros que su exmujer —y esposa legal— le habría gritado: “Te voy a matar a ti y a tu mujer, aquí las cosas van a cambiar, mis hijos van a tener que ir a verme al Manzano porque voy a usar mi revólver”.

Las peleas entre ambas venían desde hace rato. Viviana ya había interpuesto una denuncia por amenazas contra Sara el 16 de octubre de 2023. Distintos testimonios contenidos en la carpeta apuntan a que Viviana consideraba que los tres hermanos eran abusadores con su padre. Que solo iban a los locales a sacar comida gratis.

A eso se sumó que, según la declaración de Mauricio, el hijo mayor, Viviana lo echó del departamento de su padre cuando trajo a su hija desde Cuba.

—A los tres días vuelvo al departamento con mi papá, y mi papá dijo que no quería vivir conmigo ni con Maximiliano y con carabineros fuimos a sacar nuestras cosas —relató de ese momento.

El punto final entre todos llegó cuando Viviana se fue de regreso a Cuba y se llevó a T. Los hermanos se enojaron porque su padre les firmó la autorización para salir del país. Él les aseguró que volvería.

Dos días después de la pelea del 18 de junio, la abuela de los hermanos habló con Viviana. Describió ese momento así:

—Mientras me contaba estaba tiritando. Me dijo “suegra yo no puedo más, me voy, me da miedo”, pues la amenazaron los hijos de Mauricio. Le dijeron “espérate no más, te vamos a volver a mover la payasa”, que significa pegarle otra vez.

Un mes después de esa pelea, el 19 de julio, el padre de los tres hermanos recibió un balazo en la cabeza.

El disparo

El día del disparo, Mauricio estaba en un after. Describió que fue el propio dueño del local quien le avisó que “algo le había pasado a su padre”. Se fue corriendo donde él. Lo vio tendido y decidió subir la camioneta al estacionamiento. Le preocupó que el auto estuviera en la vereda.

—Me fui con carabineros hasta el hospital. En el hospital, mi papá me pasa sus cosas, él me hablaba, me dijo hijo toma mis cosas, y me entregó sus documentos, su billetera y sus llaves. Esto fue cuando estaba entrando la camilla.

Maximiliano y Luciano estaban en su casa. Fue una prima quien los llamó para avisarles que a su papá “lo habían asaltado”.

—Mi papá le pasó las llaves de la camioneta y unas cosas, según lo que me contaba mi hermano. Yo no supe sino hasta después que mi papá tenía un disparo en la cabeza, pues mi hermano Mauricio me dijo que mi papá se había pegado en la cabeza.

Después de estar en el hospital, los tres hermanos se fueron donde su abuela. Le exigieron la camioneta y el departamento de su padre. Según su versión, fue su propio papá, antes de ingresar a pabellón, quien les dijo que se hicieran cargo de todos sus bienes. Su abuela lo vivió así:

—Yo bajé hasta recepción y los encuentro a los tres, a mis tres nietos, y me gritaron “vieja concha de tu madre, vieja loca, vieja de mierda tu igual te vay (sic) a morir, te vamos a mandar los cabros de San Pedro para que te maten”. Y todo mientras me pedían la camioneta de mi hijo y las llaves de su departamento, para quedarse con esas cosas.

Confesó que en ese momento supo que sus nietos habían mandado a matar a su papá.

Dinero, tarjetas y compras

Cuando la policía detuvo a Brayan Andrés Monsalve Giraldo como el sicario que ejecutó el disparo, contó que fueron los tres hermanos quienes lo contrataron para asesinar a su padre. Sin embargo, ellos negaron todo.

—¿Tu o tus hermanos encargaron la muerte de tu padre? —les preguntó el fiscal.

—No, ni yo ni mis hermanos.

—¿Por qué querrían matar a tu papá? —insistió.

—No lo sé.

—¿Tú has girado dinero desde la cuenta de tu papá?

—Sí, desde la cuenta del Scotiabank y Falabella, he comprado ropa y comida. No recuerdo cuánto dinero he gastado.

—¿Más de un millón?

—Más de un millón, iba a pagar un curso de barbería. Pagaba en el comercio con la tarjeta y sacaba en efectivo igual. Esa tarjeta creo que la tiene mi mamá. Yo una vez le pasé la tarjeta a mi hermano Maximiliano para comprarse ropa, a los tres mi papá nos pasaba la tarjeta, todos teníamos la clave. Y todo lo que quisiésemos, para los cumpleaños, de regalo, hasta un celular rojo que ando trayendo me compro, era un IPhone 13.

Después del disparo, Mauricio, el mayor de los tres, le pasó $300 mil pesos a Maximiliano. Dijo que su padre le había dado la clave de su tarjeta para que sacara el dinero.

—Yo solo sé que Mauricio se compró ropa y fue a dentista, pero nada más. Yo no giré dinero desde esa cuenta. Al tiempo mi hermano Mauricio llamó al Banco y bloqueó la tarjeta del Banco Scotiabank, pues teníamos miedo de que hubiese una foto de la tarjeta de mi papá.

Y agregó.

—Una vez Mauricio me pasó la tarjeta de mi papá y yo me fui a comprar ropa al Mall del Trébol, esto fue ya con mi papá hospitalizado, no recuerdo cuándo. Compré como $390.000 entre un buzo completo y unas zapatillas, solo esta vez ocupé la tarjeta, luego de usarla se la devolví a Mauricio, mi hermano y le dije que la bloqueara.

“Ellos querían todo”

Si bien los hermanos negaron conocer a Brayan, el sicario, en los documentos judiciales están los registros de las transferencias. A eso se suma el testimonio de su entonces pareja. Fue ella quien cedió su cuenta bancaria y quien reafirmó la versión de Brayan.

—A mediados o fines del mes de junio del presente año, Brayan me contó que un tal Luciano, de quien no sé apellidos, lo había contactado para hacer “un trabajo”, el que consistía en que tenía que matar a su padre (…) Brayan me dijo que había aceptado ese trabajo por el dinero, ya que estábamos mal económicamente y pronto iba a nacer nuestro hijo.

Unos días antes del disparo, contó que Luciano fue a hablar con Brayan a su casa para hablar “del plan”. Una semana después de ese momento, Brayan salió de la casa para encontrarse nuevamente con Luciano. Dijo que le entregó una bolsa con $400 mil pesos en efectivo y una pistola.

—Después que le entregaron el arma y el dinero, Brayan me contó que ellos (refiriéndose a los 3 hermanos) le habían dicho que esperara y que aún no hiciera el trabajo, que ellos le dirían cuándo. Además, recuerdo que le mandaron una foto del caballero al que tenía que matar, le dijeron el lugar al que él llegaba, que era un local de comida de calle Los Carrera y el horario en el que 1legaba todos los días, que era entre las 05:00 y 05:30 horas de la madrugada.

Posterior a eso comenzaron a comunicarse por Telegram. Según el testimonio, cuando se enteraron que el padre no había muerto, los hermanos le dijeron que no le pagarían el millón y medio restante. También le pidieron el arma de vuelta. Aseguraron que la venderían y con eso le pagarían otra parte.

—Respecto a los motivos que tendrían los tres hermanos para mandar a matar a su papá, Brayan me contó que le dijeron que porque el caballero no los dejaba trabajar en sus locales, y no les daba dinero, desconozco los motivos (…) Con su muerte ellos quedarían a cargo de todo.

Secuelas permanentes

La investigación contra los tres hermanos se cerró y el Ministerio Público los acusa por violencia intrafamiliar, parricidio y homicidio.

Son tres hechos los que se les imputa: la pelea del 18 de junio, el intento de asesinato del 19 de julio y la pelea que tuvieron con su abuela el día del disparo. El ente persecutor apunta a que “se concertaron y acordaron dar muerte a su padre”.

Como prueba tienen los pagos acreditados que en total suman $391 mil.

Para el delito de parricidio la fiscalía está solicitando una pena de 15 años. Misma cantidad de tiempo para Brayan por el homicidio calificado frustrado.

Actualmente el padre quedó con secuelas neurológicas de por vida. Ha sido operado cinco veces y vive en una casa de reposo.

La audiencia de preparación de juicio oral quedó pactada para este 21 de octubre.

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