Mientras avanza el conteo oficial de la segunda vuelta en Perú, la adquisición de cazas F-16 para la Fuerza Aérea de ese país emerge como el movimiento más relevante en materia de defensa nacional de los últimos años.
El proceso, que involucra una compleja operación financiera y estratégica con Estados Unidos, se consolida en un contexto marcado por la virtual victoria de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.
Así lo sostienen fuentes militares y autoridades que participaron de la planificación y negociación del acuerdo, quienes destacan el papel que podría jugar la próxima administración en la aceleración y ejecución de este proyecto.
Un acuerdo clave
La adquisición de los F-16 ha sido definida como un hito en la modernización de las Fuerzas Armadas. El exviceministro de Políticas para la Defensa, César Torres Vega, lo expresa de manera directa: “El tema de la defensa nacional es incuestionable. No podemos crecer y desarrollarnos si paralelamente no desarrollamos nuestra defensa nacional”.
Según Torres Vega, la compra de los nuevos cazas implica una “alianza geopolítica y militar con los Estados Unidos de América”.
En diálogo con El Montonero, Torres Vega detalla los antecedentes del acuerdo y su dimensión estratégica: “Se decidió que sean los F-16 con los Estados Unidos. Fue un paso firme y ahora más que nunca en todo el proceso de ejecución”.
El impacto del resultado
El proceso de adquisición, que abarca veinticuatro cazas de última generación y una inversión de tres mil quinientos millones de dólares, se encuentra avanzado. Sin embargo, la tendencia del recuento electoral da un nuevo impulso al proyecto, que podría acelerarse bajo un gobierno alineado con la política de defensa impulsada hasta ahora.
Para Torres Vega, el resultado de la segunda vuelta cambia el panorama: “La vida le está dando una oportunidad a la señora Keiko Fujimori. Ahora, el país le está dando esa oportunidad, que ella tiene que aprovecharla al máximo si realmente queremos salir del hoyo, ¿no? Y tenemos todas las posibilidades”.
La postura de Fuerza Popular, agrupación política de Fujimori, fue clara desde un inicio a través del presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, también parlamentario del ‘partido naranja’, quien manifestó abiertamente que el Perú debía respetar el acuerdo con Estados Unidos por los F-16. Esto en un contexto en que el presidente interino José María Balcázar no estaba muy de acuerdo y había fuertes sospechas de que se podía caer la compra.
Detalles del acuerdo
Sobre el plan de modernización de la fuerza aérea peruana, Torres Vega detalla que incluye una primera etapa con la entrega de doce aviones, junto a simuladores, entrenamiento de pilotos y la adecuación de pistas de aterrizaje.
“Ya en el endeudamiento del 2025 son dos mil millones de dólares y ya ha permitido dar un adelanto del 30%, si no me equivoco”, dijo Torres Vega. Pero la adquisición peruana también incluye el “offset”, que consiste en la reparación y preparación de la infraestructura necesaria para operar los nuevos sistemas de armas.
El cronograma prevé que los primeros cazas lleguen a partir de 2030, en vuelos de traslado realizados por pilotos estadounidenses. El resto de la flota se integrará de forma escalonada hasta alcanzar los veinticuatro aparatos.
“Ese expediente ya está en el Ministerio de Economía y Finanzas para la concertación”, indica el exviceministro sobre la segunda fase del proyecto.
Prioridad estratégica
El exministro de Defensa, Walter Astudillo, resalta que la compra de los F-16 responde a la necesidad urgente de recuperar la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas y fortalecer la industria nacional para la defensa.
“En la evaluación para la compra de sistemas de armas tan sensibles como los aviones caza, una variable importante es la relación bilateral. Con qué país yo me quiero relacionar, con qué país quiero hacer una alianza”, señala Astudillo en declaraciones a El Comercio.
La designación de Perú como “aliado principal no miembro de la OTAN” por parte de Estados Unidos es central en la evaluación política y militar. Astudillo subraya que “ni Chile la tiene”.
“Tanto técnicamente como las variables políticas han determinado que la mejor opción son los F-16. Son los más vendidos del mundo. Veinticinco países en el mundo, con Perú serían veintiséis, tienen el privilegio de tener esta última tecnología”, sostiene.
Tecnología y modernización
La introducción de los F-16 supone la mayor modernización tecnológica de la Fuerza Aérea peruana en décadas. Torres Vega elogia la planificación detrás del acuerdo: “Es un programa extraordinario. Yo me saco el sombrero por la Fuerza Aérea; lo han hecho muy bien. Cada paso tecnológico, muy bien organizado”.
El objetivo fijado, según indicó, es alcanzar una capacidad disuasoria real frente a potencias de la región y garantizar la seguridad nacional.
El contexto regional, con países como Chile que ya operan los F-16 y proyectan avanzar hacia modelos como el F-35, obliga a Perú a acelerar su propio proceso de modernización.
Torres Vega matiza: “La aspiración de todo país siempre es tener lo mejor, ¿no? […] Por lo que yo veo, las tendencias y todo, eso toma su tiempo. No es que mañana o antes, no. Yo creo que Chile todavía tiene mucho camino por delante”.
Desafíos logísticos
El acuerdo no solo abarca la adquisición de los aviones, sino también el desarrollo de capacidades locales, infraestructura y transferencia de tecnología. La inclusión de simuladores, entrenamiento especializado y el fortalecimiento de la industria para la defensa forman parte de la estrategia.
Torres Vega agrega: “Tenemos que implementar imperativamente lo que yo le denomino aviación rural del Estado. No con administración del Estado, sino de un privado, pero promovido por el Estado”.
El exviceministro destaca la importancia de integrar la tecnología en la gestión de la defensa y la conectividad nacional, lo que permitiría reducir las brechas logísticas en regiones como la Amazonía y la sierra.
En tanto, el monto destinado a la compra de los F-16 ha generado controversia en sectores políticos y sociales.
Torres Vega pone en perspectiva la asignación de recursos: “En los últimos cinco años, del 2019 al 2025, los gobiernos regionales y los municipios habían gastado trescientos diez mil millones de soles, es decir, tres veces más de lo que se necesitaba para resolver el problema del agua potable en el Perú. Y sigue habiendo millones de peruanos sin agua potable. Entonces, eso frente al monto de la compra (de los cazas), es un argumento poco válido de que el Perú no necesita de esas novedades”.
El debate sobre la prioridad de la inversión en defensa frente a otras necesidades públicas sigue abierto, aunque los responsables del acuerdo insisten en la necesidad de garantizar la seguridad y el desarrollo nacional.
Proyección y retos
Con la virtual victoria de Keiko Fujimori, la continuidad y posible aceleración del acuerdo por los F-16 se perfilan como uno de los principales desafíos del próximo gobierno. Torres Vega reitera que para ella “será todo un reto”.
La llegada de los F-16, sumada a la integración de sistemas como el Sivan-Sipan y el escudo cibernético nacional, podría situar a Perú en una posición destacada a nivel regional y sentar las bases para una defensa moderna y tecnológica, aunque siempre dependerá del gobierno entrante.