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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Ítalo Zúñiga, exreportero de Chilevisión, se hizo famoso por un error al aire que lo convirtió en meme. Aunque siguió en pantalla, sintió la presión de demostrar su valía. Ahora, a sus 38 años, vive en Barcelona y acaba de terminar un máster en Nutrición Deportiva. En España, ha experimentado una vida distinta y conoció a Antoni, con quien mantiene una relación. A pesar de dudas, Zúñiga considera volver a Chile por más oportunidades laborales en medios. Desde afuera, valora la importancia de crecer profesionalmente y entender otras culturas.

El exrostro de Chilevisión reconstruye el momento al aire que lo convirtió en meme. Hoy vive en Barcelona, está en pareja con un catalán y evalúa si volver a Chile.

Ítalo Zúñiga llegó a Chilevisión como practicante en 2011 y permaneció en el canal hasta 2024. Durante ese periodo trabajó como reportero y también estuvo frente a las cámaras leyendo noticias. Sin embargo, para una parte del público, su rostro quedó ligado a una frase que pronunció por error durante un noticiero de trasnoche en 2015: “Me están hueveando”.

Tenía 27 años y llevaba cuatro en el canal. El video se viralizó y terminó convertido en meme. Zúñiga siguió apareciendo en pantalla, pero durante mucho tiempo sintió que debía demostrar que aquel momento no definía su capacidad como periodista.

Hoy tiene 38 años y vive en Barcelona. Después de pasar un año en Madrid, se instaló en la capital catalana en agosto de 2025. Acaba de finalizar un máster de formación permanente en Nutrición en la Actividad Física y el Deporte en la Universidad de Barcelona y vive en el barrio de Gràcia.

“Pensé que me estaban jugando una broma”

El noticiero se emitía de madrugada, al final de la programación de los sábados. Zúñiga había comenzado su jornada a las 10 de la mañana y regresó al canal a las 11 de la noche para conducir el informativo. A esas horas, recuerda, el equipo estaba aburridísimo y solía hacer bromas antes de volver al aire.

“Ese día fuimos a comerciales y yo no escuché que me avisaran que habíamos vuelto. Según los chicos, sí me dijeron, pero yo no escuché”, recuerda Zúñiga en entrevista con BioBioChile.

“Hacíamos esta coreografía de estar en el computador mientras entraba la cámara y, cuando te avisaban, mirabas a la cámara frontal. Era como si el periodista estuviera trabajando antes de volver al aire”, añade.

—¿Cuándo te diste cuenta de que estabas al aire?

“Me puse a escribir en el computador y nunca escuché que me dijeran que mirara. Entonces, me quedé mucho rato mirando la pantalla y ellos me gritaron: ‘¡Estás al aire, estás al aire!’. Había una música, una cortina que marcaba el inicio, pero a veces no se escuchaba en el estudio. Esa vez yo no la escuché. Tampoco había coordinador de piso: estábamos el camarógrafo y yo”.

—¿Y el prompter?

“Empecé a leer el prompter, pero no corría. En ese tiempo no lo movíamos nosotros, sino desde el switch. Se quedó pegado. Entonces pensé que me estaban jugando una broma, porque nada estaba funcionando. Dije: ‘Me están hueveando’, y miré hacia arriba, al monitor, para confirmar si seguíamos en comerciales o si yo estaba en pantalla. Ahí me dijeron: ‘¡No, estás al aire!’. El prompter empezó a correr, seguí leyendo y después dije: ‘Perdón, pensé que era una broma’”.

—¿Qué ocurrió después?

“Fue muy loco porque esta era la última nota que presentábamos, una nota de Bachelet, además, una nota política. Termina el noticiero y el camarógrafo me dice: ‘Tu video está en Twitter. Lo compartió Copano’. Y yo: ‘¿Qué?’. Salgo del set, voy a hablar con el editor y le digo: ‘Mi video está en Twitter’. Me responde: ‘Bueno, pero no creo que pase nada’. Como al día siguiente tenía libre, me dijo: ‘Llama al Pato’, que era el jefe máximo, ‘cuéntale un poquito lo que pasó y listo’”.

—¿Cómo viviste lo que vino después?

“Yo ahí lo pasé pésimo. Lo pasé mal durante años. Para mí era un error que volvía constantemente. Por más que haya sido un cúmulo de errores, al final el que queda en pantalla cometiéndolo soy yo. Es como si alguien, en cualquier profesión, comete un error y ese error termina por definirlo. A la gente le parecía muy chistoso, pero para mí era lo peor que me podía haber pasado”.

—¿La gente te lo recordaba mucho?

“Llegué a momentos en que iba a un supermercado y tenía que sacarme fotos con los empaquetadores. Me decían: ‘Ay, dime “me están hueveando”’. Y yo pensaba: ‘¿Qué es esto?’”.

—¿Hasta qué punto te molestaba?

“Fueron dos o tres años en los que podía andar de noche, con frío, con una bufanda tapándome la boca y un gorro, y alguien pasaba en bicicleta y me gritaba: ‘¡Me están hueveando!’. Sentía que era bullying”.

—¿Cómo reaccionabas cuando te lo decían en un mal día?

“A mí me emputecía, porque había días en que esto no me caía bien. Amanecía, como cualquier persona, con el peor ánimo, iba a comprar en la mañana y lo primero que me decían en el supermercado era: ‘¿Me están hueveando?’. Y yo pensaba: ‘Esto me va a condenar toda la vida’. Lo más probable es que siga hasta el final”.

Ítalo Zúñiga durante el noticiero de CHV de 2015 en el que pronunció la frase me están hueveando
Ítalo Zúñiga durante el noticiero de CHV de 2015 en el que pronunció la frase me están hueveando | CHV – Captura de pantalla

—¿Sentías que ese error había definido tu carrera?

“A mí lo que me estresaba un poco era que esto llegó muy temprano, cuando era lo único que la gente conocía de mí. Habría sido distinto si ya hubiese sido famoso, me hubieran conocido por leer noticias y después me hubiese pasado esto. Pero tuve que hacerlo al revés: demostrar constantemente que no era estúpido ni incapaz”.

—¿Esa mirada también existía dentro del canal?

“Años después llegó un director nuevo a un noticiero. Yo llevaba años como lector de noticias; después de esto seguí en pantalla. La primera vez que le tocó estar en el noticiero mientras yo aparecía, antes de salir al aire me dijo: ‘Quiero conversar contigo, quiero saber qué te pasó para que no te vuelva a pasar’. Y yo pensé: ‘Este imbécil cree que esto lo dije porque me nació’”.

—¿Qué relación tienes hoy con el meme?

“Me da risa que la gente use el meme en momentos que les parecen indignantes, cuando dicen: ‘Esto no puede ser verdad’. Creo que a los pocos meses me empecé a dar cuenta de que ya era un meme. Después sentía que desaparecía y, de pronto, empezaron a crear los stickers de WhatsApp y apareció mi cara. Y yo decía: ‘Pero si pasaron tres años, ¿cómo esto sigue?’”.

—¿Lograste reconocer algo positivo?

“Dije: pude haber quedado como un periodista más que leía noticias en la noche, en un horario que, en ese tiempo, se decía que nadie veía. Aunque, para el rating de ahora, marcábamos lo mismo que marcan los noticieros centrales. Esto me permitió tener cierta identidad”.

—¿El meme también te ha seguido en España?

“Lo más loco es que vivo acá, en Barcelona, ha pasado todo este tiempo y amigos españoles me dicen: ‘Yo tengo un amigo chileno que te conoce’. Y lo primero que les dicen es que soy famoso por un meme. Y yo: ‘Sí…’. Me da risa que los más chicos, los centennials, reaccionen como: ‘Guau, eres un meme’”.

Una vida nueva en Barcelona

En marzo de 2024, Zúñiga se acogió al retiro voluntario de Chilevisión, luego de sentirse poco valorado y concluir que ya no tenía posibilidades de seguir creciendo dentro del canal. Después viajó a Madrid para estudiar un máster en marketing digital. Al terminarlo, decidió quedarse otro año en España y se instaló en Barcelona, donde acaba de finalizar el Máster en Nutrición en la Actividad Física y el Deporte de la Universidad de Barcelona.

—¿Por qué elegiste Barcelona?

“Llegué a Barcelona en agosto del año pasado. La elegí porque tenía un amigo que vivía acá y se me acababa el contrato del piso que tenía en Madrid. Yo dije: ‘Me muero si tengo que buscar otro piso donde vivir, porque es una tortura’. Y mi amigo me dijo: ‘Vivo acá’”.

—¿Sigues viviendo con él?

“No. Hace un mes me dijo que venían sus papás, entonces me fui a un piso en Gràcia. Tuve suerte porque es el piso de unos amigos de mi novio que se fueron dos meses de viaje. Yo le dije a Antoni: ‘Si no te conociera y mi amigo me dijera que me tengo que ir porque vienen sus papás, yo me vuelvo a Chile’”.

—¿Te gusta Gràcia?

“He ido a las plazas tradicionales. Gràcia es un barrio que me parece curioso: es, entre comillas, tradicional, pero está lleno de extranjeros. Yo escucho inglés constantemente. Mis vecinos son franceses, creo que hay otros italianos y el otro día había unas chicas asiáticas”.

—¿Cómo has vivido el debate por el turismo?

“La gente de Cataluña tiene esta sensación de ‘basta con el turismo’, porque los están echando de sus barrios, todo se vuelve carísimo y los locales de alrededor tienen precios para turistas. Es muy loco. Ayer fuimos a pasear a la Sagrada Família y le decía a mi novio: ‘Pero aquí no hay ningún local de comida catalana’. Están los locales de comida rápida. Y es loco porque debería ser un poco más identitario, a pesar de que Cataluña defiende mucho su identidad nacional”.

—¿Esa defensa de la identidad te hizo pensar en Chile?

“Creo que eso es algo que me llevo de Cataluña. Cuando llegué acá, pensaba: tienes que hablar inglés y ojalá que todas tus palabras estén súper bien pronunciadas. Uno se reía de los españoles por cómo pronuncian las palabras en inglés. Después llegas acá y entiendes que ellos defienden su idioma y su cultura”.

—¿Y qué ves en Chile?

“Eso en Chile no está, porque nos dejamos permear por todo lo extranjero. ¿Qué te hace único? Te hacen único nuestras palabras. Me sorprende que cuando los chilenos llegan a España te dicen: ‘Hay que tratar de neutralizar el acento’. Después vas a clases o compartes con argentinos y ellos no neutralizan nada. Los chilenos tenemos esa sensación de que nos tenemos que adaptar, mientras el resto llega y muestra su acento y su identidad”.

—¿Qué haces en tu tiempo libre?

“Me encanta Barcelona por la playa. Nunca había vivido en un lugar con playa, entonces esto de que haga calor y en la tarde pueda tomar el metro e ir a la playa está espectacular. Además, es un mar calentito. Poder meterme y estar mucho rato en el agua, sin olas tan grandes ni tanto frío como en Chile, lo disfruto muchísimo. Yo creo que es lo que más me gusta”.

—¿También has recorrido otros lugares?

“También aprovecho de conocer la Cataluña más profunda y visitar distintos lugares. Ahora estuve en la Costa Brava, en Palamós. Hice la ruta a pie por las calas y llegué a playas entre rocas, cada una con una identidad distinta. Algunas tienen arena y otras, piedras”.

Ítalo Zúñiga, entre las columnas del Temple d’August, en el Barrio Gótico
Ítalo Zúñiga, entre las columnas del Temple d’August, en el Barrio Gótico | Foto: Ignacio Molina De los Reyes

Antoni y la decisión de volver

En Barcelona, Zúñiga comenzó una relación con Antoni, un farmacéutico catalán al que conoció por Tinder. Actualmente trabaja como gestor de proyectos en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y participa en GenMoz2, un proyecto de vigilancia molecular de la malaria en Mozambique.

—¿Cómo se conocieron?

“Lo conocí en Tinder, aquí en Barcelona. Hablamos un par de veces. En Tinder hablas con mucha gente, pero nunca nadie se junta. La gente conversa mucho, pero pocas veces dice: ‘Ya, nos vamos a juntar y nos vamos a conocer’. Es un catálogo abierto y tampoco puedes juntarte con tantos, entonces me imagino que vas decidiendo con quién. A mí me entretenía hablar con gente, la verdad. Tampoco tenía la expectativa de conocer a nadie ni nada. Y él me dijo: ‘¿Te quieres juntar en la tarde?’. Y yo dije: ‘Bueno, no estoy haciendo nada’. Y ahí lo conocí”.

—¿Qué te llamó la atención de él?

“Tiene una vida loquísima. Antes vivió 10 años por el mundo y trabajó con la OMS, por ejemplo, en lugares de guerra, donde coordinaba estos hospitales que arman cuando llegan los heridos. Estuvo en Libia, Mozambique y Angola. También hizo un máster en Jordania, entonces habla árabe. Y yo digo: ‘Este perfil no es normal de encontrar en Chile: una persona que habla cuatro idiomas y que ha vivido en tantos países’”.

—¿Viven juntos?

“No. Él vive en El Prat, donde está el aeropuerto de Barcelona. El Prat es un pueblo con mar, entonces es otra vida; todavía no llegan tantos turistas. Él anda mucho en moto y, en moto, está a 15 minutos de Barcelona. Yo lo voy a ver en metro, demoro unos 40 minutos, que igual es superllevadero. También vamos a correr”.

—Hace unas semanas publicaste una foto en el Pride de Sitges. ¿Era la primera vez que asistías a uno acá?

“Nunca había ido a un Pride acá y estuvo súper bien”.

—¿Qué tenía de distinto el de Sitges?

“Es un Pride para mayores de 40; va mucha gente de 40 e incluso de 60 años, un público LGBT más adulto. Yo fui y, te digo, el promedio de edad era de 60 años. Es divertido porque es un Pride de pueblo: van tractores que llevan atrás las carrozas y todo es chiquitito, entonces puedes compartir mucho más. El de Madrid es absolutamente mainstream, porque cortan las calles y solo puedes estar detrás de las barreras y ver pasar los camiones”.

—¿Te has planteado volver a Chile?

“Estoy en un momento de bastantes dudas. Si no fuese por mi novio, me volvería sin pensarlo y lo haría ahora, cuando termine agosto. Pero tengo novio y estoy en esa disyuntiva”.

—¿La decisión también pasa por lo laboral?

“Profesionalmente, siento que tengo más posibilidades en Chile. Es loco porque, cuando compartes acá con muchos latinos, te das cuenta de que Chile es distinto. Uno, como chileno, elige estar en España, pero si vuelvo a mi país, voy a tener una buena calidad de vida. Profesionalmente, España está supercomplicada. Barcelona es todavía más difícil porque hay que saber catalán para ser periodista. Si volviera a Chile, me gustaría trabajar otra vez en medios”.

—Cuando te fuiste de Chile, ¿tenías claro que querías volver a los medios?

“Cuando me fui, no tenía tan claro si quería volver a los medios. Decía: ‘No sé si quiero volver a esta vida’. Creo que también influía el momento del meme, porque sentía que necesitaba crecer profesional e intelectualmente”.

—¿Eso cambió después de estudiar y vivir afuera?

“Ahora siento que podría volver y que estoy más capacitado. Haber estudiado suma mucho y debería haberlo hecho años atrás. Vivir afuera te da otras perspectivas, te permite entender otros países y culturas, y mirar Chile desde fuera. Como periodista, es demasiado importante tener esa sensibilidad. Por más que trabajes todos los días reporteando, no es equiparable a lo que aprendes al vivir otra experiencia y ser migrante en otro país. Tengo la sensación de que, si volviera a trabajar en lo que hacía antes o en algo similar, podría ser un mayor aporte”.