Existe una creencia instalada en muchos hogares chilenos: si a una niña le llega la primera menstruación, su crecimiento se detiene. Sin embargo, la evidencia médica indica que, si bien existe una relación entre ambos procesos, esta suele ser malinterpretada y esa confusión puede generar ansiedad innecesaria o llevar a tomar decisiones equivocadas respecto de la salud de las adolescentes.
La llegada de la primera menstruación, también llamada menarquía, marca una nueva y compleja etapa en la vida de una adolescente. Al tratarse de un proceso biológico que implica diversos cambios físicos y emocionales, muchas niñas pueden no estar preparadas para afrontarlo.
Asimismo, tras la llegada de la primera menstruación, suelen surgir consejos de madres y padres, comentarios del entorno escolar y diversas creencias que se asumen como ciertas. Entre ellas se encuentra la idea de que este proceso frena el crecimiento, algo que es desmentido por expertas.
Primera menstruación: ¿detiene el crecimiento?
“Existe el mito muy generalizado de que la primera regla o menarquía frena el crecimiento. Esto no es exactamente así. Lo que ocurre es que la primera regla suele darse en un momento de maduración corporal de la niña, en que el llamado estirón ya está llegando a su fin, quedando algunos centímetros en que se crece más lentamente“, explica la doctora Andrea von Hoveling, ginecóloga infanto juvenil de Endoplus.
La doctora María Fernanda Bermúdez, pediatra de IntegraMédica, coincide con su colega: “La primera menstruación, o menarquia, no significa que una adolescente haya terminado de crecer”.
“Habitualmente ocurre cuando ya pasó la etapa de mayor velocidad de crecimiento de la pubertad, pero todavía queda crecimiento por delante. Esto ocurre porque las placas de crecimiento de los huesos no se cierran inmediatamente con la primera menstruación, sino de manera progresiva durante los años siguientes“, señala a BioBioChile.
La pubertad en las niñas comienza generalmente entre los 8 y 13 años. El crecimiento más acelerado suele ocurrir en las etapas iniciales de este proceso, impulsado por la hormona del crecimiento y los estrógenos, que actúan sobre las placas de crecimiento ubicadas en los extremos de los huesos largos.
Es justamente cuando esas placas de crecimiento se van cerrando —proceso que acompaña la maduración ósea— que el estirón comienza a desacelerarse. Y la primera menstruación ocurre precisamente en ese momento del desarrollo.
Centímetros que puede crecer una niña tras la menstruación
“No es que la primera regla frene el crecimiento, sino que la primera regla ocurre cuando el esqueleto ya está bastante más maduro y, por lo tanto, está terminando su estirón. Aunque, efectivamente, quedan algunos centímetros por crecer”, precisa la doctora von Hoveling.
“En términos generales, una adolescente puede crecer alrededor de 5 a 7 centímetros después de la menarquia, aunque existe una variabilidad individual importante”, indica la doctora Bermúdez.
La especialista recalca que algunas adolescentes pueden crecer menos y otras bastante más. Aquello dependerá de factores como la edad de la primera menstruación, el momento de maduración ósea, la genética familiar, la nutrición y el estado general de salud.
“Por eso, la menarquia por sí sola no permite predecir exactamente cuánto crecerá una niña”, complementa la especialista de Integramédica.
La hormona del crecimiento cumple un rol fundamental durante toda la infancia y la adolescencia, estimulando el desarrollo óseo y muscular.
Importancia de asistir al médico
Una vez que las placas de crecimiento se cierran definitivamente, el hueso ya no puede crecer, independientemente de los niveles hormonales. Esto significa que el cierre de esas placas —y no la menstruación en sí misma— es lo que marca el fin del crecimiento en estatura.
Por esta razón, es relevante monitorear periódicamente el crecimiento de las niñas y asistir a controles médicos antes de la menarquia. Este seguimiento, a través de las curvas de crecimiento, permitirá advertir oportunamente si la niña presenta algún problema de salud y, de ser necesario, desarrollar un manejo terapéutico adecuado para favorecer su potencial de crecimiento en estatura.
La ginecóloga infanto juvenil de Endoplus expresa que “no es necesario frenar el inicio de la regla para que la niña siga creciendo”.
Y agrega: “La recomendación en este período es que los padres y cuidadores puedan acompañar este proceso, sobre todo promoviendo hábitos saludables, impulsando la actividad física para estimular el metabolismo óseo, dormir bien porque favorece la secreción nocturna de hormona del crecimiento, una alimentación equilibrada, rica en calcio y vitamina D, provee los nutrientes que los huesos necesitan para desarrollarse plenamente”.
Cambios en la pubertad y adolescencia
La menstruación es una parte de un proceso que comenzó mucho tiempo antes, recalca la doctora de Integramédica.
“Durante la pubertad ya se ha producido desarrollo mamario, aparición de vello púbico y axilar, cambios en la composición corporal y el característico estirón puberal”, señala.
En ese contexto, la doctora von Hoveling explica el cambio en la postura que suelen experimentar las niñas y adolescentes.
Tras el desarrollo mamario, las niñas tienden a adoptar una posición un poco curvada hacia adelante.
“Eso tiene que ver con dos cosas. A veces es una opción más bien consciente de ocultar este desarrollo mamario y, por otro lado, tiene que ver que cuando hay desarrollo mamario también se produce el estirón y muchas veces, por este crecimiento que es desproporcionado del cuerpo, las adolescentes adoptan posturas distintas porque todavía no están acostumbradas a este nuevo cuerpo”, plantea la doctora von Hoveling.
Pero, tras la primera menstruación, el cuerpo aún continúa experimentando cambios.
Importancia del acompañamiento familiar
“Después de la primera menstruación, los ciclos pueden ser irregulares durante los primeros años mientras madura el eje hormonal. También continúa el desarrollo corporal y óseo. Por eso es importante enseñar a las adolescentes que la menstruación no es un cambio que ocurre de un día para otro, sino una etapa dentro de un proceso normal de maduración“, complementa la doctora María Fernanda Bermúdez.
Finalmente, ambas reflexionan sobre este proceso en las adolescentes. La doctora Andrea von Hoveling indica que “es relevante vivir esta etapa como un proceso natural y asesorar en cuanto a la búsqueda, por ejemplo, de ropa interior que haga que la adolescente se sienta cómoda y no se sienta expuesta”.
En tanto, María Fernanda Bermúdez indica que “menstruar es un signo biológico de maduración puberal; no transforma automáticamente a una niña en adulta ni significa que tenga madurez emocional, psicológica o social”.
“Es importante evitar frases como “ahora ya eres mujer”, porque pueden imponer una carga emocional innecesaria. Una niña que comienza a menstruar sigue necesitando protección, acompañamiento, educación y cuidados acordes con su edad. La menarquia debe abordarse con naturalidad: como un proceso fisiológico normal, sin vergüenza, pero tampoco adelantando etapas de su desarrollo”, concluye.