Felipe Bianchi conoció a Elisa, la hija de su pareja Teresa Undurraga, cuando ella tenía apenas tres años. No compartían sangre ni existía un trámite legal que los uniera como padre e hija. Sin embargo, con el paso del tiempo, ambos construyeron un vínculo familiar profundo, cotidiano y elegido, al punto de que hoy ella lo define sin dudas: “Felipe es mi papá”.
La historia entre el periodista y Elisa Undurraga Rojas comenzó hace 27 años, cuando Bianchi iniciaba su relación con la madre de la niña. El primer encuentro ocurrió en una galería de arte en Barnechea, un momento que él recordó recientemente en un emotivo discurso que le dedicó a su hija mayor, recogió en una extensa nota de la periodista Rita Cox en Revista Ya.
“La primera vez que vi a la señorita Elisa, que hoy deja de serlo para pasar a ser la señora Elisa, fue cuando ella tenía como tres años. Tres años apenas. Una edad bastante parecida a mi edad mental de esos momentos”, relató en el discurso que Felipe Bianchi dio en el matrimonio de Elisa.
El periodista agregó que, desde ese primer día, Elisa ya mostraba una personalidad especial. “Me atrevería a decir que, ya entonces, la Elisa era muchísimo más madura que todos los que la rodeábamos. Conversamos y jugamos esa vez, un buen rato, echados en el suelo de madera de una galería de arte en Barnechea”, recordó.
Felipe Bianchi: “Yo andaba buscando ser papá”
Ese encuentro marcó el inicio de una relación que no necesitó etiquetas formales para transformarse en familia. Según Bianchi, el cariño apareció rápido y sin demasiadas dudas. “No lo pensé nunca. No fue tema. Ella me pareció un amor. Yo andaba buscando ser papá, muy probablemente, y crear una familia. A los diez minutos ya era su papá”, contó.
Con la convivencia, ese rol tomó forma en lo cotidiano. Felipe comenzó a vivir la paternidad desde los paseos, las responsabilidades, las rutinas y también desde los límites. “Uno pasa a preocuparse de otra persona que es capaz de hacer locuras, tales como ensuciar un sillón, botar un plato, sacarte un libro de tu biblioteca. Y me empezó a gustar habitar el cargo”, explicó.
Elisa también se integró a la familia de Bianchi desde muy pequeña. Para sus padres y su hermano, ella pasó a ocupar un lugar propio. “Mi mamá, su abuela, la Tita; mi papá, su abuelo, el tata Jaime; y mi hermano, su tío. Ella fue la primera nieta, la primera sobrina para mi familia. Siempre los tres juntos, sin diferencia”, expresó.
La llamada que hizo papá a Felipe Bianchi
Uno de los hitos más significativos llegó cuando Elisa tenía cinco años. Una noche, mientras veía El Rey León, tomó el teléfono y llamó a Felipe para hacerle una pregunta que él nunca olvidó: si quería ser su papá.
Bianchi dejó ese momento registrado en una columna que publicó en Revista Ya en junio de 2001. Allí escribió: “Me llamó por teléfono y me preguntó, sin muchas vueltas, si quería ser su papá. Su papá. Quería que yo fuera su papá. No lo soy, evidentemente. O quizás sí. Pero no por genes”.
En el mismo texto, el periodista describió la magnitud emocional de esa llamada. “Me pidió, sin preámbulos de gente grande, como a las nueve y media de la noche —no se me va a olvidar nunca la hora—, con un frío de la puta madre que se colaba por la ventana, lo más heavy que se le puede pedir a un hombre: me pidió ser mi hija. Me eligió. Punto”, escribió.
Desde entonces, Felipe construyó una paternidad presente. La iba a buscar al colegio, asistía a actividades y compartía las tareas de crianza con Teresa. También asumió, según sus propias palabras, el rol más estricto dentro de la casa. “Yo asumí más el rol del pesado. ‘Elisa, haz tu cama. Sal del sillón’. Siempre como que me tocaba a mí”, comentó.
Una familia consolidada
Con los años llegaron Elena y Manuel, los otros hijos de Bianchi, pero Felipe asegura que la dinámica familiar nunca cambió. “Siempre fueron los tres. Todas las pascuas, todos los cumpleaños, todas las reuniones, eran los tres niños”, afirmó.
La adolescencia trajo discusiones normales, pero jamás una ruptura del vínculo. Consultado sobre si Elisa alguna vez le dijo “tú no eres mi papá”, Bianchi respondió tajante: “Jamás. Ni una sola vez. Nunca me puso en jaque”.
Hoy, Elisa reconoce el lugar central que Felipe tuvo en su vida. “A él le debo gran parte de quien soy. Junto a mi mamá, me regaló la linda familia que tengo. Felipe es mi papá. Me adoptó, me crio y me ha cuidado siempre”, señaló.
La joven también destacó que Bianchi asumió ese rol sin obligación alguna. “Me formó, me educó y ha estado presente en cada una de las etapas importantes de mi vida. Felipe merece todo mi amor, admiración y agradecimiento por haber asumido el compromiso y la responsabilidad de criarme, cuidarme y educarme sin tener ninguna obligación de hacerlo. Lo hizo por decisión propia, por amor y por convicción”, expresó.
Elisa además siente que ambos comparten rasgos que van más allá de la crianza. “Con lo que más me identifico es con su sentido del humor, su carisma y lo buena persona que es con el resto, siempre dispuesto a ayudar. Y, por supuesto, ambos compartimos el amor absoluto por el chocolate y la leche asada”, contó.
Así, la relación entre Felipe Bianchi y Elisa habla de una paternidad que no nació desde los genes, sino desde una elección mutua. Ella lo eligió cuando era niña. Él aceptó el lugar y lo habitó hasta convertirlo en una historia familiar marcada por el cariño, la presencia y la convicción.