El impulso de una alianza inédita entre Chile, Perú y Argentina para transformar la minería mundial concentra la atención de los principales actores del sector. El llamado “triángulo del cobre” ha dejado de ser una simple metáfora geográfica para convertirse en un proyecto estratégico.
Esta reunión de los mayores productores de cobre de Sudamérica se da en un contexto marcado por inversiones millonarias, retos logísticos y un escenario político abierto en Perú, donde la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) continúa el escrutinio de la segunda vuelta presidencial y todo apunta a que Keiko Fujimori asumirá la Presidencia.
La propuesta de conformar un “triángulo del cobre” se consolida como una de las estrategias más ambiciosas de la minería contemporánea. Roberto Cacciola, presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), no duda al calificar esta integración como “indispensable”.
Para Cacciola, la clave para avanzar reside en que cada país defina con claridad sus límites. “El primer gran aspecto que tenemos que tener en cuenta los tres países es qué cosas no estamos dispuestos a cambiar, porque cada uno tendrá sus particularidades y esto creo que es fundamental para que, despejado ese tema, se pueda avanzar en los aspectos que sí van a ser comunes”, dijo a la Rumbo Minero.
El dirigente argentino señala que la colaboración entre los tres países no solo potenciará la producción de cobre, sino también el desarrollo de la industria del litio. A la vez, remarca la relevancia de la formación de talento.
“La integración entre países no solo beneficiaría a la producción de cobre, sino también a la producción de litio”, afirma Cacciola. De acuerdo con sus palabras, uno de los ejes esenciales de la alianza es fortalecer la cadena de valor y elevar la competitividad regional.
“Tres veces el PBI de Bolivia”
La magnitud de la apuesta queda reflejada en los datos. Iván Arenas, especialista en minería e hidrocarburos, detalla en una columna de opinión para El Comercio que en el llamado “triángulo del cobre” existen “42 proyectos que representan una inversión de más de US$138 mil millones o tres veces el PBI de Bolivia”.
Estos desarrollos tienen la capacidad de agregar más de seis millones de toneladas métricas de cobre fino a la oferta global, cantidad similar a la producción actual de Chile.
Si se suman los yacimientos argentinos de las provincias del norte, la producción conjunta de Chile y Perú podría crecer de casi ocho millones a cerca de catorce millones de toneladas, transformando el mapa minero internacional.
El trasfondo de esta integración es, según Arenas, la “geopolítica de los minerales críticos”. El auge de la demanda de cobre, impulsado por la transición energética y la expansión de la tecnología, proyecta un crecimiento que podría llevar el consumo mundial a diez millones de toneladas en 2035 y hasta diecinueve millones en 2050.
“Hasta que no haya un sustituto, el cobre definirá quién gana y quién pierde la carrera en ese mundo nuevo”, remarca el especialista.
Desafíos estructurales
El camino hacia la integración y el liderazgo mundial no está libre de obstáculos. Los expertos coinciden en que la burocracia y la tramitología han puesto frenos al desarrollo minero en la región.
Arenas advierte que “los estados han colocado mayores barreras, han burocratizado la industria minera con más trámites, papeles, sellos”. En el caso de Chile, el gobierno de José Antonio Kast prepara una reforma para simplificar doscientos procedimientos, ya que la tramitación en el sector puede demorar en promedio unos doce años.
En Argentina, el problema se agrava por la autonomía de las provincias, mientras que, en Perú, la situación se complica por la superposición de instituciones y regulaciones.
Acuerdos logísticos
Nicolás Muñoz, ingeniero chileno y analista de oferta de cobre de la firma británica CRU, aporta una visión comparativa. Según él, “la clave es que se cumplan los estándares al menor tiempo posible”.
El especialista sostiene que la reducción de los plazos administrativos podría acortar hasta un 30% el tiempo de desarrollo de los proyectos en Chile, una medida que podría replicarse en Argentina y Perú.
Muñoz también subraya la importancia de los acuerdos logísticos. “Argentina necesita probablemente mucho apoyo logístico desde Chile, porque está mucho más cerca del Pacífico para poder exportar sus concentrados de cobre”, explicó a RPP Noticias.
Chile y Perú, por su parte, poseen mano de obra calificada y experiencia acumulada que pueden compartir y exportar en beneficio de la región.
Estabilidad, reformas y modelos
El contexto político de Argentina y Chile ha favorecido, en los últimos años, la llegada de inversiones y la aprobación de reformas. El gobierno argentino de Javier Milei recibió el respaldo del sector minero tras la sanción del Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI).
Cacciola, justamente, destaca este marco como un factor que coloca a Argentina en igualdad de condiciones con países competidores como Canadá y Australia, ya que “tener una carga impositiva similar, pero fundamentalmente en el caso de Argentina, por la inestabilidad macroeconómica, el aseguramiento del acceso a las divisas y, por otro lado, en caso de incumplimiento, la posibilidad de litigar en el exterior”.
A esto se suma la reciente modificación de la Ley de Glaciares, que durante años había sido un obstáculo para el desarrollo de proyectos de cobre de larga data. Estas medidas han permitido comprometer inversiones por más de US$46 mil millones, entre las que destaca el proyecto Vicuña, que por sí solo alcanza los US$18 mil millones.
En Chile, las reformas para reducir la burocracia y agilizar los trámites han sido uno de los sellos del gobierno actual. De aprobarse las leyes anti tramitológicas en el Congreso, la producción cuprífera podría aumentar en casi un millón de toneladas y la de litio en más de cien mil toneladas, según estimaciones de Muñoz.
Política peruana
Mientras Chile y Argentina avanzan en acuerdos políticos y comerciales que incluyen a Perú, el panorama en Lima se mantiene en vilo por la falta de definición electoral. Según datos recogidos por BioBioChile, la ONPE aún no finaliza el conteo de la segunda vuelta presidencial, aunque todo indica que Keiko Fujimori ocuparía el sillón presidencial.
La diferencia entre la candidata de Fuerza Popular y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, quien representa a la izquierda democrática, es ajustada. Cabe recordar que Arenas ya había advertido que “el ‘triángulo del cobre’ no sería factible con un gobierno izquierdista en el Perú”, aludiendo a las propuestas de estatismo y nacionalización de empresas extractivas de sectores políticos rivales.
Al cierre de esta nota, el desenlace electoral permanece abierto y el sector minero aguarda señales de estabilidad y certidumbre.
Informalidad y minería ilegal
El análisis de Muñoz, además, introduce otra dimensión: la amenaza de la minería ilegal y la informalidad en suelo peruano. “En Perú, los yacimientos están más cerca de poblaciones más grandes. En el caso de Chile, están en zonas más desérticas, de alta montaña, donde hay menos población”, señala.
A esto se suma la ausencia de una entidad como la Empresa Nacional de Minería (ENAMI), que en Chile fomenta y protege a la pequeña minería. En Perú, la inseguridad para el capital minero se acentúa por la invasión de concesiones y la dificultad para fiscalizar operaciones fuera del marco legal.
La pregunta sobre cómo enfrentar la informalidad y la corrupción institucional queda abierta, como lo plantea Arenas: “¿Qué haremos con la corrupción instalada en algunas instituciones claves para la lucha contra la ilegalidad en la minería? ¿Atacaremos de fondo el problema en las ‘regiones verdes’ azotadas por la contaminación y las bandas criminales?”.
El debate sobre la exportación de concentrados sin procesamiento local también aparece en el análisis de Muñoz. Desde su perspectiva, “vender concentrado es bastante más rentable. Primero, porque hoy en día el mercado está en déficit; por lo tanto, las tarifas que te cobran las fundiciones en el extranjero son negativas. Es decir, te pagan por procesarte”.
Añade que invertir en fundiciones implica costos elevados y compromisos ambientales complejos, lo que hace que muchas empresas opten por exportar el mineral en estado intermedio.
El futuro del triángulo
El triángulo del cobre surge como respuesta a la demanda global y a la necesidad de asegurar el acceso a minerales estratégicos. Arenas sostiene que la integración podría asemejarse, en el largo plazo, al pacto europeo del carbón y el acero, que dio origen a la Unión Europea, aunque matiza que la viabilidad depende del clima político y la estabilidad institucional, particularmente en Perú.
De fondo, la región enfrenta una carrera por atraer inversiones y consolidar posiciones en el mercado global, donde las expectativas de consumo de cobre y litio no dejan de crecer.
Las decisiones que adopten Chile, Perú y Argentina en los próximos meses determinarán si el triángulo del cobre se convierte en un verdadero eje de poder y transformación minera mundial.