Un estudio reconstruyó el rostro de los denisovanos a partir de fragmentos fósiles de cráneos, dientes y mandíbulas.
Un estudio recién publicado en la revista Nature, permitió reconstruir el rostro de los denisovanos, una subespecie extinta del género Homo que es considerada de las más enigmáticas de la prehistoria, ya que se sabe poco de ellos.
Ahora, a partir de una colección de 20 fósiles encontrados en Xujiayao, China, donde había fragmentos de cráneos, dientes y mandíbulas, se conocen más detalles sobre su anatomía.
Entre los rasgos que los caracterizan figuran una frente baja e inclinada, un reborde supraorbitario prominente que se curva hacia atrás, unas órbitas oculares rectangulares, unas mejillas planas y un puente nasal moderadamente elevado.
“Por fin estamos empezando a ponerle rostro al denisovano”, afirma Sally Wasef, paleogenetista de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Brisbane (Australia).
Los denisovanos se identificaron por primera vez en 2010, cuando unos investigadores secuenciaron material genético extraído de un misterioso hueso de un dedo descubierto en una cueva de Siberia. El análisis reveló que su ADN era diferente del de Homo sapiens y del de los neandertales (Homo neanderthalensis). Desde entonces, el análisis de proteínas antiguas ha permitido atribuir a este grupo restos hallados en otras regiones de Asia, incluido el primer cráneo denisovano casi completo, descubierto cerca de Harbin, que contribuyó a esclarecer su apariencia.
Los restos de Xujiayao tienen al menos 130.000 años de antigüedad y fueron descubiertos en la década de 1970 junto con fósiles de animales y herramientas. En aquel momento, no se sabía con certeza a qué grupo humano pertenecían, por lo que se clasificaron como una especie denominada Homo juluensis.
Sin embargo, el análisis de proteínas antiguas conservadas en algunos de los fósiles permitió a Qiaomei Fu, genetista del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín, y a su equipo identificarlos como denisovanos.
Wasef destaca que el estudio de proteínas antiguas constituye una herramienta valiosa para complementar los análisis de ADN, especialmente porque las proteínas pueden conservarse durante más tiempo sin degradarse por completo. Aunque el ADN ofrece información más detallada sobre un individuo, las proteínas también permiten obtener datos relevantes sobre sus vínculos evolutivos.
Fabrice Demeter, paleoantropólogo de la Universidad de Copenhague, considera que estos resultados refuerzan las evidencias de que los denisovanos estuvieron ampliamente distribuidos y pudieron constituir un grupo diverso. “El estudio representa un gran avance para comprender cómo eran estos humanos y dónde vivieron“.
Un rostro para los denisovanos
El equipo de Fu analizó pequeños fragmentos de proteínas, conocidos como péptidos, extraídos de dos huesos de Xujiayao y los comparó con los presentes en humanos modernos y neandertales.
Los investigadores detectaron una modificación en un aminoácido que aparecía en varios péptidos de los restos de Xujiayao y de otros fósiles de Asia oriental. Esta variante es un marcador molecular conocido para identificar a los denisovanos y no se encontró en las muestras de humanos modernos ni de neandertales.
Según Demeter, la presencia de esta variante proteica característica en dos fósiles, junto con el análisis filogenético realizado por el equipo, aporta pruebas sólidas de que los restos pertenecen a los denisovanos.
El examen de la morfología de los fragmentos craneales, las mandíbulas y los dientes reveló que la parte superior y posterior del cráneo, incluida la bóveda que alberga el cerebro, era baja y ancha, un rasgo que recuerda al de Homo erectus.
Los fósiles también presentan características compartidas con los neandertales, los humanos modernos y otras especies de homininos posteriores. Entre ellas se encuentra una escama temporal arqueada, una estructura ósea plana situada en los laterales del cráneo.
Al mismo tiempo, los restos muestran rasgos distintivos, como un cráneo aplanado y alargado y una estructura ósea en forma de lámina, casi vertical, en su parte posterior. Fu señala que identificar estas características comunes podría ayudar a clasificar otros fósiles cuya pertenencia al grupo denisovano no se había podido determinar hasta ahora.
Demeter considera que esta posibilidad es razonable, aunque advierte de que hacen falta más pruebas genéticas o moleculares, además de las características físicas, para confirmar que todos los restos corresponden a una misma especie.
“Algunos rasgos pueden haberse heredado de un antepasado común, mientras que otros podrían haber evolucionado de forma independiente o reflejar la variabilidad existente dentro de las poblaciones”, explica.
El investigador también considera improbable que este estudio cierre el debate sobre la apariencia de los denisovanos, ya que habitaron una amplia región geográfica durante cientos de miles de años.
“Establecer una única morfología característica de los denisovanos a partir de un número limitado de fósiles puede llevarnos a subestimar la diversidad anatómica de estas poblaciones”, concluye.
Referencia:
Song Xing, Zhongyou Wu y otros autores. The proteome of Middle Pleistocene Xujiayao and common Denisovan morphology. Revista Nature, 2026.
Enviando corrección, espere un momento...