Los nuevos lentes de Meta con inteligencia artificial (IA) están causando preocupación en el mundo de la ciberseguridad y la privacidad de los datos, especialmente porque permiten grabar y capturar información del entorno de los usuarios de manera discreta.
La compañía de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, presentó los primeros modelos de estos lentes con IA en 2025 y ahora, a menos de un año, ya están causando estragos.
De acuerdo con BBC News, mujeres han denunciado que han sido grabadas sin consentimiento por hombres que usaban estos dispositivos y postearon el registro en internet. Meta recomienda el uso prudente a sus usuarios, pero ¿qué pasa cuando la responsabilidad queda en el uso que le dan los individuos?
Algunos expertos ya consideran esta nueva tecnología “una invasión a la privacidad” y también advierten de potenciales peligros.
Además, esta información que capturan los lentes va a parar a los servidores de Meta, pero ¿para qué se utiliza? ¿Quiénes moderan estos datos? ¿Y qué pasa con los vacíos legales en materia de ciberseguridad?
BiobioChile consultó a un experto para resolver estas dudas. Zady Parra, subgerente operacional y de seguridad de Zenta, explica que estos lentes “rompen con algo muy básico: hasta ahora, cuando alguien te grababa, lo sabías. Sacaba el celular, lo apuntaba. En el caso de estos lentes, permiten grabar fotos y video de forma prácticamente indetectable, solo hay una pequeña luz LED como aviso, mucho menos obvia que sacar un celular”.
“Y esto ha derivado en casos de grabaciones no consentidas en espacios públicos e incluso demandas contra Meta por no dejar claro que ese contenido pasa por revisión humana”, añade.
¿A dónde va la información?
De acuerdo con las políticas de privacidad complementaria de Meta Platforms Technologies, la compañía recopila, usa y comparte información de sus dispositivos wereables, que son aquellos que se llevan puestos, como los lentes. Esta información incluye fotos, videos y audio.
En el caso de los lentes con IA, Meta puede recopilar información cuando el usuario activa el procesamiento en la nube, interactúa con el servicio de Meta AI o cuando sube contenido a ciertos servicios que proporciona Meta, como Facebook o Instagram.
Los usuarios pueden restringir el contenido que use la empresa configurando sus preferencias, pero de no hacerlo, todo va a parar a los servidores de Meta. Parra señala que “lo que preocupa es que parte de ese material lo revisan personas de verdad, contratistas externos, para entrenar a la inteligencia artificial“.
“O sea, no es solo un algoritmo mirando tus datos, hay ojos humanos de por medio, y eso multiplica los puntos donde esos datos podrían filtrarse o ser mal usados”, advierte.
En este contexto, lo que más preocupa a los expertos en ciberseguridad es que se pueda ocupar información de personas que jamás dieron consentimiento, especialmente datos biométricos, que son las medidas físicas y patrones de conducta únicos de cada persona.
“Un dato biométrico no es como una contraseña que cambias si te la roban. Si se filtra tu rostro o tu voz, eso quedó filtrado para siempre“, añade Parra.
Algunos medios especializados han reportado que Meta también estaría desarrollando un código para eventualmente integrar reconocimiento facial en estos dispositivos, lo que aumentaría el riesgo, ya que esta tecnología permitiría reconocer a una persona en tiempo real.
“Es técnicamente viable combinando cámara, reconocimiento facial y bases de datos de imágenes públicas”, afirma Parra, “Meta abandonó el reconocimiento facial en 2021 por presión regulatoria, pero legisladores en EE.UU. han denunciado que la empresa estaría evaluando reincorporarlo en los lentes, lo que técnicamente permitiría ‘escanear’ e identificar a cientos de personas al día sin que ellas lo sepan”.
Los riesgos de los lentes con IA de Meta
Según el experto, los lentes pueden facilitar fraudes, ingeniería social e incluso robo de identidad. “Imagina que alguien te identifica en la calle, cruza esa cara con lo que encuentra en tus redes sociales, y en segundos ya tiene material para armar una estafa a tu medida o hacerse pasar por ti”, señala.
De hecho, es casi como hacerle el trabajo más fácil a los ciberdelincuentes: “eso hoy toma mucho más trabajo con un teléfono; con estos lentes se vuelve casi instantáneo”, dice Parra.
Además, si bien en sus políticas Meta recomienda el uso responsable, no grabar en lugares privados y el consentimiento, esto último recae únicamente en los usuarios que, con las denuncias recientes de violaciones a la privacidad, parece que no están preparados para manejar tecnología como esta.
Parra reflexiona que esto podría mejorarse con “educación digital y autorregulación activa: activar el LED siempre, evitar grabar en espacios privados (baños, camarines, conversaciones ajenas) y pedir consentimiento explícito antes de publicar a alguien”.
“En el fondo, acá también hay una cuota de responsabilidad de quien los usa. No es solo culpa de la tecnología. La herramienta la pone la empresa, pero el criterio lo pone la persona que se la pone en la cara”, agrega.
Y por último, también están los vacíos legales. En Chile, por ejemplo, hasta ahora no hay legislaciones suficientes. “La ley que tenemos hoy es de 1999, de antes de que existiera el smartphone, imagínate. Viene una ley nueva, la 21.719, que entra en plena vigencia en diciembre de este año y sí reconoce los datos biométricos como sensibles, pero un dispositivo como estos lentes, con cámara e IA integradas, todavía no tiene una regulación pensada específicamente para él”, concluye Parra.