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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El anuncio de la llegada de dos pandas gigantes al zoológico de Atlanta despierta la discusión sobre la posibilidad de albergar pandas en Chile. Especies como el panda gigante son nativas de China y su adaptación fuera de su hábitat natural presenta desafíos logísticos y climáticos, ya que requieren condiciones específicas de temperatura, humedad y alimentación, como el consumo diario de bambú fresco. Tania Grant de la UCSC explica que recrear estas condiciones en Chile sería complicado y obligaría a los pandas a vivir bajo un confinamiento tecnológico constante.

¿Puede un panda vivir en Chile? ¿Sería capaz de adaptarse a un hábitat que no corresponde a su China natal? ¿O podría nuestro país ofrecer las condiciones adecuadas para albergar esta especie? Estas interrogantes nacieron luego del anuncio de que dos pandas gigantes llegarán próximamente al zoológico de Atlanta, en Estados Unidos, en medio de un acuerdo anunciado por el presidente chino, Xi Jinping, ante Donald Trump.

La discusión no es nueva, según detallan desde la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) en un comunicado enviado a BioBioChile. Durante este año, la campaña “Un panda para Chile” impulsó la idea de traer un ejemplar al país.

Sin embargo, más allá del atractivo que despierta esta especie, la pregunta central es si sería posible garantizar su bienestar fuera de su entorno natural.

¿Por qué en Chile no pueden haber pandas?

Recordemos que el panda gigante es una especie originaria de los bosques montañosos del sudoeste de China, donde habita entre los 1.200 y 3.400 metros sobre el nivel del mar, en ecosistemas caracterizados por bajas temperaturas, alta humedad y abundante presencia de bambú, su principal fuente de alimento.

Debido a la especialización de su dieta, un ejemplar adulto requiere consumir entre 12 y 38 kilos de bambú fresco al día, lo que supone un importante desafío logístico para su mantención fuera de su distribución natural.

Al respecto, la médica veterinaria y académica de la Facultad de Medicina de la mencionada casa de estudios, Tania Grant, explicó que estas condiciones son difíciles de replicar en Chile, especialmente por las diferencias climáticas.

“Los pandas están adaptados evolutivamente a un clima templado de montaña, frío, húmedo y lluvioso. Su tolerancia a las altas temperaturas es muy baja y cualquier clima que supere de forma constante los 25 °C les provoca un severo estrés térmico”, especificó.

La nueva forma de medir el bienestar animal

En ese contexto, la especialista agregó que “mantener un panda gigante en la zona central del país requeriría infraestructura especialmente diseñada para controlar la temperatura durante gran parte del año, además de un abastecimiento permanente de bambú libre de pesticidas”.

Si bien señala que esas condiciones podrían recrearse mediante tecnología e infraestructura especializada, ello no implica necesariamente que el animal pueda desarrollar una vida acorde con todas sus necesidades biológicas.

Es más, el bienestar animal ya no se evalúa únicamente por el estado sanitario de una especie o por la disponibilidad de alimento. También considera la posibilidad de expresar comportamientos propios de su naturaleza y desenvolverse en un ambiente compatible con su evolución.

“Traer un panda a un zoológico, por mucho que cuente con altos estándares médicos, significa obligarlo a vivir bajo un confinamiento tecnológico permanente para protegerlo de un clima hostil. Se adapta la ingeniería para sostener la vida, pero no necesariamente un entorno donde el animal pueda expresar sus comportamientos naturales”, sostuvo Grant.

Mejor destinar recursos a preservar especies chilenas

El anuncio realizado por Xi Jinping también recuerda que los pandas han sido trasladados históricamente a otros países mediante programas de préstamo entre China y zoológicos extranjeros.

Pero gracias a décadas de restauración de bosques de bambú, creación de reservas y corredores ecológicos en China, el panda gigante dejó de ser considerado una especie “en peligro” y hoy se clasifica como “vulnerable”. Esto ha llevado a que los esfuerzos de conservación pongan especial énfasis en fortalecer las poblaciones silvestres y sus ecosistemas.

Desde la perspectiva de Grant, destinar grandes recursos para mantener un panda fuera de su hábitat tendría un impacto menor que invertir esos esfuerzos en la protección de especies nativas amenazadas, como el huemul, el zorro de Darwin o la ranita de Darwin, además de contribuir a la restauración de sus ambientes naturales.

“El verdadero aporte a la conservación no se mide por qué animal exótico podemos exhibir, sino por cómo sensibilizamos y educamos a la comunidad para proteger y restaurar la biodiversidad de nuestro propio territorio”, concluyó.