El libro de Ortúzar entrega muchos datos e incorpora citas a diversos autores chilenos y extranjeros para tratar de explicar una sobre oferta de títulos universitarios en Chile. Y la relación de este fenómeno con el estallido social de 2019 como del malestar, la rabia y las frustraciones colectivas. Además del ascenso del Frente Amplio.

Sueños de cartón

Pablo Ortúzar Madrid entrega en su ensayo muchos datos. Aunque varios de ellos se han difundido en medios de comunicación, y otros en publicaciones especializadas, el verlos reunidos no deja de sorprender y alarmar. Ellos son complementados por un desarrollo del concepto de inflación, con sus ventajas y grandes riesgos, explicando de paso sus efectos en Chile. Incluyendo la Unidad Popular y la actual de títulos universitarios.

El autor inserta muchas citas, pertinentes, que van dando mayor complejidad al tema. Incorpora así la mirada -o aspectos de ella- de diversos especialistas, chilenos y extranjeros. Con ellos, entre otros, aborda las posturas a favor y opuestas a la meritocracia, incluyendo la eliminación de los procesos de selección escolar.

Sueños de cartón, finalmente, establece una relación directa entre la crisis producida por esta inflación de títulos universitarios -con su consecuente incumplimiento de las promesas que conllevaban- con las protestas estudiantiles, el surgimiento y ascenso al poder del Frente Amplio y de Gabriel Boric, pasando por el estallido social.

En el intertanto, el autor hace una ácida y apasionada crítica al Frente Amplio y la nueva élite, incluyendo en ella, a la pasada, a la Concertación. Al final, Pablo Ortúzar hace algunas recomendaciones generales.

Datos desoladores

Los datos, muchos de los cuales conocemos, son desoladores. Más cuando están reunidos y muestran consistencia en el tiempo, a pesar del fuerte aumento de la inversión en educación en Chile.

“Si se sumaban analfabetos funcionales con aquellos que solo podían entender textos simples, el porcentaje sobrepasaba un 80% de la población. Entre los profesionales, en tanto, un 27% mostraba analfabetismo funcional y, sumados a aquellos que solo podían entender textos simples, se llegaba a un 65%. Una de las conclusiones de esta investigación (Estudio de competencias básicas de la población adulta, del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, 2013) es que no se registraban cambios significativos con los resultados de 1998.” (p 98)

Esos datos -nuestra realidad- muestran fracasos en la educación escolar como superior, tanto técnica como universitaria. (También, creo, de las familias, que cumplen un rol formativo importante).

¿Cómo se entiende que haya un 27% de profesionales con analfabetismo funcional? ¿Cómo tantos profesionales solo entienden textos simples? ¿Qué pasa con esas universidades?

Una mirada ambiciosa

En Chile se han publicado muchos libros y estudios sobre educación. La propuesta de Ortúzar es ambiciosa, porque no solo reúne datos y citas, sino que busca ligarla a la contingencia local. Entonces, el libro busca vincular muchas variables, aunque pertinentes.

En Sueños de cartón se aborda y se busca explicar un tema específico, como es la educación superior, y, al mismo tiempo, temas generales. Y en eso, quedan muchos vacíos, hay saltos poco explicados y muchos supuestos.

Por un lado, el autor no parte definiendo su concepto de sociedad y el rol de la educación en ella. Y el de la educación universitaria en particular. Tampoco entrega un contexto histórico claro ni tampoco inserta el proceso y la realidad chilena en un contexto global, al menos referido a Occidente. Finalmente, hay conceptos que no explicita, como, por ejemplo, qué entiende él por educación útil.

(Tampoco hay menciones a los profundos cambios que ha tenido el mundo con las nuevas tecnologías, “redes sociales”, etc.).

Algunos detalles

El autor da a entender que ha habido un deterioro en la educación superior chilena. Mi experiencia es que, en los años 80, había que “nivelar” a los estudiantes de educación técnico profesional en materias básicas, como matemáticas (cuando la oferta de cupos era muy limitada). En esa época, en Arquitectura de la PUC, se copiaba en algunas pruebas de manera descarada, y el cuerpo académico tenía muchos integrantes mediocres. O que, a fines de los 90, había alrededor de un 50% de arquitectos que no trabajaban en su profesión (¿desde cuándo hay sobreoferta de profesionales?).

También puedo mencionar que -y pido disculpas por lo autorreferente- la educación superior en esos años -hablo nuevamente de arquitectura- estaba muy desapegada de la realidad, de lo práctico.

En Sueños de cartón poco se dice del rol y los efectos que han tenido las universidades privadas. Ni sobre cuáles podrían ser los parámetros mínimos de calidad y quiénes debieran fijarlos. Tampoco sobre cómo ha incidido el libre mercado en un ámbito donde se juegan los sueños y el futuro de tantos jóvenes y de sus familias. O el considerar la educación como un bien o servicio por el que se paga, y al pagar, se exige un resultado, que son tener buenos resultados y un cartón.

En un mundo globalizado y de neoliberalismo, donde Chile ha sido pionero, extraña que no se analice en ese contexto. En especial sabiendo que hay sobreoferta de profesionales en muchos países. Que no se aborde el Tratado de Bolonia y sus efectos, el tener que responder a exigencias de publicaciones y doctorados y postdoctorados que tienen una lógica que, muchas veces, se alejan de las necesidades concretas, locales.

Perspectiva implícita

Ante la falta de marcos y definiciones explícitas, se deducen -con las posibilidades de error que ello conlleva- algunas ideas del autor. Algunas de ellas es que el título universitario es una inversión -de recursos públicos y/o privados, de tiempo, de sueños- para obtener algo a cambio. Y eso sería posibilidades de más y mejores empleos, además de estatus. Estabilidad, en otras palabras.

También plantearía que el Estado tiene un rol básicamente regulador y subsidiario, al servicio de la persona y de organizaciones comunitarias.

Además, plantearía que la educación (en todos sus niveles), debiera ser fundamentalmente “útil”. Pero al no definir qué entiende por ello, se deduciría que se refiere a productivo. En este punto las dudas se disparan.

Por ejemplo, ¿qué habría sido de Grecia antigua, uno de los principales pilares de la cultura occidental, sin sus filósofos, escritores y artistas? Hoy, éstos no son considerados “útiles”, a menos que sean rentables, que no es lo mismo. En la misma línea, educar sobre crianza, cuidado de terceros, medio ambiente, valores, educación cívica, cultura… ¿es útil?

En la ácida y apasionada crítica al Frente Amplio y su élite, y de pasada a la Concertación, pareciera que el resto de los partidos políticos, los gremios, las organizaciones productivas, sociales y las mismas universidades no jugaran ningún rol. Tampoco las familias.

A medida que se avanza en la lectura, las preguntas, dudas y vacíos van ganando terreno. Tanto, que las sugerencias finales parecen agua en el desierto.

Aportes

Los mayores aportes de Sueños de cartón, a mi juicio, están en los datos y antecedentes que entrega y en la gran cantidad de dudas y preguntas que surgen de su lectura (algunas de ellas producto de sus vacíos, de temas no explicados, etc). También puede ser un aporte leer el libro desde la perspectiva de un autor formado en estos tiempos, que mira desde los conocimientos y formas de pensar que recibió como de las vivencias que tuvo.

Editorial Planeta Chilena S.A.

Sueños de cartón

Pablo Ortúzar Madrid
Editorial Planeta Chilena S.A.

Santiago de Chile, enero de 2024