Artes y Cultura
Sábado 18 enero de 2020 | Publicado a las 18:00
Música de cámara se difunde en la Cordillera de los Andes este fin de semana en Festival de Portillo
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Las montañas amanecen resonando con los acordes que provienen del Hotel Portillo. Desde temprano, los estudiantes del Festival Internacional de Música Portillo comienzan sus ensayos, en medio del silencio de los Andes.

Laguna del Inca | Cedida
Laguna del Inca | Cedida

Ski Portillo, el centro de ski más antiguo de Sudamérica, se encuentra a 2900 metros sobre el nivel del mar, en medio de escarpadas montañas y frente a la resplandeciente Laguna del Inca. En su hotel, más de 50 estudiantes latinoamericanos estudian, ensayan e interpretan piezas de música de cámara. Junto a grandes maestros internacionales, los estudiantes mejoran su técnica y aprenden tanto de música como de los gajes de la carrera de un instrumentista.

“El silencio que reina en este lugar hace especial cada ensayo, cada concierto. Sin distracciones ni estímulos externos, los estudiantes pueden volcarse a su pasión en un 100%. Cada día en Portillo es una oportunidad para mejorar, aprender y crecer”, señalan desde la organización.

“Tener la posibilidad de llevar música a mi amado Portillo, escuchar esos sonidos resonando en las majestuosas montañas de los Andes, donde he pasado gran parte de mi vida, es algo maravilloso”, comenta Miguel Purcell, Gerente General de Ski Portillo.

Desde el punto de vista pedagógico, el entorno del centro de ski también se transforma en un elemento positivo: “Creo que estar en medio de este privilegiado paisaje es una muy buena combinación: les da a los estudiantes una solemnidad mayor, una capacidad de concentración que difícilmente encontrarán en otro lugar y además los inspira a buscar la excelencia”, explica Caroline Ward, experta en Coaching y Liderazgo que apoya a los jóvenes en su desarrollo personal y profesional.

Luis Querales (26), fagotista venezolano, ha participado de varios festivales de música, pero nunca en uno donde se estuviera tan desconectado del mundo exterior. “Aquí no hay televisión, no hay distracciones. Uno anda más en silencio y eso despierta un poquito más lo creativo a la hora de tocar”, explica.

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