Presidente, ¿usted de verdad cree que, a los vecinos de Bajos de Mena, a las familias de las Villas en Santiago, o a los compatriotas de Alto Hospicio en Iquique, de Ramaditas en Valparaíso, o de Peor es Nada en Chimbarongo les importa esto?

¿Usted cree que al chileno de a pie, ese que todos los días sale a la calle a ganarse las lucas le interesa que su mandatario esté metido en un foro abiertamente ideológico y parcial que solo divide al país? Se lo reitero, presidente: ¿usted cree que eso es lo que los chilenos queremos?

Por si acaso, presidente, cuando le digo que no venga a “dar jugo”, recurro a ese chilenismo tan nuestro porque no encuentro una forma más gráfica de expresarlo. “Dar jugo”, en buen chileno, es andar perdiendo el tiempo en cosas que no llevan a ninguna parte; es gastar energía en espectáculos innecesarios mientras las obligaciones de verdad están tiradas. Significa, básicamente, desenfocarse de lo que realmente importa. Y hoy, lo que importa es Chile, no las vitrinas internacionales.

¿Cuál es la idea entonces, presidente? ¿Darse un gustito político? Esos gustos se los podría dar como un ciudadano común, pero no como el presidente de todos los chilenos. Entonces, vuelvo a preguntar: ¿cuál es la idea?

Se lo digo con el máximo respeto, pero también con la franqueza que uno espera cuando se habla de las cosas que realmente importan. Y se lo digo, además, desde una posición que no busca que a su Gobierno le vaya mal. Todo lo contrario. Quiero que a usted le vaya bien porque quiero que a Chile le vaya bien. Pero precisamente por eso creo que hay que decir las cosas de frente y cuando corresponde.

Mi pregunta de fondo sigue ahí: ¿cuánto le suma hoy al presidente de Chile ir a cerrar el Foro Madrid?

Para que la gente entienda en corto: el Foro Madrid es un encuentro internacional de tendencia conservadora que reúne a dirigentes y organizaciones que comparten una misma mirada política.

Ahí se discuten temas que son perfectamente legítimos en democracia, como la libertad, la seguridad y el Estado de Derecho. No tengo ningún problema con que ese debate exista, ni con que quienes piensen así se junten a defender sus ideas.

Presidente Kast, con respeto: ¿para qué “dar jugo” con el Foro Madrid?

El problema real aparece cuando quien participa ya no es simplemente José Antonio Kast, el dirigente político o el excandidato presidencial, sino José Antonio Kast, el presidente de la República de Chile. Porque cuando uno llega a La Moneda, la responsabilidad cambia por completo.

Usted fue elegido por una mayoría, pero ahora gobierna para todos. Para los que votaron por usted y para los que no. Para los que militan y para esa enorme cantidad de chilenos independientes que están completamente desencantados de la política y no se sienten representados por ninguna etiqueta.

Ese es el punto que me preocupa. Porque el Chile real está bastante lejos de la discusión sobre quién habla o quién cierra un foro internacional de derecha.

El Chile real está en los barrios donde la gente vive con miedo. Está en el almacén de barrio donde el dueño mira asustado hacia la calle antes de bajar la cortina. Está en la familia que reza esperando que sus hijos vuelvan sanos y salvos a casa.

Está en el trabajador que se levanta de madrugada a buscar una oportunidad y en el emprendedor que necesita que la economía se mueva. Está en el paciente que lleva meses esperando una atención médica. Está en la gente común que quiere volver a sentir que el Estado existe y que aparece precisamente donde las papas queman.

Ese Chile no está pidiendo una nueva batalla ideológica. Está pidiendo seguridad, trabajo, crecimiento, salud y tranquilidad. Está pidiendo, sencillamente, poder vivir en paz.

Presidente, escuche más a Chile. Se lo dice este modesto ciudadano, un porteño de cerro, de Valparaíso, que conoce de cerca lo que es sacarse la mugre día a día. Escuche más a la gente, escuche más la calle.

Tenga la capacidad, usted y sus ministros de sintonizar con los problemas reales de nuestro pueblo, que hoy les pide a gritos ser escuchado. Muchos de los que confiaron en usted y le dieron su voto hoy sienten que se les está yendo la esperanza respecto a lo que eligieron.

Hay que cumplir lo que se prometió en campaña, presidente. Por ejemplo, tanto que se habló de los indultos para nuestras fuerzas del orden, particularmente para aquellos carabineros que pusieron su vida en riesgo por defender el país. ¿Y en qué quedó eso, presidente? ¿Está durmiendo el sueño de los justos o vamos a ver una postura clara al respecto?

Entonces la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿cuánto suma que el presidente de todos los chilenos cierre una instancia que, por su propia naturaleza, está amarrada a una sola corriente política? Mi respuesta sigue siendo la misma: no suma nada.

El presidente tiene que estar donde está la gente

Y digo esto sin cuestionar su derecho a tener convicciones. Por supuesto que las tiene y un presidente no tiene por qué esconder aquello en lo que cree. Lo que cuestiono es el uso de la investidura presidencial en un escenario que inevitablemente será leído desde una trinchera política.

Una cosa es participar como líder de un sector y otra muy distinta es hacerlo como jefe de Estado. Ahí hay una diferencia gigante. Un presidente tiene que aprender a trascender sus propias fronteras y entender que la tarea más difícil no es ganar votos, sino gobernar a quienes no piensan como él.

Porque si finalmente va a cerrar el Foro Madrid, la pregunta será qué imagen va a quedar. Y en política, las imágenes importan. Muy pocos chilenos van a escuchar su discurso completo, pero todos van a ver la fotografía: la del presidente de Chile cerrando una cumbre internacional de un solo sector.

Esa imagen puede generar la sensación de que el presidente está escogiendo un solo lado, profundizando las divisiones y abriendo brechas en un país que ya tiene demasiadas. Lo que necesitamos hoy es un presidente que una a la gente, no que la separe.

Presidente Kast, usted no necesita demostrarle a la derecha que es de derecha, ni a la izquierda que no lo es; eso ya todo el mundo lo sabe. Lo que tiene que demostrarle al país es algo bastante más difícil: que, a menos de seis meses de haber asumido, de verdad puede gobernar.

Que puede recuperar la seguridad, generar empleo, reactivar la economía y hacer que un trabajador vuelva a mirar el futuro con esperanza. Esa es la verdadera batalla, y ahí es donde el Gobierno debe cuidar sus prioridades. No hay ninguna necesidad de apurarse en construir una identidad internacional cuando todavía hay que demostrarle al Chile cotidiano resultados concretos.

El presidente tiene que estar donde está la gente: en los barrios donde la delincuencia se tomó la vida, encima de la agenda económica y pendiente de la salud. El ciudadano común no se levanta pensando en el Foro Madrid; se levanta pensando en cómo llegar a fin de mes y sale preocupado de que no le roben. No vuelve del trabajo pensando en discusiones ideológicas; vuelve pensando en su familia.

Chile es mucho más grande que cualquier foro

Y eso es lo que la política muchas veces olvida. La gente no quiere que sus autoridades se den gustos políticos; quiere resultados y paz. Por eso mi crítica no es contra sus ideas, sino contra una decisión presidencial que no conversa con las prioridades del Chile de hoy.

Por eso, presidente Kast, se lo digo nuevamente con mucho respeto: no dé jugo cerrando el Foro Madrid. No porque el foro no tenga derecho a existir, sino porque hoy Chile necesita otra cosa de usted. Necesita que se concentre en aquello por lo que millones fueron a votar: seguridad, crecimiento, orden y tranquilidad.

Al final de su Gobierno, los chilenos no van a preguntarle cuántos foros internacionales cerró. Van a preguntarle si pudieron volver a caminar tranquilos por sus barrios, si encontraron trabajo y si sus hijos estuvieron más seguros. Ese es el único juicio que importa.

Por eso, presidente Kast: menos trincheras y más Estado. Menos polémicas y más resultados. Menos señales para los propios y más respuestas para todos. Porque Chile es mucho más grande que cualquier foro, y la Presidencia de la República también.