Artes y Cultura
Lunes 23 marzo de 2020 | Publicado a las 12:23 · Actualizado a las 12:33
Por favor, no vengan: Hasta la tumba de Pablo Neruda est√° en cuarentena
Por Tu Voz
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No hay nadie. Ni turistas, ni caracolas, ni perro que le ladre. A solas la tumba y casa de Pablo Neruda en Isla Negra. No por abandono, por cierto, que bien sabe la Fundación y todo el balneario el atractivo turístico y comercial que genera el segundo Premio Nobel de Chile. No hay nadie. La Canción Desesperada también está en su debida cuarentena.

Marcel Socías (c)
Marcel Socías (c)

Por Marcel Socías Montofré

Por eso es que muchos habitantes del litoral central de Chile piden a gritos que se cierren las rutas de ingreso. Porque el riesgo del coronavirus no es una met√°fora del canto a la muerte. Es la muerte misma. Al menos su riesgo. Sobre todo en pueblos costeros tan fr√°giles como Isla Negra. Esa precariedad provinciana del Chile que no es Santiago y que hoy se siente a flor de piel por la pandemia y su Residencia en la Tierra.

Así lo han comprendido las autoridades locales del Litoral de Los Poetas, desde San Antonio hasta Algarrobo, pasando por Isla Negra, que a falta de recursos intentan al menos contener la llegada de potenciales contagiados. En serio. No es exageración. Si hasta la camioneta ambulancia antigua de El Tabo parece más digna de museo que de confianza.

Y resulta as√≠ un paisaje extra√Īo. Como si de un momento para otro la melancol√≠a de Los Versos del Capit√°n se palparan en el aire. Lac√≥nicos junto a la soledad en Isla Negra. Una soledad extra√Īa para un sitio y lugar donde habitualmente hay feria de artesanos, cantantes callejeros, vendedores del souvenir nerudiano y una flora y fauna comercial que alegra el paisaje de la casa mausoleo en la zona de Quebrada de Alvarado (sabiendo, por cierto, que el nombre de ‚ÄúIsla Negra‚ÄĚ fue otra jugarreta en vida del poeta de Temuco).

Marcel Socías (c)
Marcel Socías (c)

Ahora todo es silencio. Tal como el que esperaba Neruda cuando pidi√≥ por favor que lo enterraran junto al mar. Como el silencio y hasta olvido que sufre su sue√Īo de fundar una ciudad a dos kil√≥metros de distancia de su tumba, llegando a Punta de Tralca. La m√≠tica ciudad de Cantalao que anunciara en su √ļnica novela. El Habitante y su Esperanza (1926).

Aunque luego de su muerte y por decisiones varias sólo terminó siendo un improvisado parque de 4,3 hectáreas sin alojamiento para artistas como propusiera el mismo Neruda al comprarlo en 1968 a precio de oferta junto a los acantilados.

Marcel Socías (c)
Marcel Socías (c)

Pero ese es otro tema para mejor momento. Ahora los sonetos están en silencio. Tan sólo un cartel escrito sin verso y con mucha responsabilidad a la entrada de la casona echada junto a los roqueríos negros. Cerrada hasta el 31 de marzo. Obviamente con la posibilidad cierta de extender los plazos hasta que la pandemia lo permita.

Como cerrada también está la casa de su vecino Vicente Huidobro en Cartagena y cerrado por otras razones más familiares el domicilio de Nicanor Parra en el balneario de Las Cruces. Cerrado el Litoral de Los Poetas.

Marcel Socías (c)
Marcel Socías (c)

No hay nadie. Y tal vez por eso se puede apreciar mejor el ambiente real que vivió Pablo Neruda en la zona cuando no estaba paseando por sus otras casas en Chile. Cuando buscaba restos de maderos para su escritorio entre zarapitos de la orilla de mar, pilpilenes y hasta uno que otro colibrí. Aves que aprovechan la calma del océano Pacífico antes de que el Crepusculario turístico terminara por convertir la tumba del poeta en lugar de peregrinación cultural.

Ahora hay calma. Se escucha el sonido del mar. Crecen los pinos. El sol de oto√Īo entibia amable sin tanta sicosis comunicacional. Las autopistas est√°n vac√≠as como si de pronto todo fuera un flashback -o analepsis, o escena retrospectiva, como dir√≠a el propio Neruda en su buen uso del castellano.

Ahora se respira el ambiente y los tiempos en que el due√Īo del hogar en Isla Negra fuera Don Eladio Sobrino, viejo marino espa√Īol que en 1938 le vendi√≥ su caba√Īa de piedra a Pablo Neruda. El ambiente de la zona cuando a√ļn encallaban barcos en los roquer√≠os de bajamar ‚Äďen el trayecto de San Antonio a Valpara√≠so-, como el naufragio del vapor Castilla a principios de marzo de 1940, justo en la playa que marca el l√≠mite y puente entre Isla Negra y El Tabo del poeta Jon√°s (Jaime Miguel G√≥mez Rogers, 1940-1985).

Marcel Socías (c)
Marcel Socías (c)

Si hasta la propia Violeta Parra verane√≥ responsablemente por estos lados costeros de Chile al centro. Hay fotos ‚Äďque la palabra selfie no da para escribir d√©cimas-, como feliz testimonio de sus veranos juntos a Teresa Vicu√Īa.

Y precisamente tanta selfie es la que molesta a los habitantes de la zona. Las que vienen sin amor en los tiempo de la pandemia. Sin consideración. Sin escuchar del todo el significado fraterno que al menos en sus escritos escribió por los otros Neruda. Al menos para confesar que había vivido.

Precisamente de eso se trata. De vivir para contarla, como dir√≠a su amigo Gabriel Garc√≠a M√°rquez. De eso se trata. Por eso no venga y aprovechen de leer los libros de Neruda, sobre todos los √ļltimos en vida, para comprender mejor por qu√© amaba tanto la vida, Isla Negra y esa costa central de Chile que siempre tiene calma de oto√Īo a invierno.

Marcel Socías (c)
Marcel Socías (c)

Por eso no vengan por ahora. Pronto habr√° tiempo para El Libro de Las Preguntas. Por ahora mejor la vida.

Por ahora la respuesta es una sola y por muy Estravagario que suene: hay que mantener no sólo la distancia por estilo poético de Neruda, sino también para que todos podamos confesar que después de la pandemia hemos sobrevivido.

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