Artes y Cultura
Miércoles 03 octubre de 2018 | Publicado a las 10:43 · Actualizado a las 10:51
#HistoriasDelNo: Una mujer fant√°stica
Publicado por: Ezio Mosciatti
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1988, la ‚Äúbatalla era desigual‚ÄĚ. El pinochetismo ten√≠a copado los medios de comunicaci√≥n y las calles, a lo que se sumaba el hostigamiento de las fuerzas policiales (l√©ase Carabineros de Chile y ‚Äúciviles‚ÄĚ con corte de pelo que los delataban, o de los otros, esos que se movilizaban en veh√≠culos sin ‚Äúplaca patente‚ÄĚ, como dicen algunos).

Afiche Hay tantas formas de decir NO, EM (c)
Afiche Hay tantas formas de decir NO, EM (c)

Hab√≠amos creado e impreso, con Geraldine Gillmore, Leonardo Ahumada, Paola Cantergiani, Paulina Veloso y yo, el afiche ‚ÄúHay tantas formas de decir PiNOchet‚ÄĚ, que vend√≠amos a precio de costo en manifestaciones, universidades y sedes de la campa√Īa. Tambi√©n enviamos copias a varias ciudades del pa√≠s. Todo a pulso y fuera de la ‚Äúinstitucionalidad‚ÄĚ de la campa√Īa del NO.

Detalle "Hay tantas formas de decir PiNOchet", EM (c)
Detalle “Hay tantas formas de decir PiNOchet”, EM (c)

A solicitud de varias personas, que querían tener el afiche en sus casas o lugares de trabajo, sacamos del afiche a Pinochet y dejamos sólo el NO.

Tambi√©n entregamos a distintas librer√≠as el afiche para que tuviera presencia. Pero nos faltaba la calle…

La calle de los vendedores ambulantes

Quer√≠a que el NO estuviera en la calle, en un lugar que el S√ć no pod√≠a ganar. Yo, que hab√≠a estado en muchas manifestaciones opositoras y tambi√©n como atento observador de algunas a favor de la dictadura, en particular aquellas frente al entonces llamado ‚ÄúDiego Portales‚ÄĚ, sab√≠a que nuestro afiche pod√≠a ‚Äúganar‚ÄĚ la calle de los vendedores ambulantes -esos que toman el pulso de lo que anhela la gente-, que si quer√≠an lo pod√≠an vender (a pesar del miedo) y que muy pocos o nadie iba a estar dispuesto a comprar uno del S√ć.

Manifestantes a favor de la dictadura, 11 de septiembre de 1996 o 1997, EM (c)
Manifestantes a favor de la dictadura, 11 de septiembre de 1996 o 1997, EM (c)

Fui al Paseo Ahumada en más de una oportunidad para ver si había interesados. Y no los hubo. Los vendedores ambulantes estaban controlados por unas pocas personas que decidían quiénes y qué podían vender. A ellos creo haber llegado. No querían meterse en política, sus negocios iban bien y no querían que las autoridades y los carabineros los molestaran.

Pero un vendedor se apiad√≥ y me dio el dato, la llave maestra…

Ella que est√° esperando guag√ľita

‚ÄúHable con esa mujer, ella no es de aqu√≠, pero la dejaron porque est√° esperando g√ľag√ľita. Ella le puede vender, y no le dir√°n nada‚ÄĚ, me dijo, se√Īal√°ndome con la pera una mujer que, si no me falla la memoria y no me enga√Īan las idealizaciones, bordeaba los treinta a√Īos, medianamente bella, de gran cabellera negra, tez blanca o levemente morena. Se vest√≠a de manera muy simple, como una mujer pronta a ser madre (c√≥digo dif√≠cil de quebrantar en la √©poca). Digo, se vest√≠a m√°s como una se√Īora que como una joven relativamente atractiva que est√° soltera, aparentemente sin pareja y embarazada.

Me trató con algo de recelo al principio, el que creció al ver de qué se trataba lo que le estaba ofreciendo. Se puso nerviosa, pero percibí que le gustó el afiche, su contenido, o, al menos, que fuera contra Pinochet.

Le ofrec√≠ dejarle en ‚Äúconcesi√≥n‚ÄĚ 20 o 30 ejemplares para que probara, y acept√≥.

Esto debe haber sido en junio. Los vendió rápido y pidió más, y más. Cada vez traía el dinero justo -en billetes arrugados y muchas monedas- para pagar los afiches que ya había vendido.

Con el tiempo se sumaron un par de vendedores ambulantes m√°s. Para m√≠ era un orgullo y un triunfo que material del NO se vendiera en el Paseo Ahumada, que hubieran ganado ese espacio. Algunos intentaron suerte con materiales del S√ć, con p√©simos resultados. Aunque sospecho que era para justificarse ante carabineros, argumentando que ten√≠an de los dos bandos.

Una mujer fant√°stica

La barriguita de la vendedora (si alguna vez supe su nombre de pila lo olvid√©) y sus ventas crec√≠an a la par. La √ļltima vez, seguramente en agosto de 1988, se fue con dificultades, muy cargada: le entregu√© 350 ejemplares, y desapareci√≥…

Las √ļltimas semanas de campa√Īa, y de nuestra campa√Īa paralela, ciudadana, con nuestros propios grupos de voluntarios fueron arduas, sin respiro. Y lleg√≥ el 5 de octubre, la tensi√≥n extrema y el triunfo del NO. Y con √©l tambi√©n lleg√≥ el olvido de la vendedora ambulante.

Pudo haber sido a fines de marzo o abril. Yo ten√≠a el taller en una casa en Carlos Ant√ļnez (que, por supuesto, demolieron hace a√Īos), una pieza amplia en el segundo piso que alguna vez fue un dormitorio en esas casas de los a√Īos 20 del sXX. Un d√≠a tocan el timbre y me gritan, desde abajo, que alguien me buscaba.

Era ella, radiante, con un bebé en brazos. Venía a pagarme los 350 ejemplares del afiche con un rollito de billetes ajustados con un elástico.

‚ÄúVengo a pagarle. Disculpe la demora pero se adelant√≥ el parto, sali√≥ antes‚ÄĚ, me dijo orgullosa, mostrando su beb√© (por cierto que los a√Īos no hacen f√°cil citar de manera textual).

Le dije ‚Äďigual que aquel d√≠a cuando la conoc√≠- que yo no buscaba dinero con el afiche sino ayudar a derrotar a Pinochet, que ya me hab√≠a olvidado y que aprovechara el dinero (que, a valor actual, debe haber bordeado los $160.000) para los gastos de su beb√©.

Me dio las gracias, me dijo que gracias a las ventas del afiche hab√≠a ‚Äúsalido adelante‚ÄĚ con los gastos del parto y estos primeros meses, que estaba muy agradecida (repet√≠a), pero que ese no hab√≠a sido el trato y para ella era muy importante respetarlo y saldar su deuda.

Le dije que no tenía otras cosas para ofrecerle para que vendiera, que por qué lo hacía si además yo no tenía cómo ubicarla, si ni siquiera sabía su nombre completo.

‚ÄúPorque ese era el trato, me sirvi√≥ m√°s de lo que esperaba y para m√≠ es importante respetarlo‚ÄĚ, dijo poco antes de irse.

Una mujer fant√°stica a la que, atolondrado, no atin√© a pedirle sus datos, para saber de ella, de su hijo y de c√≥mo se seguir√≠a desarrollando esta historia que cada vez que recuerdo me ilumina…

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