Señor Director:

Enero vuelve a poner sobre la mesa la Ley de Inclusión Laboral; entre el 1 y el 31 de enero, las empresas con 100 o más trabajadores deben realizar la comunicación electrónica y acreditar cómo cumplen el 1% de contratación, o bien justificar medidas subsidiarias.

Pero el mayor desafío (y el que menos se discute) no está solo en la “cuota”, sino que está antes, partiendo en las grandes brechas de educación media, técnica y universitaria para personas con discapacidad.

Hay un vacío enorme en los últimos años; por falta de accesibilidad, por ausencia de diseño universal y ajustes razonables, por barreras económicas y también por apoyos insuficientes para permanecer y egresar.

Lo anterior se traduce en que las personas con discapacidad no siempre cuentan con las herramientas necesarias para un desarrollo autónomo.

Por eso, cuando se amplía el plazo para que algunas empresas cumplan vía donaciones como medida subsidiaria, se vuelve aún más importante proteger el espíritu de la ley: incluir de verdad, no solo declarar.

Si queremos más contratación, necesitamos una ruta completa que incluya formación accesible, apoyos reales en educación superior, prácticas e intermediación laboral, y acompañamiento para ajustes en el puesto de trabajo.

La inclusión laboral no se construye en enero: se construye en años.

Bernardita Milad J.
Abogada
Mg. en Derecho Público