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Miles de birmanos celebran la liberación de la Premio Nobel Aung San Suu Kyi
Publicado por: Alberto Gonzalez
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En Rang√ļn, a las 17.30 horas, en cuanto la polic√≠a levant√≥ las barreras en el sendero que lleva a la casa de la opositora Aung San Suu Kyi, miles de birmanos desbordantes de alegr√≠a se precipitaron hacia la residencia de su hero√≠na, que apareci√≥ por fin al cabo de a√Īos de cautiverio.

Sonriendo o riendo, saludando a la multitud, la disidente vestida de una t√ļnica violeta, se irgui√≥ por encima de la verja roja que rodea su casa. Los que estaban en las primeras filas le tend√≠an sus manos, se agarraban de la verja o le ofrec√≠an ramos de flores.

Aung San Suu Kyi parece feliz y de buena salud, a todas luces complacida de esta comuni√≥n con sus partidarios despu√©s de a√Īos de separaci√≥n total.

“Tenemos que trabajar juntos, de consuno”, exclama ante la multitud entusiasta.

Pero sin micr√≥fono, los que est√°n m√°s lejos no pueden o√≠rla. Entonces le da cita para el domingo en la sede de su partido, la Liga nacional por la democracia (LND). “Si quer√©is escuchar, por favor venid a la oficina ma√Īana al mediod√≠a”.

Despu√©s, volvi√≥ a la antigua construcci√≥n familiar instalada al borde de un lago de Rang√ļn, de la cual casi no ha salido nunca desde hace m√°s de siete a√Īos.

Entre la multitud hay periodistas y diplomáticos extranjeros, que también están allí para constatar personalmente esta liberación tan esperada.

“Es una euforia el√©ctrica la que hay aqu√≠. Todo el mundo grita su nombre y dice ‘queremos a Suu’, seg√ļn relat√≥ un diplom√°tico occidental justo delante de la verja. “Se ve muy fresca, muy relajada, muy vivaz, muy sonriente. Tiene siempre toda su aura”.

A√ļn cuando la “Dama de Rang√ļn” volvi√≥ a su casa despu√©s de unos veinte minutos ante su p√ļblico, sus partidarios, muchos de los cuales tienen camisetas donde puede leerse “De pie con Aung San Suu Kyi”, no abandonan por lo tanto los alrededores de la vivienda.

A medida que pasan las horas, cada vez m√°s personas van llegando. Los militantes de la LND se abrazan. Hay muchos que est√°n sentados delante de la casa, aplaudiendo y enarbolando retratos de la que encarna la esperanza de una vida mejor.

“Estamos tan contentos. No s√≥lo por la liberaci√≥n de Suu Kyi, es tambi√©n la liberaci√≥n del pueblo”, comenta un miembro de la LND.

“Parece m√°s vieja que antes. La √ļltima vez que la vi, era en 2002″ estima Htein Win, otro joven militante del partido de la disidente.

En aquella √©poca, estuvo libre durante un a√Īo, antes de ser una vez m√°s puesta en arresto domiciliario en mayo de 2003. En total, ha pasado casi 15 de los √ļltimos 21 a√Īos privada de libertad.

Un bus pasa por la calle. La multitud informa a gritos sobre la noticia a los pasajeros que dejan libre curso a su alegría.

A pesar del miedo a los polic√≠as en civil, a las c√°maras y filmadoras que los enfocan, los partidarios de la Nobel de la paz hab√≠an comenzado a reunirse desde el viernes y luego desde el s√°bado en la ma√Īana, para estar seguros de poder saludar a su hero√≠na.

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