Cultura


Se despide un grande: El Temucano dice adiós a los grandes escenarios

Tito Fernández
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“El Canto del Hombre” es el nombre que Humberto Baeza, más conocido como Tito Fernández, escogió para su concierto de despedida. El cantante popular, ha dedicado su vida a retratar en sus obras al hombre de la tierra, a mostrar la realidad de nuestras costumbres, tradiciones, intereses y prejuicios, para reforzar y defender la identidad chilena.

A sus 73 años de edad, el autor de temas como La casa nueva, Los pelaos y los guatones, La madre del cordero, Me gusta el vino y tantas otras, siente que llegó la hora de cuidar de su salud y reducir su carga laboral

“Estoy cansado, mi cuerpo ya no me da para estar ahí de pie durante tanto tiempo, es un tremendo sacrificio”, afirmó el artista, a lo que su hijo mayor y guitarrista, Marco Antonio agrega “nosotros (la familia) creemos que ya es tiempo de que mi papá descanse de esas largas presentaciones, a pesar de que sabemos que su voz continúa intacta y no le demanda esfuerzo, queremos que cuide su salud porque queremos tener no sólo a un Temucano, sino que a un papá, abuelo y esposo durante mucho rato más”.

No obstante, a pesar del cansancio que acusa, el Maestro conserva intacta la calidad de voz y su capacidad interpretativa, tan característica. Así es que, como muestra de cariño y respeto por su público, recorrerá algunas ciudades del país para mostrar este espectáculo y compartir con todos el emotivo momento en que dirá ¡hasta siempre! “Gracias por haberme acompañado durante tanto tiempo”, es el mensaje que Tito Fernández quiere transmitir a su público.

Es así como en octubre estará en Temuco y Puerto Montt (28 y 29 respectivamente) y luego en noviembre, en las ciudades de Concepción y Antofagasta.

56 años de trayectoria

Tito Fernández es, sin lugar a dudas, el cantor chileno más reconocido tanto en el país como en el mundo. Su carrera surge en los años ’60 ante la necesidad social de expresarse a través de la música popular. Su cultura musical de raíz folclórica como ramificaciones y fusiones con la misma, destaca por ser fiel reflejo de la identidad chilena contribuyendo al patrimonio intangible de la cultura nacional.

Contiene en más de 800 creaciones entre poemas y canciones grabadas en 96 producciones fonográficas, una variedad de fluidos y flexibles versos con diversas formas métricas, utilizando muy simples y reconocibles recursos musicales acompañándose -la mayoría de las veces- tan solo de una guitarra.

Ganador de todos los festivales a los que alguna vez se presentó, triunfador en Viña del Mar, en dos oportunidades, honrado con los máximos galardones del certamen; posee entre sus reconocimientos, antorchas y gaviotas de oro y plata, innumerables discos de oro y platino, premios Apes, Alerce, Copihues y Laureles de oro, fue premiado por el Congreso Nacional, es Hijo Ilustre de Temuco y Lo Espejo, premiado por la SCD, recibió el premio a la música Presidente de la República, reconocido como Pionero de la Cuenca Backer, posee un preciado Altazor y un premio muy especial, otorgado por la Corporación Siglo XXI sólo a destacados científicos, que en una ocasión se le otorgó al Maestro, entre muchos otros.

“Yo agradezco y atesoro todos mis premios y galardones, pero sin duda alguna mis favoritos son el Altazor -que me entregaron mis pares, músicos chilenos- y el de la comunidad científica, que sólo en una ocasión se ha otorgado a alguien que no es científico, y ese fui yo”, sentencia con orgullo.

El Temucano, recorrió más de la mitad del mundo ofreciendo un repertorio de canciones de su propia autoría, y se presentó en los escenarios más destacados del orbe. El Coliseo de Lima, Perú; el Teatro Municipal de San Juan, en Puerto Rico; Columbia University de New York, EE.UU; Teatre L´OLIMPIA de París, Francia; Casa “Pablo Picasso” de Fráncfort, Alemania, por nombrar algunos. También estuvo en otros países como Bolivia, Ecuador, Paraguay, Suecia, Bélgica, Holanda, España, Dinamarca, Inglaterra, Noruega, Suiza, Canadá, México, Australia, lugares a los que llevó sus populares canciones y sus pícaras historias que develaron nuestra identidad a los extranjeros e hicieron rememorar preciados momentos a nuestros compatriotas.

Hoy Tito Fernández, se encuentra preparado para despedirse de las ovaciones multitudinarias, está dedicado a realizar terapias y clases de filosofía hermética y a escribir; pues realiza una recopilación y síntesis de los 83 diarios (más de 51 mil páginas) en que ha registrado su vida.

Pero El Temucano es un cantor, no porque haya alcanzado el éxito, sino porque nació así, siendo un cantor popular, “porque los cantores no cantamos para hacernos famosos ni para ganar plata, cantamos porque es nuestro destino”, asegura; y seguirá cantando mientras pueda, acompañado de la guitarra de su hijo Marco Antonio Fernández, quién se encargará de preservar el legado de su padre para las generaciones venideras.

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