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La ejemplar metamorfosis de Medellín

Jorge Gomez (CC)
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En Medellín, el “funicular de los pobres”, inaugurado hace diez años, cambió la vida de los desamparados de la segunda ciudad de Colombia. La experiencia revolucionó el otrora feudo de los capos de la droga e inspira a urbes violentas como Caracas o Rio de Janeiro.

Una línea de metro con bibliotecas en las estaciones, un funicular y hasta escaleras mecánicas al aire libre trajeron alivio y dignidad a los vecinos de las zonas más pobres de esa ciudad de 2,5 millones habitantes, que en los 90 fue una de las peligrosas del mundo.

Los moradores de la Comuna 13, una de las más pobres y violentas, vuelven cómodos a casa. Las escaleras mecánicas reemplazan a los 350 escalones que debían subir cada día tras la jornada de trabajo.

Este sistema de transporte “genera un sentido de pertenencia”, dice a la AFP Juliana Correa, directora de comunicaciones del Metro.

“Antes la gente de los barrios pobres de los cerros decía ‘Voy a bajar a Medellín’, ahora se siente parte de la ciudad”, aseguró.

La estación Acevedo es hoy un atractivo turístico con su imponente vista de la ciudad, una enorme biblioteca y un servicio de alquiler de bicicletas.

“Este era un barrio muy violento, no había tanta gente, no había tanto transporte”, comenta Luz Valdés, una mujer que atiende una pequeña tienda de comestibles a las afueras de la estación.

“Ahora hay mucho empleo, mucho turista que viene de lejos a visitar el barrio porque es muy bonito con el Metrocable (funicular) y la Biblioteca España”, añade.

La noche oscura

Hoy es un recuerdo lejano el terror vivido cuando el narcotraficante Pablo Escobar fue amo y señor de la ciudad durante más de una década, hasta su muerte en 1993.

Medellín vivió “una noche oscura, larga y dolorosa”, evoca ante la AFP su alcalde Aníbal Gaviria.

La ciudad tuvo en los 90 los más altos índices de homicidios, con 380 por cada 100.000 habitantes. En 2013, la tasa es diez veces menor, según la alcaldía.

La clave contra la violencia es un programa de “acupuntura urbana” que busca la integración social.

El plan, que para 2014 cuenta con un presupuesto de 88 millones de dólares, ofrece servicio de transporte en puntos críticos e impulsa la educación, la cultura, la salud y el despliegue de efectivos de seguridad a fin de devolver la presencia del Estado a los barrios pobres.

“Proyectos como el Metrocable, como el mismo metro, las escaleras eléctricas, las bibliotecas, de alguna forma implican la presencia estatal en sitios de la ciudad que habían estado abandonados”, dijo Gaviria.

El teleférico de los pobres, una inspiración

Ferney Navarro, de 32 años y usuario del funicular, lo confirma: “Ya hay más control de la autoridad. Al ver que viene tanto turista, al gobierno le ha tocado apretar porque antes estábamos muy abandonados, y ahora nos tienen más protección”, afirma.

Y las estadísticas apoyan su percepción. Según un estudio de la Universidad de Columbia (EEUU), la tasa de homicidios en los barrios pobres de Medellín con Metrocable se redujo un 66% entre 2003 y 2008.

El secreto de Medellín ha sido su capacidad para adaptar iniciativas de otras partes del mundo, lo que a la vez la ha convertido en “una inspiración para otras ciudades que viven momentos difíciles”, señaló el alcalde.

El Metrocable, “el teleférico de los pobres”, ha tenido réplicas en Río de Janeiro y Caracas; y en en Bolivia ha comenzado la construcción de una línea de teleférico para unir La Paz con la vecina El Alto.

La idea es que si el transporte público fluye y se cuida el entorno urbano -en Río con oficinas de correos, sucursales bancarias y bibliotecas en cada estación del funicular-, la vida mejora para los habitantes de las villas miseria y la experiencia redunda en beneficios para toda la ciudad.

“El teleférico es un símbolo de que no invertimos sólo en avenidas e hidroeléctricas, sino que también invertimos en las personas para modificar su vida diaria”, decía en 2011 la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, al inaugurar en una gigantesca favela de Rio de Janeiro un aerocarril inspirado en el de Medellín.

En Caracas, la iniciativa de Medellín se retomó para el barrio San Agustín del Sur, en el oeste, donde ya no hay que subir interminables escaleras. Desde 2010 un Metrocable traslada diariamente a más de 40.000 personas en nueve minutos, desde el pie de la montaña hasta los populosos vecindarios en lo alto.

En 2012 se inauguró otra línea para comunicar al barrio de Mariche y está previsto para diciembre de 2014 un trazado similar para Petare, la barriada más grande la capital venezolana y una de las más pobladas de América Latina.

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