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Obsolescencia programada: cómo las empresas nos obligan a comprar una y otra vez sus productos

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“Las cosas ya no las hacen como antes”. Si ha pensado esto más de alguna vez es probablemente debido a que la calidad y vida útil de los articulos que ha comprado alguna vez le ha decepcionado, obligándolo a adquirir uno nuevo o de mejor calidad. De ser así es muy posible que usted haya sido el último eslabón de la cadena que compone la obsolescencia programada, motor que mueve a nuestra sociedad de consumo.

Nuestro estilo de vida esta siendo dominado por una economía que necesita crecer constantemente, no para satisfacer necesidades de los consumidores sino solamente para crecer, porque el modelo económico predominante determina que es “bueno hacerlo”, de tal forma que si la gente no compra la economía se debilita, tal como se detalla en el documental ‘Comprar, tirar, comprar’ que revela la TVE.

Computadores, electrodomésticos, ropa, artículos electrónicos de última generación, automóviles, etcétera; todos los artículos que son hoy producidos, tienen inserto en su ADN comercial el término vida útil, alma de la obsolescencia programada.

La obsolescencia programada es una doctrina que nace en los años ’20 cuando los fabricantes comienzan a hacer productos con menor vida útil para aumentar las ventas. En el fondo se trata de hacer que el consumidor desee cada vez algo un poco más nuevo, un poco antes de lo necesario. Diseñadores e ingenieros después de esforzarse por crear productos de calidad, se vieron forzados a ocupar todas sus capacidades en producir equipos mas falibles.

Las ampolletas y Phoebus.

En Livermore, California, se encuentra la bombilla de luz más antigua del mundo. Se encuentra en un cuartel de bomberos en la localidad de Shelby -Ohio- y ha estado funcionando desde 1901. El por qué funciona desde hace tanto tiempo no parece ser lo extraño -por lo menos para los habitantes de esa ciudad estadounidense- sino por qué las demás ampolletas del mundo tienen una vida útil tan “limitada”.

La respuesta quizás se encuentra en un protocolo de acuerdo firmado por empresas del rubro el año 1924, momento en el cual surge la primera víctima de la obsolescencia programada: la noble ampolleta.

Según Markus Krajewski -actual profesor de la Universidad de Bauhaus en Weimar- el 24 de diciembre de 1924 se creó en Ginebra el primer cártel mundial para controlar la producción de bombillas.

El grupúsculo se llamó Phoebus, e incluía a los principales creadores de ampolletas de Europa y Estados Unidos, entre los que se encontraban Philips (Holanda), Osram (Alemania) y Zeta (España).

El objetivo de este encuentro era intercambiar patentes y controlar la producción de bombillas, bajando su vida útil de 2500 horas de funcionamiento a tan sólo 1000 horas. Así, el consumidor compraría constantemente y en menor periodo más ampolletas. Lo anterior, concluye Krajewski, se reforzaba con la idea de “abundancia” de ese tiempo, esto es, que se pensaba que en el mundo existían recursos ilimitados.

La pionera revista de diseño “Printer’s Ink” ya en esa época señalaba en sus páginas que “un producto que no se desgastaba constituía una tragedia para los negocios”. Con la depresión del año 29 en Estados Unidos se instituyó casi como norma la obsolescencia programada en las fábricas, ya que hacía producir más productos para lo cual eran necesarios trabajadores, los que ganaban un sueldo haciendo que la economía se desarrollara, haciéndose fuerte y “estable”.

En las escuelas de diseño se comenzabó a enseñar la obsolescencia programada. En los años ’50 los publicistas seducen a las personas a comprar, pero creando consumidores infelices, listos para comprar nuevamente.

Los defensores de la obsolescencia programada dicen que sin ella no habría empleos para crear productos, no existirían las fábricas y los trabajos simplemente se acabarían.

“En la obsolescencia programada participan activamente los conceptos de crédito y publicidad” dice Serge Latouche, Profesor Emérito de Economía de la Universidad de Paris. Agrega también que simplemente “no es posible crecer ilimitadamente en un mundo limitado”.

El clásico filme inglés del año 1951 “The Man in The White Suit” -protagonizado por el fallecido Sir Alec Guiness- presenta al público el concepto de Obsolescencia Programada. El argumento trata de un químico joven que descubre un hilo que no se gasta y por ende dura por siempre. Al poco tiempo lo persiguen los dueños de las fábricas por el peligro que representa su invento para la producción textil y luego los obreros ya que ven amenazados sus trabajos.

En su momento, al otro lado de la cortina de hierro en los países pertenecientes a la URSS, había una economía que no contaba con la obsolescencia programada. La economía comunista no se basaba en el libre mercado sino que estaba planificada por el estado.

Por ejemplo, en la fenecida Alemania del Este, un instructivo del gobierno determinaba que las lavadoras y refrigeradores debían funcionar por al menos 25 años. En 1981, una fábrica de Berlin del Este presentó en una feria de Hanover una ampolleta de larga duración, invento que, por supuesto, fue rechazado por las empresas de occidente. Hoy la fábrica Narva -que producía esta ampolleta- ya no existe: fue cerrada luego de caído el muro.

La era de la información y la obsolescencia programada

En la súper autopista de internet los consumidores están dispuestos a luchar contra la obsolescencia programada. A ese respecto existe un caso emblemático. El primer iPod que salió a la venta en el 2001 tenía una fuente de poder o batería que duraba alrededor de 15 meses, luego de haber sido usado por primera vez. Al llegar los reclamos de los consumidores a Apple, la empresa dijo que no harían reemplazos de baterías.

Ahí comenzó una batalla legal que agarró fuerza gracias al sitio de internet www.ipodsdirtysecret.com -creado por uno de los clientes decepcionados por la compañía- el que al primer mes de vida ya tenía mas de 5 millones de visitas.

Elizabeth Pritzker, fue la abogada querellante en el caso contra Apple. La obsolescencia programada estaba siendo llevada a juicio. La demanda comenzó cuando Apple ya había vendido más de 3 millones de unidades de sus iPods. Muchas fueron las personas que se unieron a esta demanda colectiva.

La fiscalía estadounidense exigió datos a la compañía de la manzana y esta entregó documentos que probaban que la batería había sido concebida para durar poco. Después de unos meses de litigio, Apple aceptó crear un servicio de recambio y prolongar la garantía a dos años.

Corolario

Ghana, país cuya población vive en condiciones generales de pobreza, se ha transformado en el vertedero de la tecnología de varios países de Europa y Estados Unidos. La ciudad de Agbogbloshie contaminó su rio, su flora y fauna, constituyéndose ésta en una de las facetas más despreciables de la política del “comprar y desechar”.

La pregunta queda formulada: ¿Es viable una vida sin obsolescencia programada y su impacto en esta sociedad de despilfarro y contaminación?. Una “luz” al respecto la entrega Warner Philips -heredero del legado de la industria holandesa Philips- quién presentó hace poco tiempo una bombilla de luz LED que promete durar 25 años, todo en pos de reducir la huella ecológica del ser humano y el derroche sin sentido

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