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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El poliéster ha sido demonizado en redes sociales por provenir del petróleo y liberar microplásticos, impulsando la tendencia de vestir solo fibras naturales. Sin embargo, expertos advierten que el debate es más complejo, ya que incluso textiles "naturales" como el algodón tienen impactos ambientales significativos. La producción masiva y el consumo desmedido son los principales problemas, no tanto el material en sí.

Durante el último tiempo, el poliéster ha sido presentado como lo peor de la industria textil. En TikTok, Instagram y YouTube hay numerosos influencers recomendando abandonar la ropa de este material y reemplazarla por prendas hechas solo con fibras naturales como algodón, lino, seda o lana. Pero, ¿es realmente tan malo?

En los videos que satanizan esta tela, explican que, al provenir del petróleo, libera microplásticos; entonces lo mejor es eliminarla del closet y vestir sólo fibras naturales, que son mejores para el medioambiente y la salud.

No obstante, la realidad es mucho más compleja. Expertos en textiles, sostenibilidad y química advierten que el debate se ha simplificado demasiado en redes sociales. Porque aunque el poliéster efectivamente es plástico, materiales considerados “naturales” —como el algodón convencional— también tienen impactos ambientales enormes como el consumo masivo de agua, el uso intensivo de pesticidas y la contaminación de suelos.

En otras palabras, no existe una tela completamente inocua.

Efectivamente, es plástico, pero no es del todo malo

“El poliéster es una fibra plástica”, explica Meagan Phipps, diseñadora textil y académica del departamento de textiles de la Rhode Island School of Design, consultada por HuffPost.

El material se fabrica a partir de PET, el mismo plástico utilizado en muchas botellas desechables. Para producirlo, el polímero se derrite y se transforma en fibras capaces de imitar prácticamente cualquier textura: algodón, lana, seda o telas deportivas.

Esta tela es la más usada de la industria textil porque es barata, resistente, no se arruga fácilmente y repele el agua y las manchas. Gracias a eso se convirtió en la fibra más producida del planeta. Solo en 2024 se fabricaron cerca de 77 millones de toneladas.

Y justamente ahí aparece el principal problema: la producción y el consumo masivo.

La ropa desechable y el auge de la “fast fashion”

Para muchos expertos, el problema del poliéster no es tanto el material en sí, sino la cultura de sobreconsumo que ayudó a consolidarlo.

Hoy es normal comprar ropa para usar una sola vez: vestidos para una fiesta, tops para salir o prendas “virales” que duran una temporada antes de desaparecer del clóset.

Ahí es donde calza perfecto el poliéster, porque la moda rápida depende precisamente de materiales baratos y producción masiva.

Según explicó la química Melis Duyar, académica de la Universidad de Surrey, al diario The Guardian, el poliéster “puede fabricarse de forma barata y rápida en enormes cantidades”, razón por la cual se transformó en “la tela preferida de la industria de la moda rápida”.

El mayor problema es que se estima que cerca del 66% de los textiles desechados terminan en vertederos. Y si son de poliéster, las prendas pueden tardar más de 300 años en degradarse.

Además, mientras se descompone, libera gases de efecto invernadero y microplásticos que terminan en ríos y océanos.

Pero el algodón tampoco es el héroe que parece

En redes sociales suele instalarse la idea de que “natural” equivale automáticamente a sustentable. Pero eso tampoco es cierto.

El algodón convencional —la segunda fibra más producida del mundo— tiene una huella ambiental gigantesca.

Phipps explicó que el algodón convencional requiere cantidades masivas de agua y pesticidas. Fabricar un solo par de jeans puede requerir entre 3.000 y 10.000 litros de agua. Eso equivale casi al agua potable que una persona necesita durante una década.

Además, gran parte del algodón industrial utiliza pesticidas intensivos y enormes sistemas de irrigación. El problema es particularmente grave en regiones donde el agua ya escasea.

A eso se suma otro punto poco discutido: muchas variedades de algodón han sido modificadas genéticamente para aumentar productividad, blancura y resistencia comercial.

“El algodón convencional, que es la variedad de algodón más cultivada, ha sido diseñado genéticamente para tener un color más blanco a nivel de fibra, para tener mayores rendimientos del componente de fibra, para tener todo tipo de cosas diferentes”, dijo Phipps.

Entonces, ¿qué opción es realmente mejor?

La respuesta es: depende. Depende de cuánto dura una prenda, cuántas veces se usa, cómo se fabrica, cómo se lava y qué ocurre con ella cuando termina su vida útil.

Una polera de algodón usada pocas veces podría terminar teniendo un impacto ambiental mayor que una prenda sintética utilizada durante años.

Por otro lado, también influye algo clave: el poder adquisitivo. Las prendas hechas con lino, algodón orgánico o fibras ecológicas suelen ser considerablemente más caras. Además, requieren cuidados especiales y duran menos si no se mantienen correctamente.

Por eso, expertos advierten que convertir la ropa “natural” en una superioridad moral también puede ser injusto. No todas las familias pueden pagar moda sustentable premium.

Los microplásticos: la preocupación que sigue creciendo

Uno de los cuestionamientos más fuertes contra el poliéster son los microplásticos. Cada vez que se lava una prenda sintética, libera pequeñas partículas plásticas que terminan en el agua.

La experta en microplásticos Fay Couceiro, de la Universidad de Portsmouth, explicó a Business Insider que la exposición es prácticamente inevitable debido a que las partículas están presentes en el aire, agua y objetos cotidianos.

Esos microplásticos ya fueron detectados en océanos, peces, sangre humana, hígado e incluso cerebros.

Sin embargo, la ciencia todavía intenta determinar cuánto daño concreto producen en la salud humana.

Algunos estudios los relacionan con enfermedades cardiovasculares y otros problemas, mientras organismos como la FDA sostienen que todavía no existe evidencia concluyente de riesgo directo en humanos.

En paralelo, en redes sociales circulan afirmaciones que vinculan el poliéster con cáncer, infertilidad o alteraciones hormonales, pero expertos advierten que muchas de esas conclusiones aún no están científicamente comprobadas.

La conclusión de los expertos es que el foco correcto no debería estar únicamente en el tipo de fibra, sino en cuánto consumimos. Comprar menos, reutilizar más, optar por ropa de segunda mano, reparar prendas y extender su vida útil probablemente tenga un impacto mucho mayor que simplemente reemplazar todo el clóset por algodón orgánico.