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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El término "cuero vegano" en productos de alta gama como moda y automóviles promete calidad sin usar pieles animales, pero no es tan ecológico como parece. A menudo, el "cuero vegano" reemplaza un problema ambiental por otro al estar hecho de plásticos derivados del petróleo, como poliuretano y PVC, que al desprenderse contaminan con microplásticos. Incluso las alternativas vegetales, como piña o manzana, contienen plástico y pueden durar menos que el cuero real.

En una tienda de moda de alta gama o en una sala de exposición de automóviles de lujo, el término “cuero vegano” envía un potente mensaje de calidad. Para muchos compradores, promete la apariencia y el tacto del cuero real sin utilizar pieles de animales. A medida que las marcas se alejan del cuero animal, el término “vegano” ha llegado a sugerir algo que es más amable con los animales y mejor para el planeta.

Sin embargo, la realidad es más complicada. Si bien estos materiales eliminan productos animales, a menudo reemplazan un problema ambiental por otro. El “cuero vegano” no es un solo material, sino una etiqueta amplia que cubre todo, desde revestimientos plásticos hasta superficies de origen vegetal, razón por la cual los reguladores están empezando a cuestionar afirmaciones “verdes” (ecológicas) vagas.

El atractivo de las alternativas al cuero es fácil de entender. Las preocupaciones sobre el bienestar animal, el cambio climático y la deforestación han empujado a los compradores y a las marcas hacia opciones que parecen más responsables.

Como resultado, el “cuero vegano” se suele considerar la mejor opción, aunque rara vez se cuestiona cuánto dura y dónde termina.

El auge del cuero sintético

Durante décadas, estos materiales se conocieron como “cuerina”. Hoy en día, los mejores acabados han convertido las finas películas de plástico en convincentes imitaciones del cuero.

La mayoría de los cueros veganos consisten en poliuretano (PU) o revestimientos de cloruro de polivinilo (PVC) adheridos a soportes de tela. Son resistentes al agua y fáciles de estampar, pero también son plásticos derivados del petróleo.

Cuando la superficie de un bolso recubierto de PU se agrieta o se pela, el daño es más que cosmético. A medida que el recubrimiento se rompe, arroja microplásticos al medio ambiente, tal como consigna la Agencia Europea de Medio Ambiente.

El cuero en base a plantas igual contiene plástico

En respuesta a las preocupaciones sobre el plástico, se han desarrollado nuevos materiales de cuero sintético a partir de piñas, callampas, manzanas, uvas e incluso cactus. Estas opciones de base biológica se venden como la respuesta sostenible.

Sin embargo, el uso de una planta no hace que un producto sea automáticamente mejor para el medio ambiente.

El problema radica en cómo se fabrican estos materiales. Un zapato de “cuero de piña” puede ser elogiado por sus fibras vegetales, pero esas fibras generalmente se mantienen unidas con resinas plásticas para que el material sea duradero.

El resultado es un material mixto que no se puede reciclar, aunque el marketing se centre en el ingrediente vegetal y oculte el plástico que hay detrás.

El cuero vegetal no dura mucho

Un desafío clave con muchas de las alternativas de cuero vegano es la resistencia. Las fibras vegetales crudas son demasiado débiles para soportar el desgaste y la presión constantes que enfrentan los zapatos, los bolsos y los asientos de los automóviles. Para mejorar el rendimiento, los fabricantes colocan capas de materiales vegetales sobre aglutinantes de plástico o soportes de poliéster.

Sin embargo, aun así, muchos de estos materiales se descomponen antes que el cuero real y no se pueden reparar adecuadamente. El cuero tradicional, en cambio, se puede acondicionar, parchar y dejar envejecer con el tiempo, pero las alternativas a base de plantas tienden a fallar una vez que el revestimiento de la superficie se agrieta o se pela.

Cuero vegano pelándose
High on Leather

Una cartera a base de callampas o manzanas tampoco se puede convertir en abono debido al plástico debajo de su superficie, lo que significa que se desecha mucho antes. Algunos productos de cuero vegano de origen vegetal han informado una vida útil de tan solo dos años.

Esto apunta a una cuestión más amplia. En una economía circular que prioriza la reutilización, la reparación y la recuperación de materiales, la sostenibilidad consiste en mantener los productos en uso y en su máximo valor durante el mayor tiempo posible.

Los problemas ocultos tras las etiquetas de marketing son cada vez más difíciles de ignorar. Por ejemplo, la Comisión Australiana de Competencia y Consumidores (ACCC) lo ha dejado claro: etiquetas amplias como “sostenible” o “ecológico” deben estar respaldadas con evidencia.

Si las marcas usan la palabra “vegano” para sugerir un menor impacto ambiental, deben poder probar esa afirmación observando el ciclo de vida completo del producto.

La distinción ética

Nada de esto significa que el cuero animal no tenga costos ambientales o químicos. Estos incluyen las emisiones de metano del ganado y los químicos tóxicos utilizados en el curtido. Para muchos consumidores, evitar los materiales de origen animal sigue siendo una opción ética importante.

Sin embargo, “vegano” y “sostenible” no son lo mismo. Uno habla de lo que se ha dejado fuera de un producto, mientras que el otro describe cómo se desempeña ese producto durante toda su vida. Tratar a ambos como intercambiables puede reemplazar el progreso significativo con etiquetas tranquilizadoras.

La conclusión es un llamado a la honestidad material. La sostenibilidad no se puede reducir a una sola palabra o ingrediente. Se mide por cuánto tiempo un producto permanece útil antes de que sea necesario desecharlo. Una cartera que evita los materiales animales, pero que se descompone al cabo de unos años, simplemente genera residuos antes.

Si las alternativas veganas van a ser sostenibles, deben diseñarse para durar. La sostenibilidad se mide en años de uso, no en palabras en una etiqueta.

Este artículo fue escrito por la editora Beth Daley en conjunto con Caroline Swee Lin Tan, profesora asociada de emprendimiento en moda de la Universidad Real Instituto de Tecnología de Melbourne; y Saniyat Islam, profesor asociado de Moda y Textiles, del mismo centro de estudios en Melbourne, Australia. La traducción es de BioBioChile